Javier Fernández Arribas

La estabilidad de países vecinos como Marruecos, Argelia o Túnez es indispensable para España, para Europa y toda la región. En las últimas horas asistimos a situaciones que requieren de nuestra mayor atención y nuestro mejor esfuerzo, tanto político, como económico y social. La salud del Rey de Marruecos, Mohamed VI, es un factor de estabilidad o inestabilidad, de primer orden para todos. La demostración más clara la hemos tenido en la rapidez con la que se ha publicado una foto del monarca alauita, en su cama del hospital de París rodeado de sus familiares para certificar que la operación de corazón a la que se tuvo que someter por una arritmia había sido un éxito.

A Mohamed VI se le han atribuido algunos achaques y es normal su ausencia, más o menos, pero en esta ocasión la discreción habitual se ha tornado en transparencia que ha servido, de momento, para acallar algunas inquietudes.

En España, la Casa Real y el Gobierno han seguido con mucho interés el desenlace de la intervención quirúrgica en un momento en el que se están moviendo fichas importantes para impulsar las relaciones políticas y comerciales en la región con la cumbre bilateral celebrada en Túnez este pasado lunes, con la presencia del presidente del Ejecutivo, Mariano Rajoy y seis ministros. Imprescindible este apoyo político y económico a la incipiente y ejemplar democracia tunecina por su Constitución consensuada que sirve para la convivencia de todos los grupos políticos, incluidos los islamistas. Como ocurre también en Marruecos, donde el partido de la Justicia y el Desarrollo ejerce el Gobierno desde hace varias legislaturas.

En el ámbito económico y comercial, las relaciones se van a enredar bastante entre Marruecos y la Unión Europea, con España como uno de los más perjudicados, al decidir el Tribunal de Justicia que el acuerdo pesquero no se puede aplicar al Sáhara Occidental por no formar parte del territorio marroquí. Esta decisión representa una gran afrenta para Marruecos que puede significar que los pesqueros españoles dejen de faenar en esas aguas por una larga temporada. No es la primera vez que se presenta este problema y habrá que recurrir a soluciones que sean aceptables para todas las partes implicadas. En cualquier caso, este problema pesquero pone de relieve la absoluta necesidad de acabar con un conflicto anacrónico como es el del Sáhara Occidental, donde miles de saharuis malviven por los intereses propios de argelinos y marroquíes.