Abdelhak Riki (*)

Pie de foto: miles de personas protestan en la plaza Tahrir, en El Cairo (Egipto), durante el régimen de Hosni Mubarak.

El movimiento de la juventud árabe aspira a la independencia económica real y eso es incompatible con los intereses de algunos sectores de Occidente en la región, particularmente la protección del Estado de Israel, el flujo de petróleo y gas, así como la inyección de miles de millones de petrodólares en los mercados financieros, sin olvidar las ofertas de gestión de proyectos a favor de las grandes empresas multinacionales. Todos tenemos en cuenta ciertas cosas de suma importancia al analizar el mundo árabe. En primer lugar, el hecho de que el ejército es la potencia más organizada y poderosa en la sociedad. En segundo lugar, los movimientos islámicos son las fuerzas más estructuradas e influyentes. En tercer lugar, la ausencia de partidos liberales y modernistas. Cuarto, la tímida presencia de una elite sabia e influyente, capaz de abrir un diálogo con las diversas fuerzas sociales. Por último, la ausencia de la ciencia y la educación, la cultura y la democracia...

Dos fuerzas antagónicas se enfrentan en el seno de las sociedades árabes incluso utilizando a veces métodos violentos: el subdesarrollo letal actual y la ambición de superarlo a través del desarrollo y la modernidad, permitiendo el control de las riquezas y su utilización para “formar” un nuevo ciudadano capaz de dominar la ciencia, la educación y la cultura como en Occidente. Para alcanzar el objetivo de desarrollo sostenible duradero, no hay otro remedio que la edificación de un Estado civil y democrático en cada país árabe. Hacer realidad este proyecto tiene un precio y este precio puede ser costoso...

Sucesos de Egipto

Lo que sucedió en Egipto (golpe de estado militar) y en otros países árabes (“complot” en contra de la unidad nacional, guerra civil, implantación de Daesh) impone sacar algunas lecciones que nos puedan ayudar a superar algunos conflictos vigentes y resolverlos por las armas del diálogo y no el diálogo de las armas... El ejército seguirá siendo una fuerza activa e influyente en la sociedad árabe mientras esté lejos de los conflictos políticos. En cambio, en cuanto se acerque a la “política” pierde su unidad y cohesión. El movimiento islámico, fuerte gracias a su organización y plebiscito popular, tiene que ser consciente de que su continuidad depende de las alianzas con otras fuerzas sociales y a veces contradictorias con su proyecto... La izquierda tiene que ser más pragmática, determinar sus posiciones y resolver sus contradicciones no en el ámbito ideológico sino a nivel de la “unidad”, por un estado civil y una sociedad de libertad, justicia y dignidad; valorando que la corriente islamista moderada es más numerosa de lo que se piensa…

Alianza democrática

La realidad es que hay dos opciones para salir de la crisis actual: o un bloque popular e histórico, entre los islamistas moderados legalistas, los liberales y los partidos de izquierda, capaces de mantener la unidad de la nación y del pueblo y con poder de negociación con Occidente con vistas a una relación mutuamente ganadora. La segunda vía sería la del túnel oscuro, abocada a guerras civiles y estados tiránicos y opresores, que beneficiarían a corto plazo los intereses de algunos sectores de Occidente y sus clientelas locales, dando lugar a situaciones nefastas como son la inmigración masiva y el terrorismo.

(*) Abdelhak Riki fue director del semanario marroquí en español Marruecos Siglo XXI.