Javier Fernández Arribas

Resulta del todo inadmisible que los intereses personales de algunos políticos para escalar peldaños hacia el poder en su partido y en el Gobierno condicionen los intereses y la vida de millones de personas. Además, utilizando todo tipo de artimañas para engañar a los ciudadanos pulsando las emociones más viscerales de falsa identidad imperialista aderezadas con los miedos falaces a los peligros de unos inmigrantes europeos que solo buscan una vida mejor.

El Brexit encarna las circunstancias que relataba el principio y provoca una serie de daños casi irreversibles en las condiciones de convivencia del Reino Unido con el resto de la Unión Europea, pero, sobre todo, entre los propios británicos y sus generaciones. A medida que se acerca la fecha marcada para hacer efectiva la salida del Reino Unido de la UE, las negociaciones que marquen las condiciones de esa salida y el marco que regule las relaciones en la nueva situación se encallan porque la ocurrencia política de utilizar la permanencia o no británica en el seno europeo tiene unos costes bastantes caros, inasumibles en muchos casos, y nadie quiere asumirlos.

Asistir en Londres a una jornada sobre el Brexit, sus circunstancias, consecuencias y valoraciones por una y otra parte, organizada con motivo del 50 aniversario de la sección británica de la Asociación de Periodistas Europeos, ha sido muy revelador para dimensionar la magnitud del problema interno que sufren los habitantes del Reino Unido. Con toda la información, más veraz y real que ahora se ha puesto de manifiesto, todos están seguros de que muchos de los votos que respaldaron el Brexit, serían favorables a mantenerse en el ámbito comunitario.

En el seminario pudimos asistir a situaciones concretas, a llegar a las consecuencias más directas de las personas, que por desgracia no son tenidas en cuenta cuando el dirigente político de turno manipula los resortes a su alcance para intentar conseguir un beneficio personal. Fue el caso del primer ministro, David Cameron, cuando convocó el referéndum para despejar problemas en el partido conservador. Embriagado por el triunfo en la consulta escocesa.

Pero una vez que se constata el grave error cometido, la primera ministra Theresa May, pretende una negociación imposible con Bruselas y en el seno de su partido Tory las hienas que cambiaron de bando en mitad del partido, como Boris Johnson, especulan con sentimientos e intereses para desbancar a sus adversarios políticos. Pena de Brexit. Alguien tiene que evitarlo.