Antonio Regalado

Los pactos en todas direcciones deben excluir tres puntos capitales: la unidad de España, la Constitución de 1978 y la Monarquía Parlamentaria. Eso no se negocia.

Los españoles han votado masivamente y lo han hecho en legítima defensa. Y en Libertad. La izquierda ha ganado y Pedro Sánchez ha sido legitimado tras la moción de censura. Todo indica que habrá que pactar en todas direcciones. Incluidos los nacionalistas y separatistas, desgraciadamente.

Las encuestas no se han desviado considerablemente. Primera constatación: las elecciones se ganan desde la moderación.  La fragmentación de la derecha y del centro ha “evaporado” veinte escaños del espacio conservador. Menos votos en las izquierdas, más escaños. Más votos y porcentaje en el otro bloque, menos escaños. La ley D’Hondt, ha beneficiado esta vez a Ciudadanos. Los nacionalistas, suben y suben… pero condicionarán menos, afortunadamente esta XIII Legislatura. 

Bancarrota popular

El Partido Popular, con un líder voluntarioso ha pagado la factura de la inacción de Rajoyy de Sáenz de Santamaría, por los coletazos de la corrupción, por la mala gestión ante el golpe de Estado, por la débil aplicación del 155 en Cataluña y por el comportamiento impresentable de don Mariano en la moción del pasado año, yéndose de copas.

En esta larga y triste noche, el PP ha desaparecido prácticamente de Cataluña -siempre nos quedará Cayetana Álvarez de Toledo-, y del País Vasco -Maroto solo fue valiente en el tiempo de descuento- a pesar del gran trabajo de Pablo Casado. No debe dimitir porque la herencia recibida fue envenenada. Y porque hay que volver a las urnas en cuatro semanas.

Al 50 por 100 del recuento, la derecha confirmaba que estaba a mucha distancia de la mayoría absoluta y, por tanto, de reeditar la fórmula andanza. El PSOE es el gran ganador de la noche. La bajada de Unidos Podemos -un batacazo- no va a ser tan amarga porque sus escaños se van a traducir en poder real: ministerios, secretarías de estado, direcciones generales y cargos institucionales, y coches oficiales. Un chollo. Con los vascos -el PNV siempre gana-, los socialistas han encontrado el camino menos malo para seguir gobernando cuatro años. Los que faltan hasta los 176 se pueden sumar a golpe de talonario. Y, de momento, además, se esquiva a los separatistas. 

VOX ha roto la baraja y la territorialización de su electorado constata que sus bancos de votos están, principalmente, en la Andalucía oriental, en Valencia y en Madrid. Los seguidores de Abascal han enterrado a la derecha y han imposibilitado crear una alternativa a la izquierda para mucho tiempo. Un diputado electo del PP me comenta en esta noche eterna: “Vox nos ha roto”. 

Ciudadanos ha superado a Podemos y se ha quedado a escasa distancia del PP. Solo 200.000 votos.  No va a liderar el centro-derecha pero hay que esperar las consecuencias internas de la debacle popular. En mi modesta opinión, si Albert Rivera cometió el error de confundir al PSOE con el doctor Pedro Sánchez.Debió anunciar que no pactaría con el secretario general que se saliera de la Carta Magna. Ahora tiene difícil justificar el apoyo, pero el interés de España bien merece una rectificación justificada. 

La victoria socialista es incuestionable. Y un gobierno de coalición PSOE-Cs sería lo mejor para todos. Los indultos a los golpistas y la tesis (plagiada) son muros demasiado altos. Pero no hay que descuidar la economía. Y la reducción del gasto público. Los mercados verían con buenos ojos este experimento rojo y naranja, socialdemócrata y liberal. La estabilidad no llegará hasta que entremos en el verano. 

La subida de ERC tiene una posible ventaja: debilita al fugitivo y revolucionario de salón Carlos Puigdemont, y a sus socios de la antigua (y corrupta CiU), y pudiera estabilizar a la situación en Cataluña. Aunque la derrota popular y el retroceso de Cs en el Principado es una tragedia para el constitucionalismo,

Tiempo de pactos

Los españoles han dado su confianza a los socialistas y Pedro Sánchez acaba su interinidad. Ha legitimado su golpe de censura. Lo más sencillo sería un gobierno PSOE-Cs. Pero el presidente en funciones tiene que explorar sus compromisos primero con Iglesias, con los peneuvistas y con los nacionalistas y separatistas de todo pelaje. 

En segunda vuelta, le valdría la abstención de sus compañeros de viaje monclovita hasta ahora para que con Podemos alcance una investidura y se incorpore a un gobierno “progresista”. Y aquí es donde Albert Ribera puede ensanchar su grandeza: abstenerse en cuestiones no nucleares para que Pedro Sánchez no se vea hipotecado por los que van a seguir queriendo romper España. Ha anunciado que será leal a la Constitución. No es suficiente. 

Necesitamos un Programa de Gobierno creíble que cree empleo, que reduzca la deuda y el déficit, que no se hagan trampas a Bruselas y que el presidente incie unos II PACTOS DE LA MONCLOA  con todos los partidos, con los sindicatos y la patronal y con la sociedad civil, para que abordemos de una vez y para siempre los problemas reales de nuestro país: la educación, la sanidad, el agua, la despoblación, los autónomos, las mafias,  las drogas, la Universidad, la digitalización, la industria, la energía, la FP, la obesidad y algo muy grave: la ludopatia telefónica infantil.

Pero la responsabilidad de alcanzar pactos en todas direcciones debe excluir tres puntos capitales: la unidad de La Patria, la Constitución de 1978 y la Monarquía Parlamentaria. Eso no se negocia.

Segunda enseñanza: en el Senado, el PSOE gana también y sobre todo los separatistas que ven cómo ya no se aplicará el artículo 155 de la Carta Magna. 

Volver a la concordia

Insistimos: es tiempo de pactos en todas direcciones. La responsabilidad de los votos esperemos que modere el mensaje, las actitudes y, sobre todo, los hechos del presidente electo. la segunda vuelta llegará dentro de 28 días: elecciones municipales, autonómicas y europeos. Esta vuelta a las urnas condicionará y retrasará hasta finales de junio la constitución del nuevo Ejecutivo de la Nación. Lógico, porque los acuerdos en el Congreso y Senado estarán condicionados por los acuerdos que se alcancen previamente en Ayuntamientos, Diputaciones, Cabildos y Comunidades Autónomas. Y, además, tenemos las elecciones europeas.

Pedro Sanchez ha anunciado que que quiere ser el presidente de todos los españoles. No es un mal principio. Le interrumpieron las bases de Ferraz, gritando: ¡con Rivera NO; con Rivera, NO! 

Aunque les ha dicho que él no va a poner ningún cordón sanitario, eso complicará un horizonte de estabilidad. Hacen falta políticos generosos en la victoria porque nos seguimos jugando España. Es la hora de volver a la concordia de la Transición.