F. Javier Blasco. Coronel en la Reserva

Pie de foto: Evangelina Sobredo Galanes (Cecilia)

Aprovecho para titular el trabajo de hoy plagiando el de una de las más famosas canciones de la cantautora española conocida como Cecilia, que murió en un accidente en agosto de 1976 cuando tan solo contaba con 27 años de edad y se encontraba en la cima de su éxito. Cecilia fue un verdadero icono de la juventud española de la década de los 70s y con la mayoría de sus canciones [ 1] arrastraba a la juventud de aquella época – la mía-  al trasladarle en sus letras una cierta crítica soterrada a la situación socio-política de la España del momento, en las postrimerías de la dictadura franquista.

La letra del tema, como el de todos los de la época, fue objeto de censura por las autoridades del momento, de forma que, al parecer, su estribillo que hace referencia a: “Mi querida España, Esta España mía, esta España nuestra” era originalmente “Mi querida España, Esta España viva, esta España muerta”.  Cosa que me viene muy bien, porque la “torpeza” de los censores nos llenó de calidad lo que en realidad quería decir, al menos para mí, aquella canción tan pegadiza y que tantas veces he tatareado solo o en compañía de mis amigos.

Es de entender y así, al menos sucedía en aquellos tiempos, que los cantautores del momento -que eran muchos y muy buenos- trataran de verter en sus canciones el espíritu de incomprensión, lucha y contraposición hacia lo que muchos entendían que era política y socialmente incorrecto. Se jugaban su prestigio, su carrera y a veces eran penados con multas o meses de cárcel por hacerlo. Aun siendo conscientes de ello, lo hacían con un garbo y elegancia que nos llenaba a todos de ilusión y por ello, les seguíamos allá donde fueran, aunque no todos fuéramos capaces de entender el mensaje que dejaban en el viento sus melodías y letras cantadas, casi siempre, acompañadas tan solo por una simple guitarra o las notas de un piano.

Hoy ese tipo de música ya no se hace, los cantantes de este momento buscan el ruido, la cosa pegadiza e incluso en muchas ocasiones, chabacana y exhibicionista para mover a los jóvenes tras miles de decibelios, luces aparatosas, atuendos estrafalarios o presentándose en formas y modos poco respetuosas con lo que debe ser el respeto al sexo, la transexualidad, homosexualidad o la libertad religiosa. A aquello le llamábamos arte y con razón, y a esto se le llama hacer ruido y montar el pollo, aunque no haya motivo para ello.

Tampoco podemos decir que hoy en día, los cantantes -de los que pocos de ellos son cantautores-  pierdan su tiempo en denunciar y luchar contra los problemas y abusos sociales o políticos. Hoy, la mayoría de las letras de las canciones, no tienen apenas buena rima, son un sin sentido y hablan muy poco o nada de lo que nos preocupa a los ciudadanos, sobre todo aquellos que sienten que sus principios y valores son pisoteados o atropellados de verdad. Hoy, en el mundo de las libertades, solo se reivindica aún más libertad y en muchos casos, pueden llegar a ofender al que no te ha hecho nada.

Aunque, debo admitir que, no soy un entendido musical ni que nunca me he sentido inclinado ni capacitado para el tema de la crítica de este género. Escucho poca música actual, porque no me atrae mucho y prefiero, en la soledad de mi ordenador, ponerme de fondo canciones de grandes autores y cantantes que me llenaron en su tiempo y que siguen levantando grandes pasiones y mejores recuerdos en mi persona.

Como dije al principio, quiero aprovechar el título y parte de la letra de aquella maravillosa canción –que, recomiendo a todos, escuchar, al menos una vez- para utilizarla como vehículo de mi protesta contra lo que padecemos impávidamente todos los españoles durante años y más significativamente en los últimos meses.

Nuestros próceres de la política andan, casi todos desnortados, dando tumbos de un lado para otro como pollos a los que se les acaba de cortar la cabeza, aunque otros, al parecer, prefieren una amplia y cómoda trinchera, un buen casco y un impermeable chubasquero, y así bien pertrechados dedicarse a esperar a que pase la tormenta para ver los destrozos en las parcelas vecinas y comprobar si aquellos son mayores que los acaecidos en la propia.

Todos, aunque algunos con mayor responsabilidad que otros, son culpables de que esto vaya de mal en peor, en no cambiar el rumbo adoptado hacia la derrota total y en no empezar a definir ni poner en práctica los principios necesarios para solventar de verdad los problemas que nos acorralan, afectan y atormentan.  Vivimos unos tiempos en que el egocentrismo y el narcisismo se han apoderado de muchos de ellos, por no decir de todos. Ya no se mira para nada que será del futuro de España y los españoles, que es lo mejor para que esto no se hunda en la vorágine del torbellino que nos engulle hacia la más mísera de las miserias, como los últimos litros del agua de la bañera que, tras quitar el tapón, se aceleran alegremente en un torbellino en dirección al desagüe sin sospechar que dicho agujero, aunque sean aguas limpias, solo les lleva a las más sucias y oscuras cloacas.

Vemos a un PSOE que, tras haber “resuelto” hace unos meses; de forma legal -aunque un tanto dictatorial y turbulenta- su problema de rumbos y dirección política por un empecinamiento personal y ciego de su entonces líder, ahora, aquel que hubo que quitarse de encima porque les y nos llevaba a la desaparición de los valores que encierra cualquier socialdemocracia moderna, puede que sea elegido de nuevo como líder del partido. No importa, o quizás sea por eso, que se haya quitado la careta y proclame abiertamente, la España de las naciones, grandes cambios constitucionales y su predisposición para abrirse a los pactos con todos aquellos partidos políticos, que están en la arena española no para hacer una España mejor y más próspera, sino para deshacerla en trozos y lograr que desaparezca como tal.

Asistimos impertérritos a unas asambleas en Podemos, donde las cuchilladas han sido grandes y han producido graves heridas, de las que muchos han salido doloridos, descolocados, ignorados y menospreciados en su valía y expectativas de futuro; pero que al final, tras el cambio de cromos y sillones como en el famoso “Juego de Tronos” -que tanto gusta a su líder- algunos se conforman con migajas, tragan saliva a la espera de poder lamer y recuperar sus heridas pero, mientras tanto, permiten que con toda claridad su líder haga soflamas como las que le hemos escuchado estos días al salir de visitar en la cárcel a un brutal seguidor suyo que, habiendo sido juzgado por apalear a un concejal que no era de su grupo y por no permitir trabajar libremente a una autónoma obligándola a salir por la fuerza y de malos modos, a pesar de estar embarazada, y a más a más, destruirle junto a sus matones, una pequeña heladería que, con tanto esfuerzo había podido levantar.

Y aquel “reforzado” líder, osó decir a la salida, que en España hay gente en la calle que debía estar en la cárcel por sus probados y juzgados delitos y, sin embargo, esta persona lo está por ser “sindicalista”. Falacia donde la haya y jamás superada por otras ya famosas. Un dirigente que aspira por sí mismo o en coalición con el anteriormente mencionado a destruir España, obvia que en aquí existe el Estado de Derecho y que una persona juzgada en Primera Instancia, sin sentencia firme (recurrible a instancias superiores) no debe entrar en prisión -salvo circunstancias muy precisas y marcadas en la Ley- hasta que esta sea firme y por dicha instancia superior.

Los juicios sobre corrupción se saldan con penas irrisorias en comparación con el mal infringido y el abultado provecho personal logrado. Pero en el interregno, el constitucional derecho a la Presunción de Inocencia no se aplica a casi nadie aunque pueda causar graves perjuicios físicos y morales; e incluso, es el arma arrojadiza para que un partido como Ciudadanos pierda el Norte, se presente como el Látigo de la política o Mr. Proper (el famoso limpiador de todo) y exija dimisiones por doquier, aunque con mucho más empeño, si los presuntos encausados pertenecen a determinado partido político y, sin embargo patéticamente,  hacen oídos sordos y miran para otro lado, cuando estos pertenecen a otros partidos –incluso el propio- o determinados sindicatos.

Los partidos nacionalistas y los separatistas no quieren saber nada de España, al menos tal y como la entendemos la mayoría de los españoles; al contrario, pretenden que desaparezca como tal. Pero, extrañamente, no renuncian a ocupar sus escaños en las instituciones nacionales. Me asalta la duda de la razón de esta situación; aún no tengo claro si es que lo hacen por fastidiar y aprovecharse de la impunidad de sus cargos para decir toda serie de tropelías como a las que algunos nos someten en momentos solemnes o, por disfrutar de sus devengos y prebendas. En cualquier caso, no se hace nada por declararlos ilegales de una vez por todas. Según parece, no hay que alarmarse porque unos digan y proclamen impresentables soflamas, que, por cierto, están prohibidas y penalizadas en la mayor parte de las democracias avanzadas del mundo, pero no en España; aquí, todo queda amparado dentro de la Libertad de Expresión Parlamentaria. 

Vemos que expresiones como “arderéis como en el 36” y otras lindezas de la misma índole que prefiero obviar por no ensuciar más este trabajo, no son juzgadas como expresiones de odio. Que los acosos y ataques a personas libres que defienden la visualización de los partidos de futbol de la Selección Española tampoco son constitutivos de dicho delito. Se blasfema sobre la religión católica, se rezan Padrenuestros obscenos, se hacen representaciones de drag queen como la recientemente vencedora del carnaval canario, por una persona, que válgame el cielo, pretende convertirse en profesor de religión, y todos, hasta los jueces, aunque los consideran poco apropiados, no los encuadran dentro de los delitos de odio.

Algunos de los directores y actores de cine o teatro muestran su desprecio hacia España, la españolidad y nuestros usos y costumbres; pero eso sigue siendo Libertad de Expresión, y nunca un delio de odio.

Varias cadenas televisivas públicas (subvencionadas totalmente) ubicadas en Cataluña o en País Vasco hacen apología de desprecio a España, sus valores y los españoles y no se hace nada para corregir estos programas, censurarlos e incluso penalizarlos, porque, por supuesto, no constituyen delitos de odio. 

Llevamos años presenciando y oyendo el bochornoso espectáculo de la “pitada” al Rey y al Himno Nacional con motivo de la final de la famosa Copa del Rey; eso sí, siempre que en ella aparezcan tanto el Barcelona como el Bilbao sin que nadie, absolutamente nadie, haga nada; y este año volverá a ocurrir. Hay países y organizaciones de futbol que tienen muy claro cómo acabar con fenómenos similares, pero en España no somos capaces de ello, ni siquiera nos atrevemos a mencionarlo. Es pura y llanamente Libertad de Expresión, un desahogo del normal nerviosismo de cualquier seguidor antes de que empiece un partido tan trascendente. A este paso acabaremos penalizando al R. Madrid, al Sevilla, al Atlético de Madrid y a otros equipos más por dejarse apear de la final y dejar el camino expedito a los nombrados anteriormente y sus “nerviosas” aficiones que necesitan algo de relax previo al propio partido. 

Sin embargo, otros delitos, también igualmente sucios y reprochables como el caso Blanquerna y el muy dudoso y totalmente fuera de foco caso del autobús sobre los niños y niñas y sus aparatos genitales se han considerado o pretendido considerar como delitos de odio. Si, en estos casos son culpables de toda culpabilidad, los unos por fachas y los otros por pretender erigirse doctores de lo que debe ser la sexualidad totalmente contraria a lo que la mayoría del llamado progresismo entiende por tal [2].

Para colmo de la desfachatez, permítanme denunciar que la desobediencia al Tribunal Constitucional por parte de varios dirigentes políticos catalanes, solo se juzgue en su mínima expresión, en medio de una algarada de acompañamiento y gran chulería –me atrevería a decir que con desacato a los tribunales- por parte de los juzgados y eso, que no se les juzga por todos los delitos, que ellos mismos admiten haber cometido, sin que suceda nada y se les reciba a su entrada y salida como héroes nacionales y con ello, exalten el odio hacia España y los españoles.

Otro tema no menor, es que se le otorgue un tercer grado a una “etarra arrepentida” para atender a su pequeña –nacida en la cárcel- por el mero hecho de que la pequeña ha sido agredida por su malvado progenitor y ella ha mostrado arrepentimiento. Me alegro mucho por la niña, aunque no dejo de preguntarme ¿Cuántos menores se ven privados de sus madres porque ellas siguen en la cárcel y no se le conceden benéficos penitenciarios?

España debe terminar con la lacra social más grave de estos tiempos, la denominada violencia de género que lleva a la muerte a esposas, parejas e hijos por el mero hecho de que un alocado o patético celoso se ve menospreciado. Muchas veces fallan ellas y su entorno por no denunciar; otras, es la escasez de medios físicos o materiales la culpable de esto; pero lo más importante, es la pérdida de los valores morales y la nula educación que estos malhechores llevan dentro de sí y que se debe a los malos ejemplos y a la miseria que proviene de aceptarlo todo en ciertos programas televisivos, algunas revistas y la masiva difusión de pornografía.    

El problema de la estiba y los estibadores en España, arrastrado durante muchos años e incluso generaciones, ha llegado a un punto de no retorno y ha sido la propia UE la que nos ha denunciado y multado por lo que debe arreglarse de forma súbita. Pero, aquí estamos sin apoyar la decisión del gobierno, a sabiendas que esto nos costará millones a los españoles y que es de justicia acabar con los privilegios y nepotismos de una casta bien pagada y a la que se ha dejado en sus manos y, sin legislar adecuadamente, la mayor parte de la marcha de la economía de España por controlar la velocidad y el flujo de un alto porcentaje de las importaciones y exportaciones. Es posible, que además de todo lo anterior, muchas de las mercancías con destino y salida España busquen y encuentren otros puertos en el extranjero y se acabe con un negocio que deja pingues beneficios en nuestro PIB a la vez que encarezca nuestros productos, con el resultado que todos sabemos que ello supone.

Los bancos nos han estado robando a todos en todo lo que han podido y sabido hacer y no pasa nada, siguen presentando cuentas de resultados abultadas y repartiendo beneficios a sus accionistas mientras siguen aumentando sus comisiones por todo lo que te hacen e incluso, por tener tu dinero depositado en sus balances; dinero, que ellos manejan y prestan con usura, pero del que tú, no recibes ni un solo céntimo como rédito.

No quiero seguir con mi relato, porque la amargura al escribir tanta injusticia e ignominia ha llegado a embargarme la mente y el corazón; pero, todos sabemos que hay otros muchos agravios más a y en esa Mi Querida España a quien cantaba Cecilia. Pero, esta vez, aunque me gustaba e identificaba mucho con aquello de "esta España Mía" "esta España Nuestra"; quisiera terminar con su versión original: "esta España Viva" "esta España Muerta". Estaba muy viva y llena de ilusión desde que nos dimos la Constitución de 1978; pero hoy en día, y muy a mi pesar, creo que está más Muerta que Viva.

[1] Para nuestro pesar, su carrera artística fue corta a causa de su accidente, pero consiguió gran popularidad con canciones como la que se menciona, aunque también lo hizo con títulos tanto o más famosos como: "Un ramito de violetas, "Dama, dama" o “Amor de medianoche” que quedaron para la historia en el libro de oro de la lírica española.

[2] Quisiera dejar bien claro que no tengo nada que ver con la organización “sin ánimo de lucro” HO, que ha protagonizado este tema, no comparto su ideario y, por formación y muchas experiencias personales, me asaltan muchas dudas sobre gran parte de organizaciones de este tipo que he entrecomillado.

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