Javier Fernández Arribas

Kabul, la capital de Afganistán, se ha convertido en el objetivo de los terroristas del Daesh. A los talibán, les ha surgido un duro competidor en el execrable fanatismo de asesinar a civiles, niños incluidos, con coche bomba y con suicidas-bomba, que tiene un complejo análisis de identidad y lavado de cerebro, con el fin de conseguir el poder e imponer sus dictaduras bajo un paraguas totalitario de un islam manipulado a su conveniencia.

Sólo hay que recordar el Afganistán gobernado por los talibán o el supuesto Califato del Daesh en Mosul, norte de Irak, y en la región de Raqqa, en el norte de Siria. Civiles asesinados por no obedecer, chantajeados con todo tipo de impuestos y humillados con torturas demenciales. La violencia terrorista utiliza su propaganda con sofisticados medios técnicos y profesionales formados y con experiencia en el uso de las nuevas tecnologías, redes sociales y métodos audiovisuales. Los videos perfectamente editados y producidos, las revistas, la agencia de noticias, las páginas web en internet y la actividad en el internet profundo encriptado constituyen, desde hace un par de años, todo un desafío para la lucha contra el terrorismo.

Kabul se ha convertido en uno de los refugios, junto con la región del Sahel africano, de los terroristas que han conseguido huir de Irak y Siria y en su objetivo. Son numerosos los ataques para desestabilizar una situación política, económica, social y militar ya de por sí bastante convulsa que ha precisado el incremento de tropas extranjeras para intentar evitar una escalada mayor de la violencia. Hay que recordar que, en estos años, el objetivo terrorista mayoritario han sido los propios árabes y musulmanes. Los datos varían según los años pero la media indica, según  el informe anual del Global Terrorism Databaseo del Centro Nacional Contraterrorista de Estados Unidos, que el 90% de las víctimas son árabes y musulmanes. Y otro objetivo: los periodistas para acabar con la información.

El doble atentado de este lunes en los alrededores del Centro de Inteligencia afgano pretende sembrar el terror entre los medios de comunicación y sus profesionales. Ya lo consiguieron en Siria con los secuestros y asesinatos de periodistas occidentales. No ha habido profesionales extranjeros en Siria durante los últimos años, se utilizaban periodistas locales para informar de lo que ocurría. Igual que en Kabul donde los acontecimientos se conocían por la valiente y extraordinaria labor de periodistas locales, vilmente cazados por los terroristas.