Javier Fernández Arribas

Vaya por delante que es un crimen deleznable utilizar armas de destrucción masiva que causan enormes sufrimientos a los seres humanos antes de acabar con sus vidas. Sobre todo, las armas químicas como el gas sarín, el gas mostaza y otros tipos que destrozan el sistema nervioso, el digestivo, la circulación de la sangre, corroe el cuerpo humano, son armas que solo un demente y mal nacido puede utilizar contra otro ser humano. Las Convenciones Internacionales ponen especial énfasis a los crímenes que se comenten utilizando este tipo de agentes asesinos que causan enormes sufrimientos y destrozan todos los vestigios de dignidad en el ser humano.

Las armas bacteriológicas tienen un comportamiento similar, aunque más discreto, pero no menos mortífero. Y el otro tipo de armas de destrucción masiva, así denominadas por su efecto mortal en miles de personas si son utilizadas en zonas pobladas y con los cauces de contagio ordinarios, son las armas nucleares que arrasan en varios segundos todo vestigio de vida humana, animal o vegetal. Usar este tipo de armas significa la pérdida de los valores y principios más esenciales de un ser humano en su relación con los demás. El respeto por la condición humana exige desterrar, sin dudarlo, la opción de fabricar, almacenar o utilizar este tipo de armas. Nada de esto se cumple en el mundo y la mayoría de los países disponen de arsenales de este tipo de armas químicas o bacteriológicas que algunos califican como as armas nucleares de los pobres que no pueden fabricar el arma atómica. En Siria, varias ONGs han denunciado el uso, una vez más, de armas químicas que han causado la muerte de más de 50 personas.

Todos apuntan como autor del ataque en una zona controlada por la oposición en la provincia de Idlib al régimen del presidente Al Assad. En 2013, se produjo un ataque que estuvo a punto de provocar la intervención occidental, pero ni Estados Unidos, ni sus aliados europeos dieron el paso al frente. Sólo se limitaron a bombardear posiciones de milicias terroristas. Después de más de seis años consintiendo el asesinato de miles de civiles sirios, millones de desplazados y refugiados, un ataque químico con más de 50 muertos desata la ira y la condena internacional. El Gobierno sirio y Rusia niegan ser los responsables de ese bombardeo. Todo indica que se mueven muy oscuros intereses y se usa una matanza más de seres humanos.