Antonio Regalado 

Pie de foto: Este gobierno, dialogante hasta la humillación, sabe, pero no quiere admitir que el golpe de Estado es contra la democracia, contra la libertad, contra el castellano, contra la Constitución, contra el Rey –que encarna la unidad de la Patria- y contra España

El gesto de Pedro Sánchez al ultimátum de Quim Torra el pasado mes de septiembre, humillando a la Abogacía del Estado, no ha servido para nada. Lo adelantaron Aragonés Torrent, en el homenaje fascista de la cárcel a Junqueras: “No queremos el indulto; sólo nos vale la absolución”. Y lo ha confirmado Quim Torra acusando al inquilino de La Moncloa de cómplice de larepresión. No habrá apoyo de los separatistas a los PGE/2019. 

El poco Molt Honorable president ha tratado a P.S. con el mismo desprecio supremacista con el que trataba a Mariano Rajoy. Tras movilizar a los CDR le exigirá al Estado indemnizaciones por lucro (in)cesante. 

Ni este gobierno ni los anteriores han entendido que el golpe de Estado es contra la democracia, contra la libertad, contra el castellano, contra la Constitución, contra el Rey –que encarna la unidad de la Patria- y contra España. 

El indulto de la cárcel

Por si no fuera suficiente la rendición ante el separatismo catalibán, el Consejo de Ministros del pasado viernes, renunciaba a recurrir ante el TC la resolución de Barcelona contra el Rey, pero expresó, eso sí, su “rechazo político”. Heroica actitud. Asimismo, tras el encuentro Betet-Maragall, el Ejecutivo retiró varios recursos en el Alto Tribunal contra la Generalidad. Barra libre al golpismo. 

Una semana redonda que culmina con ese silencio tan sonoro de Pedro Sánchez cuando Albert Rivera, en la sesión de control, le pidió que se pronunciara si era (o no) partidario de amnistiar a los golpistas. Y ue lo lleve en su programa electoral. Como aventajado alumno de su vice económico (sin cartera), el leninista Pablo Iglesias, el presidente se fue por los cerros de Úbeda, acusándolo de no hacer nada en Cataluña, cuando el PSC es el impulsor de los indultos desde hace un año. Después de pasear a Torra por los dominios monclovitas con su lazo amarillo, ¿ha invitado Sánchez a Inés Arrimadas, la ciudadana más votada en Cataluña-, a que le explique cuál es su labor en el Parlament, qué piensan los catalanes demócratas y cómo le boicotea el simpar Miquel  Iceta y sus conmilitones socialistas en el Ayuntamiento de la no menos simpar Dulci-Ana Colau?      

Tenía razón Pablo Casado cuando hace unos días acusó en sede parlamentaria al doctor Sánchez de participar en el golpe de estado que aún no está desactivado. Las piezas van encajando perfectamente en el puzzle gubernamental para ganar tiempo y seguir en el poder. Objetivo: resistir hasta el otoño de 2020.  El indulto es la clave para aprobar los presupuestos que Iglesias llevó a la cárcel-mansión de Lledoners (Barcelona) donde reside el beato Junqueras.    

Por eso, la vicepresidenta Calvo –la que sostiene que el dinero público no es de nadie, la del desmentido del Vaticano tras su viaje chapuza- ya ha anunciado que “el indulto es una figura constitucional y prohibirlo para la rebelión o la sedición precisa de una reforma importante. O sea, que no. Que no se modificará. Esta semana, tendrá la oportunidad de votarlo a iniciativa de Ciudadanos. 

Presidente sin palabra   

Los castellanos nuevos y viejos, incluidos leones y manchegos, sabemos muy bien que en nuestras tierras, un hombre vale lo que vale su palabra. De hecho, el derecho consuetudinario no precisa de papeles. Un apretón de manos sella siempre el negocio y cierra el trato entre caballeros. Nuestro presidente es un hombre cambiante; es capaz de decir una cosa y su contraria en apenas unos minutos. Al sentirse herido en su honor, reaccionó como un doncel despechado y rompió relaciones con el líder popular. No debió devolverle el rosario de su madre porque quiso quedarse horas después con todo lo demás: “me aprueben los presupuestos”, gemía en el hemiciclo.       

Olvidaba su ofensa en televisión a Rajoy cuando rompiendo todas las reglas de educación, le espetó: “usted no es una persona decente”. Nunca se disculpó por ello, ni por amenazar a Rivera tras descubrir el plagio de su tesis: “Te vas a enterar”, le espetó, negando la fanfarronería en los pasillos del Congreso. Y suyos son los insultos de derecha, extrema derecha y extrema (extrema) derecha a los líderes de la oposición sin reparar que él está ahí aupado por bilduetarras, golpistas y leninistas de Podemos. Lo mejor de cada casa. ¡Pobre PSOE¡    

Por eso, a quienes seguimos su andadura política, no nos sorprende que Carmen Calvo dijera que Sánchez nunca dijo que los “acontecimientos de octubre” fueran una rebelión. “No, no, el presidente no dijo eso”, aseveró la de Cabra; “lo dijo cuando estaba en la oposición”. Es decir, que lo que era delito de rebelión hace cinco meses para el jurisconsulto doctor, se transforma ahora en sedición –con la mitad de la pena, por iniciativa impropia de la abogada general del Estado, de cuyo nombre sí quiero acordarme: Consuelo Castro Rey, una reina en la historia de la infamia.  ¿Somos idiotas señora baronesa monclovita? Siempre hay un funcionario que hace muy bien el trabajo sucio. Antes, Villarejo; ahora, doña Consuelo. Y encima nos tenemos que tragar que “no han presionado a nadie desde el Gobierno”.

Consejo por la República

El presidente nos ha regalado unas jornadas gloriosas como protagonista. Obligó a su grupo parlamentario a abstenerse en una condena al régimen dictatorial de Maduro, y mientras callaba ante la propuesta de IU de llevar iniciativas de reprobación del monarca a todos los ayuntamientos de España –atentos a ver dónde el PSOE vota sí-, se reunía con el CEO de Apple Tim Cook“para planificar el futuro digital”. Y como es un señor sin complejos, acompañó a la princesa de Asturias en su lectura del artículo 1 de la Constitución en el Instituto Cervantes. El doctor Sánchez no tuvo empacho en leer con voz engolada el artículo 2 de nuestra Carta Magna que consagra ¡oh paradoja¡ la indisoluble unidad de la nación española.

En su control mensual en la Cámara Alta, tan solo unas antes después de que Protocolo de Zarzuela le arropase por su desliz en la Fiesta del 12-0, no fue capaz de defender a la monarquía. Preguntaba con mala fe el senador Joaquim Ayats (ERC) si el Gobierno había recibido alguna instrucción de la Casa Real respecto a la presentación del recurso ante el TC a raíz de la reprobación del Parlament.      

Esta fue la introducción del senador Ayats Brartrina

“Felipe de Borbón, a quienes ustedes llaman el rey Felipe VI (Rumores), realizó llamadas a algunas de las principales empresas catalanas para que se deslocalizaran, para que cambiaran su sede antes del referéndum del 1 de octubre del año pasado. Felipe de Borbón, a quienes ustedes llaman alteza, hizo una comparecencia el día 3 de octubre, dos días después, de muy poca altura política, en la que legitimaba toda la acción represiva del Gobierno español contra Cataluña, sin tener ni siquiera una sola palabra para los centenares y centenares de víctimas de la represión, cero empatía (protestas); nos apartó, nos excluyó. Felipe de Borbón, que nunca ha sido elegido por las urnas como jefe de Estado (Protestas), utiliza cualquier oportunidad pública, y estamos convencidos que privada, para cuestionar, deslegitimar y oponerse a la voluntad mayoritaria del pueblo de Cataluña expresada democráticamente en las urnas. Y después de todo esto, el Parlament vota, insisto, vota una resolución para reprobarlo, y votan independentistas y no independentistas, no lo olviden”.

Ante tamañas mentiras, Pedro Sánchez, en un tono conciliador, porque las agresiones siguieron en la dúplica, se limitó a decir que “ustedes tienen mayoría parlamentaria pero no mayoría social” – ¿quiso decir que con un 50% más 1 de los votos conseguirán la independencia?-  y pidió que se integren  “en el camino de la reforma”, como si todos fuéramos camino del Rocío. Casi suplicó que todo se haga dentro de la legalidad y de la Constitución. Y tampoco se pronunció sobre el republicanismo secular del PSOE.

Hace unas horas ni el presidente y ni su portavoz Celaá, que tiene que ser sustituida por Carmen Calvo en los momentos decisivos-¡vaya nivel¡- se pronunciaron por el hecho más desleal: la creación del consejo por la Republica (no de la República) que se presentó oficialmente en la sede de la Generalidad. Un juguete más que pagaremos todos para mayor loor de multitudes de Puigdemont. Ante la gravedad de este hecho, el presidente debería haber convocado a los partidos constitucionalistas y proponer la puesta en marcha de un 155 duro y largo. Pero, descuiden, no lo hará porque todos los socios dependen de todos para continuar con el poder.