Miguel A. Ortiz Asín.  Presidente del Fórum Canario Saharaui y coronel de la Guardia Civil retirado/ABC

Pie de foto: Al final, lo que hay es un total inmovilismo, dependencia de Argelia y fuegos artificiales

En el contencioso del Sáhara, a través de nuevas vías de actuación, el Polisario busca un cierto resurgimiento dentro de su entramado y estructuras de poder, que si bien consideran afianzada desde sus comienzos —tal vez de una manera un tanto irreal y acomodada conforme a los tiempos que corren—, con el paso del tiempo, sin un mantenimiento orgánico y regeneración que asegure su solidez, corre el peligro de desmoronarse.

Eso pues le está pasando a esta colectividad que ha pretendido dirigir los destinos del pueblo saharaui en el exilio campamental, tal vez de manera poco propicia, ya que desde sus comienzos han estado sumidos en diferentes situaciones de distinto calado y dimensión, todas ellas en definitiva con una incidencia negativa para la población que representan. En primer lugar, la situación bélica en los «años de plomo», en donde quisieron abarcar todos los frentes, contra Marruecos, contra los pesqueros pacíficos de varios países en la costa sahariana, contra Mauritania, e incluso contra sus insurrecciones internas dentro de los campamentos.

Después con el control absoluto de la población refugiada, sirviendo como fundamento del pretendido gobierno en el exilio la ayuda internacional recibida, que con el paso de los años se está convirtiendo en una aportación en decadencia, y que para mantener la estructura de su pretendido «staff gubernamental» merma notablemente el destino a sus asilados. Así ha mantenido una persistencia en su estructura, con total inmovilismo en sus directrices y una total dependencia del Estado donde se ha refugiado: Argelia.

Se está percibiendo un egocentrismo en los intereses de sus componentes, que viven de espaldas a su pueblo, lo que se traduce en una pérdida de confianza y esperanza en su futuro. El citado «staff» del Polisario ejerce un sistema dictatorial en sus formas de actuación, ante una «creencia de propiedad» de su estamento gubernamental, manteniendo una postura amenazante y belicista hacia Marruecos, más acentuada si cabe desde la llegada al poder de Brahim Ghali, y que contribuye a una pérdida de apoyos y credibilidad internacional.

Para ese resurgir lo que comentaba al principio, últimamente se están ejecutando una serie de encuentros, a través de su aparato de propaganda, con pretendido matiz político. En ese sentido, un Comité Nacional Saharaui para los Derechos Humanos firmó un memorando de cooperación con el Consejo Nacional Argelino de Derechos Humanos (CNDH), en una especie de encuentro de «buena vecindad» celebrado en Tinduf con su correspondiente difusión y repercusión mediática. Igualmente se celebró otra reunión en Berlín con el enviado Especial del Secretario General de las Naciones Unidas para el Sáhara Horst Köhler.

En esa misma línea se sitúa la intervención del primer ministro argelino, Ahmed Ouyahia, durante un discurso en Addis Abeba en apoyo del Polisario, para reclamar que «la Unión Africana siga ocupándose política e históricamente del problema del Sáhara Occidental», en contraposición con lo acaecido en la pasada 30 cumbre del citado organismo, donde ninguna decisión del mismo evocó papel alguno o participación de la UA en el proceso de resolución de esta problemática. salvo la petición a la Comisión de la UA de apoyar los esfuerzos de la ONU con el afán de encontrar «una solución consensuada y definitiva a este conflicto».

Todos estos artificios están culminando con movimientos de cargos directivos en la cúpula de mandos, dentro del mismo «panel de ajedrez» y con los mismos nombres, perpetuando así sus funciones en los cargos. Está claro que la evidencia de estos nombramientos pretende ser un mantenimiento claramente encubierto en sus puestos, con objeto asimismo de respetar las participaciones de las tribus manteniendo la hegemonía de las que consideran de mayor rango. Esta situación de «envejecimiento» progresivo y exponencial del Frente Polisario, sin dar opción a un relevo generacional, está originando una pérdida de autoridad ante un pueblo con un gran arraigo de organización tribal.

Ello redunda en el incumplimiento de valores fundamentales como el asegurar el respeto en materia de derechos humanos, con ejemplos varios como la ausencia de respuestas efectivas a la situación de ausencia de libertad de las jóvenes saharauis, la falta de libertad de movimientos internos en los campamentos, la libertad de expresión, etc., y teniendo como premisa primordial la supeditación absoluta a las directrices de Argelia. En este escenario, es esencial considerar para la resolución de un conflicto ya perpetuado en el tiempo, que Argelia tenga un papel tan alto en las negociaciones como el que tuvo para desencadenar y mantener la disputa.

Recordando que después de 13 conversaciones desde Manhasset, no hubo progreso, porque no se reflejó adecuadamente la representación de los actores del conflicto. Ahora se mantienen los mismos responsables de los puestos directivos, eso sí, permutados, pero con la experiencia de los anteriores encuentros y con la obligada dependencia de las consignas argelinas, debe contemplarse un nuevo encuentro dentro de los parámetros definidos por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, en el marco que antes mencionábamos. Solo así podremos dar pasos en alguna dirección dentro de este viaje a ninguna parte en el que permanentemente nos encontramos inmersos.