Antonio Sánchez-Gijón/CapitalMadrid.com

Pie de foto: Daniel Ortega- presidente de Nicaragua- se re­siste a con­vocar elec­cio­nes, pero crece la pre­sión de los Estados Unidos para que lo haga

La crisis ni­ca­ra­güense llega a un punto de in­fle­xión de­bido a lo que pa­rece una toma de pos­tura de los Estados Unidos res­pecto del fu­turo del pre­si­dente Daniel Ortega, a quien es­ta­rían pre­sio­nando para que ade­lante unas elec­ciones que per­mitan a Nicaragua salir del ré­gimen san­di­nista.

Un senador con el respaldo del Departamento de Estado, Caleb McCarry, ha tenido conversaciones con el presidente Ortega, a las que estaba previsto que seguiría la visita a Managua de Carlos Trujillo, embajador norteamericano ante la Organización de Estados Americanos, quien antes de viajar este miércoles declaró que “estamos obligando al gobierno de Nicaragua a que haya elecciones libres en un tiempo cercano”. Otro senador introdujo recientemente una iniciativa para castigar de forma ‘catastrófica’ a la familia Ortega, en relación con los amplios intereses económicos acumulados - con ayuda probable del poder presidencial - por la esposa de Ortega y vicepresidenta del país, Rosario Murillo.

Igual de rotundos fueron los términos empleados por la portavoz del Departamento de Estado, Heather Naper, quien dijo que “los Estados Unidos condenan la continua violencia y la campaña de intimidación patrocinada por el gobierno”, con cita expresa de la aniquilación de una familia de seis personas en Managua.

Las fuerzas armadas se han mantenido neutrales en los actuales conflictos. Es sabido que tienen fuertes inversiones dentro del país y recursos financieros corporativos situados a buen recaudo en los Estados Unidos. Las fuerzas armadas norteamericanas y las de Nicaragua cooperan en ciertos objetivos comunes, que en parte tienen que ver con el control del narcotráfico y de las corrientes migratorias hacia los Estados Unidos.

Todo lo que está ocurriendo en Nicaragua es una derivada de la crisis económica venezolana. Cuando hace once años Daniel Ortega alcanzó la presidencia, el presidente Hugo Chávez vio en él un aliado geopolítico que reforzaría, gracias a la afinidad ideológica, el eje Caracas-La Habana, en una vaga lucha contra ‘el Imperio’. Para reforzar su eje transcaribeño con un pie en Centroamérica, Chávez, y después Nicolás Maduro, regaron el pequeño país con cuatro mil millones de dólares en donativos, inversiones, programas sociales, petróleo barato, además de preferencias comerciales. Venezuela se convirtió en el principal mercado de exportaciones nicaragüenses. Se estima que la conexión venezolana llegó a representar el 13,7% del PIB nicaragüense.

Terminada hace tres años la bonanza del petróleo y seriamente deteriorado desde entonces el régimen chavista, a Managua se le acabó el dinero. Además, el gobierno se había metido en ambiciosos proyectos de desarrollo, lanzados con la esperanza de crear fuentes autónomas de riqueza, como una refinería, una planta de aluminio y, sobre todo su proyecto estrella, un canal interoceánico que iba a competir con el de Panamá. La reforma de este último, para dar tránsito a buques de mayor capacidad, hizo del proyecto nicaragüense una proposición ilusoria.

Llegaba la hora de los recortes sociales. Estos entraron en vigor por decreto del 18 de abril, y ya al día siguiente se produjeron protestas callejeras que fueron reprimidas por la policía, causando dos víctimas mortales entre los civiles, y la muerte de un policía. Desde entonces las protestas han ido en aumento en número y en intensidad, y la misma violencia policial ha ido exacerbando la protesta, como el ataque mortal en la localidad de Masaya, con seis muertos, o la muerte violenta de seis miembros de una misma familia en Managua.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos denunció el 21 de mayo el uso excesivo de la fuerza con el resultado de 127 víctimas mortales, más detenciones ilegales, torturas y ataques a la prensa. Amnistía Internacional se unió a las denuncias. La Iglesia ha tomado una postura totalmente hostil al régimen. Hoy día varias fuentes coinciden en señalar un número de víctimas mortales cercano a los 200.

Un reciente intento de diálogo entre gobierno y oposición fracasó cuando aquél no cumplió su compromiso de invitar a organismos internacionales a que supervisasen las elecciones presidenciales prometidas por Ortega. La Iglesia se muestra totalmente escéptica sobre la voluntad del gobierno de buscar una salida. El portavoz de la Conferencia Episcopal dijo este miércoles “yo ya he hecho ese camino con esta gente cínica y mentirosa”, en referencia a anteriores intentos frustrados.

No parece probable que Ortega renuncie al poder antes de conocer la toma de posición final de las fuerzas armadas, y entretanto pondrá sus esperanzas en el agotamiento de la oposición, a la que seguirá dando largas con la promesa de elecciones y reprimiéndola en la calle. Entretanto, tratará de negociar con los Estados Unidos una salida personal, intento para el que contará con el apoyo de gran parte del empresariado, con el que el régimen ha mantenido productivas relaciones.