F. Javier Blasco

Todos los españoles y gran parte de Europa hemos vivido con, al menos con cierta expectación, los resultados que dieran las urnas en las elecciones autonómicas en Cataluña del pasado 21 de diciembre, tras la convocatoria extraordinaria de las mismas como consecuencia de la aplicación efectiva del artículo 155 de la Constitución española, por la trascendencia que dicho resultado pudiera tener para Cataluña, España y las leyes más importantes y fundamentales; principalmente, la Constitución y el propio Estatuto de Autonomía.

Como viene siendo habitual, las empresas que se dedican a los estudios sociológicos y las encuestas de opinión no han parado de bombardearnos con sus trabajos, análisis y previsiones y, como suele ocurrir últimamente, todos ellos han fallado en una gran parte de sus pronósticos, aunque quedaron muy cerca del resultado final en lo referente al llamado equilibrio de bloques y de los respectivos escaños finalmente logrados.

Contra casi todo pronóstico, el expresidente Puigdemont salió vencedor del llamado bloque independentista, aunque la candidata de Ciudadanos (Cs), la señora Arrimadas logró la mayoría de votos y de escaños en el conjunto general de las elecciones. Otros pronósticos que tampoco se cumplieron fueron las fuertes caídas y casi total irrelevancia del partido Popular, los Comunes y la CUP, así como los escasos y poco alentadores resultados del PSC con el voluble y siempre cambiante señor Iceta a su cabeza. Por último, Junqueras y su ERC tampoco llegaron a alcanzar sus previsiones de liderazgo entre los independistas, que últimamente, con algunas dudas, casi todos daban por ciertas o bastante probables.

Tras unos días para el análisis reposado de las razones que hayan podido llevar a estos resultados, creo que estas son múltiples y ya puede empezarse a ponerlas en negro sobre blanco, al menos aquellas que saltan más a la vista y que según resultados finales, en cierto modo, eran muy previsibles; aunque muchos –casi todos- no fueron capaces de ver, adivinar o intuir.

Empezando por el partido ganador de las elecciones, Cs debemos decir que sus magníficos resultados, aquellos que le han llevado a una amarga, poco útil o pírrica victoria, son varios y de diversa índole. En primer lugar, la personalidad y tesón de una candidata que, con una voz muy frágil y tras una cara simpática, ha llevado por todas partes con inusitada fiereza, firmeza y tesón parte de su programa e ideas logrando con ello sumar y juntar lo que suele conocerse como el llamado “voto útil”.

A pesar de que Arrimadas ha ido saltando de opción en opción, su itinerante camino no le ha pasado factura. Debemos recordar que ya en septiembre, cuando saltaron todas las alarmas, solicitó -a voz en grito y en todos los medios de comunicación- una moción de censura al entonces gobierno, en su creencia de que los votos del PP, PSC y de algunos de los diputados del entonces Junts X Sí le seguirían a pies juntillas porque, según ella afirmaba, estos últimos estaban dispuestos a cambiar su voto y apoyo para que fructificaran los propósitos de esta. Craso error que no contó con ningún viso de realidad por mucho y vehementemente que lo proclamara a los cuatro vientos. Nadie le siguió en su prisa y gran interés mostrado en adquirir, a toda costa, una mayoría suficiente para derrocar al gobierno de entonces.

Pronto, a la vista de que su alocada y precipitada primera ocurrencia no iba a fructificar, tomó las riendas de una campaña en exigencia de unas elecciones autonómicas anticipadas con la esperanza de que los catalanes –conocidos como los silenciados- eran muchos y que le votarían a ella y a sus compañeros de andadura constitucionalista. Aunque, esta última parte, la de sus compañeros, nunca la mencionó y creo, que jamás la deseó.

Elecciones, que solo podrían llegar por dos caminos legales; de la mano del entonces presidente de la Generalidad o tras la aplicación del artículo 155 de la Constitución. Artículo, que tanto ella como su máximo dirigente nacional calificaban “de algo así como matar moscas a cañonazos” hasta pocas fechas antes de su efectiva aplicación.

Como a Puigdemont se le arrugó el ombligo a última hora por no poder resistir las presiones de sus comparsas y los gritos en la calle que le acusaban de traidor, la única posibilidad de convocar elecciones residía en el 155; razón por la que en Cs cambiaron rápidamente de opinión con respecto a la utilidad y necesidad del artículo y pronto se autoproclamaron como los máximos defensores e impulsores de su aplicación. A partir de entonces, daba la sensación que era Cs y solo dicho partido, el que creía imprescindible su aplicación aunque, al igual que el PSOE, trataban de imponer ciertas limitaciones a la puesta en práctica de esta nueva circunstancia ya que esta situación nunca había sido efectivamente impuesta desde su inclusión en la Carta Magna de 1972.

Tras la autorización del Senado, y por la exigencia del tiempo trascurrido entre esta y el día marcado por el Gobierno de España para las elecciones autonómicas, comenzó una durísima campaña en la que, en muchas ocasiones, daba la sensación –bastante cierta- de que el único enemigo político a batir era el PP. No dudaron en tacharlo de un partido irreflexivo con Cataluña y los catalanes, máximo responsable de continuas políticas poco eficaces, tremendamente laxas y muy liberalizadoras por parte de los gobiernos centrales en beneficio de los gobiernos de Cataluña y nefastas para el resto de España. Políticas, que han dado muchas alas a dichos gobiernos durante años y con las que estos fueron montando todas sus artimañas morales e intelectuales para el adoctrinamiento de todos los catalanes con especial dedicación a los más jóvenes y todo tipo de campañas de inversión lingüística y desinformación. Además, Cs llegó a identificar al PP como un partido corresponsable a nivel local de los males que ahora se vivían en Cataluña en función de algunas –pocas- alianzas políticas del pasado en las que este había participado o apoyado. Acusaciones todas ellas, totalmente irreflexivas y dañinas; máxime, al ser dirigidas contra un actual y futuro compañero de viaje o que, al menos, defendía el mismo objetivo de vencer al separatismo.

Cs, como viene siendo extrañamente habitual en todos los procesos electorales en los que ha participado, ha contado -también en este caso- con más que eficiente apoyo económico y mediático a nivel local y nacional para captar gran parte de la atención interna y externa y ser presentado en muchos foros como la "única solución" a todos los males de Cataluña. Ha sido penoso y casi patético ver durante muchos días a más de más de un medio escrito y de TV de amplia difusión nacional atacar con dureza al PP, haciéndose eco de los preceptos empleados por dicho partido contra este, ensalzándoles e incluso olvidando razones obvias, que todos sabemos no eran ciertas –un ejemplo de esto ha sido la insistencia de altas instancias responsables de dichos medios en culpabilizar al gobierno, y por derivada al PP, de no haber podido controlar las fuentes oficiales de comunicación en Cataluña durante toda la campaña electoral; cuando, esto ha sido el resultado de una de las exigencias explicitas del PSOE para apoyar la aplicación del 155 y que contó con el completo mutismo de Cs al respecto-.

Su campaña, por tanto, ha contado con amplios esfuerzos propagandísticos y la implicación de todo tipo de medios oficiales y particulares, cuya amplitud y generosidad siempre han sido observados con extrañeza y alguna o cierta duda, pero nunca investigados en propiedad. Hasta un medio de mucha relevancia y solera nacional publicó una amplísima entrevista a Arrimadas en el día de la jornada de reflexión.

Estrategia similar ha sido empleada por Cs contra el PSC; aunque, a este respecto, este partido también ha propiciado dichos ataques por sus cambiantes propuestas y todo tipo de vaivenes; así como, por despreciar de frente el apoyo a Cs y, por el contrario, exigirle el suyo fuera cual fuese el resultado electoral. Asuntos estos, que se tratarán con algo más de profusión en párrafos posteriores. 

Ante tamañas y bastante arteras razones y circunstancias, no ha resultado difícil atraer gran parte del voto constitucionalista que tradicionalmente venía apostando por el PP, parte del votante del PSC y la mayoría de aquella porción de personas silenciadas o silenciosas -exageradamente considerada como cuasi millonaria- que no son nada separatistas y que por razones de procedencia, personalidad o carácter poco integrado en la sociedad catalana y sus derivas no solía votar en las elecciones regionales al considerar que no eran asunto suyo.

Por cierto, aquel gran interés de Arrimadas y Cs para ir en busca de una mayoría casi imposible tras la Aprobación de la Ley de Referéndum y la de Desconexión de finales de agosto, ya no existe a pesar de que han ganado las elecciones; ahora si entienden que no suman los escaños suficientes y, por ello, ni siquiera pretenden ejercer su derecho a intentar formar gobierno en razón de dirigir el partido con mayor número de votos y escaños tras las pasadas elecciones.

El miedo escénico ante el fracaso de una investidura con todos los visos de ser fallida les ha llevado a que su alegría y alborozo del día 21 durara casi los mismos instantes que duró la originada por la primera declaración de independencia de Puigdemont ante sus seguidores. Ahora y por este motivo, han caído en los mismos, y tan criticados por ellos, errores en los que cayó Rajoy al no intentar su primera investidura en enero de 2016. Vivir para ver o descubrir el vértigo de la responsabilidad de formar gobierno sin todas las cartas en la mano. Una clara escenificación del dicho popular que dice “desde la barrera se ven muy bien los toros, otra cosa es torear”.

Para cerrar el círculo de las actuaciones, como mínimo, mal sonantes por parte de Cs, podría considerarse como anacrónico y de muy poco estilo, por emplear palabras suaves, aparentar una sorpresa rayana con lo farisaico a la hora de contabilizar los resultados finales y mostrar una gran extrañeza por los malos logros de sus “compañeros de viaje”. Las importantes subidas en votos y escaños en cualquier partido, normalmente proceden del trasvase de otros cercanos; es muy difícil que los votantes y seguidores de formaciones diametralmente opuestas cambien radicalmente el signo o la dirección de su voto; aunque, si es frecuente, que se haga entre partidos afines o cercanos en ideales y proyectos en función de sumarse al llamado “voto útil” o por cierto tipo de desencanto generalizado provocado interna o externamente.

El cambiante y mutante PSC lleva años jugando con los sentimientos y el recto pensamiento de sus seguidores inscritos o votantes. Los españoles no estamos acostumbrados a digerir y aceptar fácilmente inusitadas apariciones de propuestas exóticas, poco realistas y tremendamente chocantes; costumbre esta que es casi patética tanto en el PSOE como en el PSC desde hace bastante tiempo. 

Estas ideas, por llamarlas de alguna manera, desconciertan a las personas y hacen crecer las dudas sobre las verdaderas intenciones de sus dirigentes, sus propósitos reales y ponen en alerta a los votantes sobre potenciales cambios de orientación y de extrañas alianzas que pueden llegar a ser contrarias al verdadero y puro sentimiento del votante de base. Los dos últimos secretarios generales del partido socialista y algunos más del PSC han sido un claro ejemplo de lo dicho y así han ido cosechando derrotas decrecientes en votantes, puesto en peligro el mantenimiento del voto o logrando escasas y poco alentadoras recuperaciones.

No quiero entrar en detalle sobre las estrambóticas propuestas lanzadas por Iceta durante toda la campaña porque, además de ser egocéntricas y fuera de toda realidad, algunas han rayado en lo alegal o muy mal vistas por parte de la sociedad. Tal es el caso de la iniciativa de amnistiar a los anteriores responsables de los órganos de gobierno en Cataluña. Extraña y casi personal iniciativa lanzada contra la opinión generalizada en España sobre los indultos y sobre a quien no deben ser otorgados, sin haber sido juzgados aquellos y sin saber ni siquiera el posible resultado de los correspondientes juicios a los que probablemente se enfrenten los investigados o acusados.

Sus ataques al PP han sido feroces; obviando, además, sus propias, muchas y graves responsabilidades en el problema catalán, actuaciones desde y durante sus raíces, posteriores pasos importantes dados, consecuencias cercanas y, sobre todo, con la puesta en escena de momentos de fuerte crispación al incidir en la decisión del PP de denunciar, en su día ante el Tribunal Constitucional, ciertas partes del último Estatuto de autonomía en el que el PSOE y el PSC tuvieron mucho protagonismo. Denuncias, que por otro lado, debieron ser lo suficientemente fundamentadas en derecho ya que, aquellas partes, fueron abolidas como inconstitucionales por dicho Tribunal [1].

Todos estos ataques y acusaciones, son actos muy graves que no se deben permitir en un limpio proceso democrático; máxime cuando había tanto en juego y se suponía que eran “compañeros” en este proceso. Aunque, puede que solo lo fueran, de forma forzada y poco sincera, en la cabecera de pancarta de la segunda manifestación multitudinaria en Barcelona el pasado 29 de octubre[2] cuando el PSOE se dio cuenta del error de su estúpida iniciativa a pachas con Podemos conocida como “Hablemos”, celebrada el 7 de octubre[3] para contrarrestar o apagar los efectos de la primera manifestación en varias ciudades españolas -y multitudinariamente en Barcelona- en apoyo a la Constitución y que iba a celebrarse un día después.

Las actuaciones irreflexivas, cambiantes, erróneas y sorprendentes no son las mejores herramientas para mantener el espíritu del votante o seguidor ni para incrementar su número por muchos golpes de efecto que las envuelvan, añadan extraños compañeros en la lista de candidatos, se trate de ser totalmente transversal ni, aunque se tomen muchas pastillas del nuevo falso remedio de todos los males, conocido ya como “Icetaton”. Por cierto, la mayor majadería que he escuchado en mi vida, que no encaja en ningún proceso electoral serio y, mucho menos, en éste donde había tanto en juego.   

El PP y el gobierno, durante varios años, vienen jugando al escondite y al amago con todos los españoles y en todas las regiones. Basan sus políticas y discursos, casi de forma exclusiva, en la recuperación económica y en regar las arcas catalanas para suplir los desaguisados de sus sucesivos desgobiernos. Se les ve molestos, excesivamente remisos y muy tardíos en la asunción de graves responsabilidades, la toma de decisiones de calado y demasiado dispuestos a justificar la necesidad de que otros partidos sean los que les cubran las espaldas en tales decisiones, sin tener presente, que es precisamente por dichas espaldas por donde les llegan las puñaladas más traperas y que más daño les hacen.

Se puede afirmar que desde hace varios años y en todo este proceso tampoco estaban muy convencidos de la conveniencia de la aplicación del mencionado artículo 155. Todos los españoles tuvimos la sensación y casi la certeza de que fue precisa la contundencia del famoso discurso del Rey sobre Cataluña el pasado 5 de octubre [4] la que obligó al gobierno a tomar el camino en dicha dirección o, simplemente, buscó en ella su justificación. Hasta dicho momento, se habían vivido situaciones más que suficientes para ello, incluso mucho antes cuando la famosa consulta sobre el futuro político de Cataluña del 9N en 2014.

En aquella ocasión, las medidas tomadas contra sus autores y responsables fueron las más suaves que ante un atropello de este tipo se pueden tomar; razón necesaria y suficiente para crear un gran descontento entre los españoles, mucha desilusión en los votantes del PP y claramente sirvió de vía para el envalentonamiento de los que han gestado, llevado a cabo y culminado el actual proceso y sus desaguisados. Razones, que explican la pérdida de tantos votos y quedar reducido a una fuerza irrelevante, de momento, solo en Cataluña.

El gobierno se ha movido con insistencia vehemente en que fueran precisamente el PSOE y Cs los que le apoyaran en la aplicación del 155. Cosa sorpresiva cuando es precisamente, según la Constitución, una responsabilidad, obligación y preeminencia del gobierno siempre que cuente con la aprobación de la mayoría del Senado. Aprobación, que con sus propios votos tenía más que asegurada. Esta postura ha demostrado un temor y una gran tibieza de actuación ante la asunción de las potenciales repercusiones de los hechos adoptados.

Su empeño en buscar y encontrar tales compañeros de aventura le ha llevado a que su “apoyo” no fuera ni saliera “gratis” para el PP, los catalanes y el resto de españoles. Le han coartado y exigido demasiado para dar dicho paso. Tanto, que el tema ha quedado muy limitado y forzado a un tiempo excesivamente corto con la casi exclusividad de la celebración de los comicios, la no injerencia en los asuntos de la Generalidad y lo más grave y ya mencionado, el no control de los medios de comunicación oficiales en Cataluña.

En tan corto espacio de tiempo, ha resultado imposible gestionar y denunciar adecuadamente la desastrosa situación social y económica regional generada por los gobiernos catalanes y, con ello, tratar de convencer a parte de los menos acérrimos seguidores del separatismo sobre las inconveniencias del mismo y las ventajas de continuar unidos en la España de los últimos cinco siglos. Igualmente, e insistiendo sobre el tema, las exigencias del PSOE han dado rienda suelta a todo tipo de apoyos al separatismo por parte de los medios oficiales de comunicación catalanes; solo algunas tibias y tardías actuaciones de la Junta Electoral Central han servido para corregir escasos actos propagandísticos en apoyo a dichos partidos y en especial a Puigdemont y a los que todavía están en prisión preventiva. 

Solo, cuando las propias y ajenas encuestas les avisaban del descalabro, los responsables del PP se lanzaron a defender la autoría y responsabilidad de la aplicación del 155 sin tratar de emitir otro tipo de mensaje. Reacción demasiado corta, de poco contenido y muy tardía al producirse cuando el daño más grave ya estaba hecho.

Todos los dirigentes del PP y en especial el gobierno tienen muchas responsabilidades por: no contradecir desde el primer instante y con argumentos de peso el mensaje de sus malos “compañeros de misión”; por no haber tomado mucho antes las decisiones que al final se ejecutaron; por no haber instado a la Fiscalía General del Estado a que estudiara la petición de medidas y acusaciones reales y más graves contra los promotores de fallido intento del 9N en 2014 -acciones, que luego y por medio de acusaciones particulares ante el Tribunal de Cuentas, han resultado ser ciertas y graves de toda gravedad-; por permanecer indecisos durante tanto tiempo y por haber manejado o dejar que otras instancias actuaran tan torpemente en la gestión de la ilegal votación del 1-O. Actuaciones que, en general, han servido de munición de mucho calibre para alimentar interna y externamente la animadversión hacia España, los españoles y sus sistemas policiales y judiciales.

Muchos y graves errores y responsabilidades para no entonar claramente el mea culpa, cambiar de rumbo, mover su organigrama y para prepararse a combatir con mano firme y asumir la responsabilidad de las actuaciones que, de seguro, habrá que tomar en un futuro inmediato a la vista de los resultados logrados y el envalentonamiento de los dirigentes separatistas, quienes siguen siendo los mismos y que ahora toman estos últimos resultados como una reclamación plebiscitaria de lo que en su día proclamaron.

Con respecto al partido de Puigdemont, falsamente bautizado como JxCat, hay que decir que la estrategia de este fugado de la Ley ha sido, increíblemente, muy acertada a corto plazo. Además de ser el máximo responsable de la debacle política y jurídica y del importante desastre económico catalán; no ha dudado, por miedo a ser apresado como sus compañeros de aventura y gobierno, en fugarse a un país donde el sistema judicial, al igual que su situación policial y política es un desastre y lleno de amagos, recovecos y grandes ventajas para el que delinque. Que tiene a gala albergar a los partidos separatistas más activos en toda la UE y que literalmente está partido en tres bajo una Corona que poco tiene que hacer y decir al respecto. Un país donde, tradicionalmente, se pone en cuestión el sistema judicial y de garantías de todo tipo en el resto de países de la UE, en especial en España, y que además de no tener incluido en su Código Penal delitos tan graves con la Rebelión ni la Sedición, pone en cuarentena y no cumple muchas de las ordenes que recibe de extradición o captura, aunque los requeridos sean demostrados, confesos y peligrosos terroristas etarras.

Allí, en aquel paraje, encontró apoyo y cobijo un miedoso, traidor a sus gentes y prófugo de la justicia que, pronto supo jugar con el fuerte apoyo de los medios de comunicación extranjeros y toda la potencia y cobertura de los de Cataluña; y así, poder dar la vuelta a la tortilla de lo que, inicialmente, se tomó como una verdadera traición a sus votantes, a los seguidores del separatismo en general y al extinto gobierno.

Contra todo pronóstico, rápidamente lo transformó en una situación de “obligado” exilio perentorio por el bien de sus conciudadanos y seguidores, al estilo de otros presidentes catalanes que tuvieron que vivir en un exilio forzado. En pocos días, las encuestas comenzaron a indicar que su liderazgo cambiaba, cada día era mucho más fuerte y con mejores posibilidades de las que inicialmente se asumían a su ex vicepresidente, Junqueras. Persona que lidera el RDC, el otro partido de coalición en la primitiva JXSi, quien decidió quedarse en España, ser sometido a la Ley y que desde la cárcel –en prisión preventiva- no ha podido dirigirse a sus seguidores con la asiduidad, libertad de movimientos y amplia cobertura como el anterior. Solo una corta entrevista y saltándose los preceptos del sistema penitenciario.

Puigdemont, se rodeó de los más caros, arteros y trileros abogados, que hacen gala de sus éxitos en la defensa en los juzgados belgas de las causas más extrañas y recónditas por nefastas que estas sean. Sus actuaciones, por poco dan al traste con la orden de detención europea presentada por un tribunal español –de forma precipitada y sin valorar estas posibles derivaciones y sus consecuencias-. Ha habido que anular dicha orden para que, la justicia belga, sus trapicheos y trileros dejen de meter las narices en nuestro sistema judicial y penitenciario y así, todo quede pendiente de aplicarse a la puesta de un pie del citado prófugo en territorio español.

Por otro lado, dada su precipitada fuga, no dio tiempo a dejar bien claro con sus compañeros de aventuras, al menos aparentemente, los pasos a tomar en el aspecto político para afrontar con garantías de éxito los comicios del pasado 21-D. Por iniciativa propia o por desprecio de los, hasta dicho momento, compañeros de partido político se ha visto forzado a una nueva transformación del mismo. Ha confeccionado personalmente una lista de acólitos y amigos personales a acompañarle en su nueva etapa electoral y ha cambiado por tercera vez el nombre del partido y sus siglas. A pesar de todo lo dicho y de que comparativamente su nivel de vida, grado de libertad y capacidad de acceso a todos los medios marcan grandes diferencias, los catalanes separatistas, no han valorado el esfuerzo personal y legal de los que ingresaron en prisión. A estos, no es que les hayan abandonado del todo, pero muchos, sí se dejaron convencer por aquel que, sin ningún problema personal y últimamente envuelto en una serie de lujos, llamaba a sus puertas y sentimientos varias veces al día envuelto en lazos o bufandas de color amarillo. Situación que demuestra, que una campaña bien llevada, con claros e impactantes mensajes, aunque no sean ciertos en absoluto y con una presencia machacona en los medios ha sido más que suficiente para darle la vuelta a las encuestas y erigirse en la cabeza visible del movimiento separatista.

Ahora queda la duda de su vuelta. Como viene siendo su costumbre, amaga, pero no hace, exige irresponsables e imposibles garantías personales e inmunidad para ello, pero parece que el tiempo va corriendo en su contra. Junqueras tiene muchas posibilidades de salir en libertad provisional para ejercer su cargo político si “acata a su modo” como sus compañeros las leyes y la Constitución en todos sus términos y está en condiciones de garantizar que no prepara su huida de España. Pero, Puigdemont no puede cumplir con ninguno de dichos preceptos, ya que, al haberse fugado y resistido a su entrega a la justicia española, la posibilidad de fuga, ciertamente, está y queda probada; por ello, le sería muy difícil obtener la citada libertad provisional con cargos y bajo fianza una vez regrese a España; aunque, en el sistema judicial español, parece que todo es posible. 

Por lo que respecta a ERC, el partido de Junqueras, aparte de lo recientemente dicho, habría que añadir que la no presencia física de su máximo dirigente en la campaña y la nominación en su poco preparada segunda, Marta Rovira, como cabeza visible del partido -que se ha envuelto en declaraciones llenas de contradicciones, mentiras y que no da la talla en debates fuera de su entorno- no ha favorecido en nada su lucha por el inicialmente, casi dado por seguro, liderazgo entre las fuerzas separatistas. Tanto ha sido así, que el propio partido se vio obligado a hacerla desaparecer de los debates y actos más importantes del final de campaña.

Por otro lado, la directa reprimenda de Junqueras a Puigdemont -en la única declaración que aquel lograba enmascarar durante toda la campaña- no parece haber sentado bien a mucha gente del ramo por considerar que Puigdemont era el elegido y que él estaba fuera en defensa de todos y por habérsele obligado al exilio.

En cualquier caso, la diferencia en escaños y votos entre ambos partidos mayoritarios en las filas del separatismo no son tantas como aparentan y las promesas, de momento, incumplidas del uno –Puigdemont- de volver si era el más votado de ellos y las impaciencias del otro para obtener la libertad provisional[5] que le abriera el camino a la presidencia de Cataluña, están enrareciendo el ambiente entre ellos por lo que parece que la pugna por el puesto no se ha cerrado con tan solo el resultado de las urnas[6].

El lenguaje empleado últimamente por ERC sobre el camino a seguir en el futuro aparenta ser mucho menos radical que el de JXCAT, por lo que, si no retornan a su sendero –cosa bastante fácil de ocurrir-, y en el caso de ocupar la presidencia de la Generalidad, podrían aparecer determinados momentos de calma y sosiego para encontrar alguna vía a esta situación o por lo menos aplazarla durante algunos años. Situación que podría estar siendo contemplada por algunos partidos -que no se encuentran en la senda independentista- para agarrarse a ella como potencial tabla de salvación. En cualquier caso, todavía es muy pronto para crear y creer en cualquier tipo de esperanzas en este sentido.

La CUP, el partido separatista más radical, que ha sido el motor y empuje de todo el proceso desde su decisión de apoyo condicionado al gobierno y la exigencia del propio nombramiento de Puigdemont en lugar de Artur Mas, ha perdido seguidores y escaños por no haber logrado llevar a buen término sus anhelos y por su actitud titubeante de participar o no en este proceso electoral. Sin embargo, a pesar de haber pasado de 10 escaños a 4; estos son determinantes -aunque no necesarios en una segunda vuelta con su abstención- para la mayoría absoluta de la vertiente separatista en el Parlamento. Es un "amigo a cortejar" y para ello, ya se habla de cesión de algún escaño en su beneficio para que pueda formar partido en el Parlament con todos los beneficios que esto les reporta. 

Sabedores de la necesidad de su apoyo a la causa independentista, desde el mismo día de los resultados, han declarado que solo se lo otorgarán al futuro gobierno si, de nuevo, aquel esté totalmente dispuesto a una automática declaración unilateral de independencia con la proclamación irrevocable de la República catalana.

Postura que no parece, de momento, albergarse en la cabeza de Puigdemont ni de Junqueras ya que estos y su cohorte conocen de primera mano los riesgos personales y judiciales de tamaña iniciativa y no están, al parecer, dispuestos a lanzarse a tumba abierta en este ideario y puede que solo traten de ganar tiempo en busca de más apoyos externos e internos y mediante una machacona campaña reiterativa hasta el extremo, tratar de lograr un acuerdo bilateral con el Gobierno que les lleve a lograr sus objetivos sin riesgos personales a pesar de ser conocedores de la inviabilidad de tal proyecto.

Inviabilidad, que solo parece estar asegurada si el PP sigue manteniendo las riendas del gobierno de España y recupera su papel e ideario sin complejos. Mucho me temo, que esta situación no sería tan clara con otra fórmula más progresista y populista al mando del gobierno en España.

No quiero terminar este trabajo de análisis situacional sin emplear un párrafo a la actuación del partido de aluvión conocido como los Comunes; Catalunya en Comú-Podem. La candidatura que sustituye a CSQP y que cede más de 90.000 votos respecto a 2015. Un partido bajo la égida de un político con bastante cintura y buen discurso pero que está perfectamente dirigido por la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau y el Secretario general de Podemos, Pablo Iglesias. Que pierde tres escaños y pasa del cuarto al quinto lugar en votos sin ganar en ninguno de los distritos de Barcelona. Sus pérdidas en representación y votantes le han hecho dejar de ser la ansiada “llave” que abría todas las puertas o el perejil de todas las salsas, tal y como ellos mismos pregonaban y aseguraban durante toda la campaña. Aunque, sus escasas fuerzas y apoyos puede rentabilizarlos con la obtención de algún puesto de relevancia en el Parlament a cambio de seguir en sus posiciones ambiguas, pero que siempre, por activa o pasiva, favorecen al independentismo. Sin ir más lejos, ayer mismo, su voto en la Diputación Permanente del Parlament ha favorecido que la Generalidad siga adelante con la denuncia ante el TC, paradojas de la vida, de la ilegalidad constitucional que supone la aplicación del 155 en Cataluña.

Sobre este partido y sus errores de cálculo baste decir que su constante puesta de perfil ante toda postura y situación, los cambiantes y poco claros apoyos en el desarrollo de los diversos acontecimientos del proceso, así como los totalitarismos e imposiciones en Podemos han sido las causas de mayor peso específico para que cayeran a la posición que ahora ocupan. Es muy probable que este fenómeno se repita en otro tipo de actos electorales locales, regionales y generales y su capacidad de influencia política en España vaya decreciendo paulatinamente. Cosa, que agradeceremos mucho una amplia mayoría de españoles quienes estamos hartos de ver como estos partidos pisotean los principios, símbolos y valores nacionales y de sus cámaras amparándose en la impunidad de sus cargos políticos electos al pronunciar la mayoría de sus desafortunadas soflamas y proclamas. 

A la vista de todo lo visto, solo me resta decir que el porvenir que se avecina no está nada claro. Que, tras el periodo navideño, las aguas turbulentas volverán a ocupar y ensuciar los cauces de los limpios ríos y cerraran o entorpecerán los caminos de la concordia social y del progreso económico. Que muchos partidos políticos deben hacer una fuerte reflexión interna que les lleve a profundos cambios en sus estructuras, personas responsables y políticas a seguir, así como tendrán que evaluar las necesidades y posibilidades de coaliciones claras y sin sobresaltos, totalmente imprescindibles en un futuro inmediato para el bien de España. Que muchos de ellos se alejen, de una vez para siempre, de ideas brillantes y ocurrencias de última hora que no nos llevan más que a la mofa, pero también, al desconcierto y la desconfianza. Que no se caiga en una tentación generalizada de abrir la Constitución como un melón, cambiarlo todo y mucho menos, que solo se haga para favorecer a una región en perjuicio de las demás y de España como un todo. Que la justicia siga su camino sin tener en cuenta los errores e intereses de los partidos políticos, que persigan sin titubeos a todo presunto culpable en todas sus posibles actuaciones delictivas y que, sobre todo, trabajen con celeridad y tino para no errar, prevaricar ni dilatar mucho en el tiempo el juicio de tanto desafío. Que el invento de lo de Tabarnia [7] no pase del punto de la ocurrencia y del chiste, ya que de seguir así, volveremos la situación de la Primera República española en la que pequeñas partes se independizaban de partes anteriormente independizadas; incluso, llegaron a declararse la guerra entre ellas.

Espero y deseo que la reciente y precipitada decisión del gobierno de retirar los refuerzos de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad en Cataluña -por los graves errores de la administración sobre estas y sus formas de actuación, vida y sostenimiento- no sea otro motivo más de preocupación en un futuro inmediato. Dichos errores, se debería haber solucionado hace bastante tiempo con muchos ceses fulminantes a todos, repito, a todos los niveles y con mucha más profesionalidad y voluntad por parte del gobierno. Hay ministerios que cuentan con un gran número de personas desplazadas a muchos kilómetros de España y en terrenos hostiles o inciertos y no se comportan tan mal o descuidan tanto a su personal y mucho menos, en fechas tan señaladas.

Basta con ver las primeras reacciones en Europa y las consecuencias en la economía nacional por las intranquilidades que la situación en Cataluña y su deriva política y económica pueden suponer para España, varios países europeos y la propia UE en conjunto. En enero estas intranquilidades, movimientos convulsos y consecuencias políticas y económicas alcanzarán, de nuevo su nivel de vuelo de crucero y, muy probablemente, se elevarán hasta alcanzar cotas muy superiores.

Por lo tanto, mucho me temo, que esta aventura no acabará aquí. Quedan bastantes incógnitas por resolver; puede que hasta incluso, se tengan que repetir los comicios si, a la vista del inmovilismo de Cs, los partidos independentistas no llegan a un acuerdo y si no trazan una línea más sosegada. Acuerdo, que según parece, podría hasta pasar hasta por tener un gobierno a distancia y llegar a gobernar desde la virtualidad de la imagen. Cosa, que supondría un paso más en la incoherencia y el ridículo de todo este proceso y de sus principales protagonistas.

[1] http://www.periodistadigital.com/opinion/columnistas/2017/09/17/por-que-...

[2] http://www.mundiario.com/articulo/politica/segunda-manifestacion-multitu...

[3] http://www.elperiodico.com/es/politica/20171007/parlem-hablemos-manifest...

[4] https://politica.elpais.com/politica/2017/10/03/actualidad/1507058161_92...

[5] El próximo 4 de enero tiene fijada audiencia al respecto ante el Juez que lleva su caso en el Tribunal Supremo.

[6] http://www.elmundo.es/cataluna/2017/12/25/5a3fdd58468aeb94638b461c.html

[7] Ocurrencia que, aunque sea muy descabellada no ha dejado de tener cierto reflejo en el seno de Cs. http://www.abc.es/opinion/abci-eutrapelia-201712271942_noticia.html