Javier Fernández Arribas

Los atentados terroristas de Barcelona y Cambrils han demostrado que la seguridad total es imposible frente a unos fanáticos que utilizan armas muy corrientes como pueden ser los cuchillos o un vehículo lanzado a gran velocidad contra unos ciudadanos indefensos en una zona concurrida. Pero también han demostrado varias cuestiones que hay que mantener siempre presente y en guardia. Y no por ser evidentes, dejan de tener su gran importancia.

La cruda realidad es que reaccionamos a medida de que los terroristas utilizan nuevos métodos para sembrar el terror porque les hemos cerrado las puertas a otras opciones. La más relevante es el control en los aeropuertos para evitar que puedan repetirse ataques como los del 11-S en Estados Unidos. Desde entonces se han registrado contados atentados contra aviones, el más grave fue la bomba que colocaron los terroristas del Daesh en un avión ruso que despegó del aeropuerto egipcio de la localidad turística de Sharm el Sheij, asesinando a todos los pasajeros. La utilización de fusiles de asalto AK-47 Kalashnikov y chalecos explosivos se acabó en Bruselas hace más de un año. Las policías europeas controlaron los mercados negros de armas y explosivos y los terroristas idearon las masacres con camiones arrollando personas en zonas especialmente emblemáticas con alta asistencia de público.

Niza fue primero y Berlín, después, porque no se había aprendido la lección. Prohibida la circulación de camiones de gran tonelaje por lugares céntricos de las ciudades, los terroristas utilizaron vehículos más pequeños, todo terreno y furgonetas con gran efectividad en varios puentes de Londres. Ahora tocaba evitar que esas furgonetas pudieran entrar en zonas peatonales transitadas por numerosas personas, pero hubo otros intereses prioritarios contra bolardos y maceteros. Cada uno tendrá que dormir con su responsabilidad y la necesidad imperiosa de adoptar las medidas que sean necesarias para garantizar en lo posible la seguridad de los ciudadanos. El terrorismo islamista requiere un tratamiento policial en los países de Occidente. La opción militar es necesaria en Siria o en Irak o en Libia.

En España hacen falta más recursos para la lucha antiterrorista. ¿Cuáles? Medios técnicos y económicos, pagar horas extras o contratar a más personal cualificado como traductores o informáticos; además, por supuesto, de agentes especializados y profesionales que puedan enfrentarse a un terrorista y detenerlo sin matarlo, como en Finlandia. Su información es vital para evitar otros atentados. Todo el dinero de la lucha antiterrorista no es un gasto, es una inversión, connotaciones políticas aparte.