F. Javier Blasco, Coronel en la Reserva

Desde hace muchos, muchos años Oriente Medio y sus aledaños ha sido una zona turbulenta. Siglos antes de que el petróleo hiciera su aparición, sus tierras, yermas en un alto porcentaje, han sido cuna de culturas, imperios, invasiones, guerras, nacimiento y desarrollo de religiones, persecuciones de todo tipo y luchas por el poder en busca de su dominio.

Más recientemente, tras la primera  guerra mundial, gran parte del continente africano y de este territorio fue dividido por los “vencedores” europeos con tiralíneas en porciones como si se tratara de una  tarta o un queso sin tener en cuenta su historia, habitantes, usos, costumbres ni las religiones profesadas en ellos. Esta monstruosidad se conoce internacionalmente como el Acuerdo Sykes-Picot (16 de mayo de 1916).

Se dice que de aquellos polvos vienen ahora gran parte de estos lodos; nadie quedó contento con dicha partición y muy pocos se han identificado o satisfecho con la porción en la que les ha tocado vivir. Las reclamaciones de territorios y los intentos de recuperación de estos o sus poblaciones separadas por dicha herramienta han sido constantes entre familiares y vecinos que fueron forzosamente separados sin apenas orden ni concierto por personas que ni eran autóctonos, ni sabían nada o muy poco de las raíces y religiones de aquellas gentes y tierras.

No es mi intención en este trabajo hacer un repaso de todos los conflictos pasados, recientes o presentes en dichos lares; quisiera centrarme en lo que puede llegar a ocurrir allí en un futuro más o menos cercano y en los actores principales de ello.

Además del permanente conflicto entre Israel y sus vecinos más o menos cercanos; existe un conflicto latente y semi enquistado desde hace siglos que me da la impresión de que ahora está tomando dimensiones mucho mayores y puede llegar a explotar con inusitada intensidad. Me refiero, claro está, a la lucha por la religión entre las dos grandes corrientes del Islam, los chiíes y los suníes; cosa que no es nueva, ha existido desde siempre pero, ahora parece que ambas están optando por una mayor pugna política por el poder a la par que de supremacía religiosa.

Es bien sabido, que sus diferencias provienen por la defensa, expansión e imposición de la que cada uno entiende como la verdadera sucesión de Mahoma. Los chiíes, minoritarios en el mundo y en la zona, opinan que esta debe venir por la línea sucesoria, partiendo de su yerno, Alí; y los suníes, mucho más numerosos, por la elección de los califas. Diferencias estas que ya les llevaron a la confrontación en la famosa y legendaria batalla de Kerbala en el año 680 que marcó el principio de las continuadas hostilidades bélicas entre ambos a lo largo de la historia.

Los chiíes, mayoritariamente afincados en Irán, son muy proclives al caudillismo, vivieron su mayor momento de gloria y exaltación con la llegada al poder de Jomeini, considerado por muchos como el precursor del duodécimo Imán, aquel mesías al que aún siguen esperando que llegue a la tierra para alcanzar la redención. Además de Irán, sus seguidores se encuentran esparcidos principalmente en Oriente Medio y el sur de Asia cercana en: determinadas áreas de Irak, una franja al este de  Arabia Saudí, una porción de Yemen y partes de Afganistán, Tayikistán, Uzbekistán, Turquía y Armenia y la mayoría del territorio de Azerbaiyán.

Los suníes, aparentemente más pragmáticos, siempre han mantenido cierta separación de poderes, considerando como temporal el de los califas, encarnados en los monarcas de los diferentes reinos del golfo, y el poder religioso o espiritual. Esta rama del islam es practicada aproximadamente el 90 por ciento de todos los musulmanes en el mundo y ocupa por ello el resto de los países en la zona en cuestión. Su mayor representación y poder lo encontramos en Arabia Saudita.

Las diferencias entre ambos no solo se basan en la mencionada cuestión sucesoria, sino en que además, también existen diferencias en la forma de vivir e interpretar el Corán y la Ley islámica, la Sharia. Cuestiones estas que no hacen más que profundizar en sus heridas y son capaces de llevarles a enfrentamientos directos o indirectos donde conviven empleando territorios y conflictos cercanos a ellos como pueden ser los de Siria, Irak y Yemen.

Los suníes son iconoclastas radicales porque detestan cualquier representación de Alá; cosa que los chiíes no aprueban y sus contrarios buscan la intercesión y el apoyo en sus santos a los que veneran en santuarios. Razón esta, que explica la importancia de la destrucción de ambos por parte de los yihadistas del autodenominado Estado Islámico; suníes radicales apoyados, al menos en sus orígenes, de forma no oficialmente reconocida, por Arabia Saudita y otros Estados de su entorno religioso. 

Es en las grandes diferencias en sus creencias donde encontramos las raíces que explican lo despiadado de la lucha fratricida entre ambas facciones. Sus odios y fobias son extremos y de ahí que no hayan dudado en emplear todo tipo de medios como las armas químicas en la guerra entre Irán e Irak (1980-1988) -aunque aquella fuera principalmente una lucha por territorios- y es, además, una de las razones de peso por las que Irán se lanzó a la búsqueda del arma nuclear como potente medio disuasivo u ofensivo si fuera preciso. No dudan en mezclarse entre facciones afines con tal de combatir a muerte al enemigo común y de ahí las extrañas alianzas y compañeros de viaje que estamos encontrando en los conflictos actuales.

En Arabia Saudita se encuentran ubicados los dos lugares sagrados más importantes para el islam, la Meca y Medina, lo que le da una preminencia al país por conservarlos, mantenerlos y controlarlos. Como bien es sabido, la visita a la Meca, al menos una vez en la vida, está considerada como absolutamente imprescindible para que todo seguidor de Mahoma pueda alcanzar el paraíso siempre y cuando tenga los medios económicos y las condiciones de salud necesarias para ello.

Las peregrinaciones a ambos lugares se vienen realizando en diversas fechas conocidas como peregrinaciones menores, pero existe una, la más importante, conocida como la “peregrinación mayor” (el Hach)[1] que se realiza durante el mes denominado como «el de la peregrinación», que coincide con el duodécimo del calendario musulmán (entorno a septiembre para nosotros).

Evento realizado anualmente por millones de musulmanes que siempre ha sido objeto de polémicas, muertes por avalanchas humanas y diversos peligros para los peregrinos en el camino, su estancia en la propia ciudad o en los campamentos habilitados en las cercanías.

 Este año, cientos de miles de peregrinos iraníes no han podido realizar su Hach debido a la previa rotura de relaciones diplomáticas entre Irán y Arabia Saudita, que persiste y engorda desde hace unos meses. Rotura, que fue desencadenada aparentemente por dos principales motivos: la avalancha humana del pasado mes de septiembre de 2015 en la que murieron unos 2.400 peregrinos, de los que casi 500 eran iraníes por lo que este país culpó a Arabia Saudita como responsable por no haber mantenido el orden y la seguridad necesaria durante la peregrinación; a lo que, como contrapartida, Riad atribuyó el accidente al “exagerado” comportamiento de los iraníes en sus ritos durante la misma.

La segunda razón tiene un origen político desencadenado a principios de enero de este año por la ejecución en Arabia Saudita de un importante líder chií saudí tras acusarle de subversión y provocar levantamientos en su país. Ejecución, que provocó una inmediata, masiva e incontrolada protesta de iraníes frente a la embajada saudí en Teherán.

A estos dos focos iniciales se han sumado, por ambas partes, otro tipo de acusaciones y declaraciones políticas y religiosas muy fuertes contra los respectivos modos y formas de entender su religión. Declaraciones, que han llegado hasta calificar a los chiíes de “idolatras y no musulmanes” por lo que, a la sazón, deben ser perseguidos hasta su muerte. Los iraníes tampoco se han quedado cortos en sus declaraciones de odio hacia los suníes saudíes y el propio ayatolá Jamemei les calificó como “casta perversa y malvada que no merece dirigir los lugares sagrados”.

Es muy posible que las derivadas de este litigio dialéctico no terminen solo en el impedimento o prohibición temporal de la peregrinación de los iraníes a la Meca, quienes este año, en sustitución, han sido derivados al santuario del imán Hussein en Kerbala, uno de los lugares más santos del islam chiita. Una vez pronunciadas y no retiradas, es muy probable que la situación de tensión aumente y la siempre mantenida guerra por el poder en la región entre ambos países se transforme en una guerra entre religiones de carácter intransigente que es mucho más difícil de contener y relajar.

EEUU ha venido jugando un papel crucial en la zona; aunque demasiado partidista e interesado al apoyar y negociar por miles de millones anuales con Arabia Saudí y en cambio, contener, reprimir y vigilar a Irán desde que estos se atrevieron a rodear y asaltar la embajada norteamericana el 4 de noviembre de 1979 convirtiendo este hecho en uno de los más humillantes para su nación al mantener como rehenes a cincuenta y dos estadounidenses durante 444 días.

Esta situación de desequilibrio ha podido mantener una cierta calma en la región, aunque fuera a costa de la represión de los iraníes, quienes, por su parte tampoco podamos decir que han sido almas cándidas ya que sus sucesivos máximos dirigentes, tras el golpe de 1979, siempre han buscado la manera de saltarse las restricciones y puniciones internacionales en su afán de mejorar el alcance y precisión de sus misiles, conseguir el arma atómica y en jurar la devastación de Israel.

En un giro inesperado para la mayoría, tras muchos años de duras e infructuosas acusaciones y negociaciones de la Comunidad Internacional con Irán capitaneadas por EEUU, el año pasado los norteamericanos, siguiendo la estrategia marcada por su presidente Obama, cambiaron de posición y favorecieron un acuerdo nuclear con dicho país que no solo anula todas las bien basadas sospechas sobre sus actividades, sino que las autoriza oficialmente aunque, las aplaza por unos años. Acuerdo del que muchos analistas coinciden en pensar que en realidad, no es más que el pago por la valiosa implicación iraní en la lucha contra el terrorismo yihadista, su interés en desconectarse de la zona y la búsqueda de una solución del conflicto sirio, aunque no sea su preferida.

Este hecho y otros más derivados de los cambios de la estrategia de Obama para Oriente Medio por los que reduce o abandona prácticamente sus compromisos e intereses en la región -la precipitada salida militar de Irak antes de haberse cerrado en firme el conflicto, el enfriamiento de relaciones con Israel y con la propia Arabia Saudí o la no total implicación inicial en la lucha contra el yihadismo, entre otros- so pretexto de un desplazamiento de intereses y fuerzas hacia Asia-Pacífico, han propiciado que la aparente tranquilidad en la zona, haya dejado de existir.

Ahora, Irán se encuentra libre de ataduras internacionales y ha encontrado vía abierta a los mercados  de todo tipo aunque con ciertas restricciones sobre el armamento, aunque parece no cumplir a la vista de sus negocios con Rusia en este y otros campos; sigue proliferando en materia de misiles y armamento sofisticado; mantiene su know how y parte de las capacidades en materia de obtención de combustible nuclear susceptible de ser usado militarmente; multiplica la inversión de fuertes capitales para el desarrollo industrial de su país; aumenta sus posibilidades de desarrollo de centrales nucleares y pasa de ser un perseguido y vigilado, a ser un elemento importante a tener muy en cuenta en la solución de cualquier conflicto en la zona.

Arabia Saudita ve que todo lo anterior, de momento no le perjudica gravemente, pero no le beneficia a medio plazo; perder su relación de privilegio con EEUU y ver como su eterno enemigo empieza a mejorar mucho, no es un plato de su agrado. Sigue invirtiendo enormes sumas en la mejora de su capacidad militar, aunque empieza a diversificar sus proveedores. Ha introducido enormes cambios en su economía para no basarla exclusivamente en el petróleo. Ha mejorado sus relaciones con ciertos países como Israel y algunos más y busca apoyos al participar ahora en la lucha activa contra el Estado Islámico sin olvidar mantener las capacidades y el entrenamiento de sus Ejércitos en conflictos como el de Yemen. Todo esto apunta a que prefiere estar fuerte cuando llegue el momento del inevitable encontronazo con Irán y puede, que hasta este buscando en viejos aliados como Pakistán cierto apoyo en materia nuclear si fuera preciso.

La aparición de Rusia en fuerza por tierra y aire en el conflicto Sirio, es un elemento que distorsiona la exclusividad de fuerzas e intereses en el territorio aunque, dudo mucho que tomara parte activa en caso de un conflicto religioso entre ambas potencias. Putin, sabedor de dicha posibilidad, prefiere estar presente o cerca y observar de primera mano el desarrollo de los acontecimientos por si tuviera que decidirse por el apoyo a una u otra opción y, al mismo tiempo, trata de acoger en su seno y amparo a aquellos actores que han perdido el tradicional apoyo norteamericano, como recientemente ha ocurrido con Israel y la propia Arabia Saudita[2].

Israel por su parte, se encuentra en medio de un conflicto que ni le va ni le viene, pero que puede afectarle según se desarrollen los acontecimientos, por lo que debe estar preparado para hacerle frente como pueda, antes de que sea demasiado tarde.  Busca alianzas como la mencionada y otros como Turquía y mantiene un ojo muy despierto sobre el posible conflicto, no vaya a ser que se torne contra ellos, si se declarara una guerra Santa como solución al mismo. 

Por último, no debe descartarse la influencia que pueden tomar en la zona los profundos cambios de rumbo en Turquía tras el mini golpe de Estado de hace unos meses que ha propiciado la inclusión de fuertes medidas de control y nueva orientación política-religiosa del país, que cuenta con un 70 por ciento de musulmanes suníes entre su población. Erdogan, fiel a sus principios y derivas, quiere dejar de ser un paria tras sus impagados servicios a la OTAN y las reiteradas negativas a su inclusión en la UE como miembro de pleno derecho. De momento, extorsiona a ambos con su posición geoestratégica y con tener en sus manos el grifo que abre y cierra el flujo masivo de refugiados hacia Europa, pero, esto puede parecerle insuficiente, él quiere aspirar a más y no se desprenderá fácilmente de sus pretensiones de recuperar el perdido orgullo del Imperio Otomano. Una china muy grande en el zapato de muchos, que sin duda, podrá cambiar el signo de la balanza en función de por cuál de los platillos se incline u ocupe finalmente ya que no se entienden muy bien sus recientes acercamientos y coqueteos con Irán a pesar de lo que les separa religiosamente y sus diferencias con respecto a la solución en Siria.

Recientemente, he leído ciertos documentos y escuchado algunas declaraciones de potenciales líderes norteamericanos que apuntan a que EEUU se debe dar cuenta del grave error y mal resultado de la estrategia aplicada por Obama en la región. Allí nada se arregla, más bien al contrario y, puede que esto sirva para que, en un futuro próximo, se precise reorientar dicha estrategia y se trate de volver a jugar el papel de “neutralizador” en Oriente Medio en base a una fuerte presencia e importantes y sinceras alianzas, aunque ambas dificulten la idea de trasladar capacidades para defender sus intereses en la zona Asia-Pacífico, cosa que empieza a tomar cierta urgencia a la vista de los acontecimientos en Corea del Norte y las maniobras expansivas chinas. Pero, de eso, ya hablaremos otro día.

Tal y como reza el título del presente artículo; la zona es un auténtico avispero en constante transformación y ebullición en el que las diferencias, rencores y humillaciones, de momento, solo propician combates de mayor o menor intensidad entre las diversas facciones religiosas. Las insalvables diferencias en la interpretación sobre una misma religión pueden llegar a ser letales si sobrepasan determinados límites contra la tolerancia y, creo que, estamos muy cercanos a ello en función de la actitud de sus dos principales actores. El resto de actores, de momento secundarios, autóctonos o no siguen revoloteando sobre el avispero con intereses contrapuestos u ocultos que no servirán para que el conflicto se arregle en un momento en el que EEUU tiene muy difícil recuperar el espacio perdido tras los múltiples y errados pasos dados en los últimos años.

En definitiva, el altamente probable conflicto de intereses en la zona puede tener un detonante religioso; pero finalmente, como casi todos, acabará siendo una lucha por el poder y la hegemonía en un territorio en ebullición donde nadie hace nada realmente por bajar la presión. Dejarlo enquistar o hacer jugar a otros en la partida, no es la mejor de las soluciones. En cualquier caso, de explotar dicho conflicto nos salpicará a todos aunque solo sea porque su guerra particular contagiará, de una forma u otra, a los millones de musulmanes que viven en Occidente.

NOTA DEL AUTOR. Quisiera agradecer a Francisco de Andrés haber escrito sobre este tema en ABC el pasado lunes 12 de septiembre, aunque su alcance, orientación y conclusiones puedan diferir de las mías.

[1] El Hach es el quinto de los llamados pilares del islam. https://es.wikipedia.org/wiki/Hajj

[2] El Ministro de asuntos exteriores saudita a finales de julio de 2016 tras su entrevista con Lavrov dijo "estamos dispuestos a facilitar a Rusia el acceso al mercado del Consejo de Cooperación del Golfo (formado por las seis monarquías del golfo Pérsico) y a un fondo de inversión que supera al de China”.  Esto supondría un gran espaldarazo a la recuperación económica rusa.

https://actualidad.rt.com/actualidad/214018-arabia-saudita-rusia-fuerte-...