F. Javier Blasco

Quo vadis es una expresión latina que significa ¿Adónde vas? Se la vincula a una tradición cristiana que gira en torno a San Pedro cuando allá por el año 64 se incrementó la persecución contra los cristianos por parte del Emperador Nerón al ver que el número e influencia de estos iba en aumento. Por aquel tiempo, y de acuerdo con los Hechos de Pedro, este sufrió un arrebato de temor a ser ejecutado y decidió abandonar la ciudad de Roma; pero, nada más iniciar su escapada se “encontró” con Jesucristo reencarnado que iba cargando una cruz. Pedro se le acercó y el preguntó: "Quo vadis Domine"-¿Adónde vas, Señor?- a lo que Cristo contestó: “Romam vado iterum crucifigi” -Voy hacia Roma para ser crucificado de nuevo-. Avergonzado por su actitud, el discípulo volvió Roma y continuó su ministerio hasta que murió crucificado.

Por derivación, solemos emplear dicha frase siempre que nos enfrentamos a situaciones graves y nos preguntamos a nosotros mismos o a los responsables de dicha situación, cual es el camino que debemos emprender o, también se usa si tratamos de reprochar una dirección o deriva adoptada si aquella pueda ser causa de nefastas consecuencias para una colectividad o empresa.

Hace bastantes meses que decidí dejar de escribir sobre España, sus políticos y especialmente sobre el mono tema y macro farsa catalana. Me había comprometido a no perder más tiempo en analizar asuntos infumables ni en estudiar la actitud y variopinta idiosincrasia de unos personajes que se dedican a vivir de lo que ellos entienden por hacer política o su forma de “entender y defender” la cobertura de las necesidades de sus gobernados, cuando en realidad lo que defienden son sus propias necesidades o tratan cubrir sucias y turbulentas aspiraciones personales.

Me he resistido mucho en volver a tomar la pluma sobre estos temas tan cansinos y a la vez rállanos con la irrelevancia –si no fuera por la gravedad de sus potenciales consecuencias- ni sobre unos personajillos de poca monta, pésima formación, envueltos en la exageración, la falacia y de un egoísmo elevado a la máxima potencia; así como muchos de ellos rebosantes de la absoluta mentira y mucha xenofobia -origen y deriva fascista-. Pero, todo tiene un límite y hasta esto puede llegar a sobrepasar mis buenas y bien basadas intenciones. 

Llevamos años viendo como el voraz e insaciable apetito del separatismo y los separatistas nos agobia y cerca por todos los flancos. Hemos asistido a todo tipo de pantomimas, excentricidades y situaciones grotescas de muy variado punto de aplicación y calibre. Manifestaciones y situaciones totalmente inimaginables hace tan solo algunos meses o semanas que se han producido y retroalimentado por si mismas para dar paso a situaciones aún mucho más pintorescas e indescriptibles. Algunas de ellas, son tan inesperadas e inimaginables que ni siquiera están tipificadas como delito en nuestro sistema legal o es difícil encontrarlas en el europeo. Todo ello, claro está, se deriva de un auténtico Plan Estratégico concienzudo y detallado, tal y como ya advertía en un trabajo sobre el tema allá por noviembre del año pasado [1]  

La mayor parte de sus acciones y reacciones sobresaltan a cualquier persona más menos cultivada intelectualmente; pero, creo que se ha llegado a un punto que no deben dejarse pasar sin más y menos, simplemente amontonarlas en el cajón destinado a las incongruencias y cosas sin sentido. Me refiero a los símbolos –de momento lazos, cruces, globos camisetas o pancartas- que inundan toda Cataluña y otros lugares allá por donde estos energúmenos pasan, moran o habitan. No es por casualidad que su color elegido sea el amarillo; con ello se pretende emular a los símbolos amarillos –la estrella de David- que los nazis colgaron de las solapas o espaldas de los judíos tanto en Alemania como en todos sus territorios conquistados. Símbolos, colores y métodos que nos suenan y recuerdan a las hordas nazis y por lo tanto a los grandes fascistas como el mismo Hitler.

Si bien es cierto que su significado es el mismo, separar los buenos de los malos; en este caso, los “buenos catalanes” son los que los llevan, sostienen, veneran, difunden y defienden y los “malos” son todos aquellos que no lo hacen, tratan de desmontarlos o los atacan.

Es patético ver a personas, supuestamente con cierto grado de formación moral e intelectual, lucirlos constantemente en sus solapas y venerarlos mientras los pasean por el Parlament – como si fueran el abad o la madre superiora de un monasterio o convento portando una reliquia de un Santo- o los depositan con todo mimo y respeto en los pretendidos escaños de aquellos que, no olvidemos, ya estando encarcelados, próximos a ello o huidos de la justicia, se presentaron a unas elecciones enarbolando sus "derechos políticos" para convertirse ahora en mártires de su causa una vez fueron elegidos de nuevo. Como también lo es ver muchas de las vallas de las ciudades catalanas o lugares de esparcimiento deportivo llenos de tales lazos. Ni que decir tiene, el significativo valor e impacto social y económico al sembrar las playas más turísticas con cientos de cruces amarillas; primero de madera y luego de trapo. Su grado de veneración es tal que ya hubieran querido sus seres cercanos, ya desaparecidos, ser recordados y visitados con tanto mimo y cuidado.

Dicen los entendidos en materia médica que la locura, es una enfermedad que no se puede contagiar; pero yo ya empiezo a dudar de esta teoría y tesis porque, a pesar de lo que se cree ver y palpar en la mayor parte de los ambientes políticos, sociales, económicos y de relación local, regional, nacional e internacional; al menos aparentan que cada vez, son más los contagiados o simplemente será, que su impulso y frenética actividad es tal que se hacen notar mucho más debido a que su grado de delirio aumenta con el devenir de los hechos y el pasar del tiempo.

Lo malo de toda esta situación, es que, frente a ella, por temor a no sé qué, por vergüenza o por falta de verdadera conciencia nacional no existe un monolítico grupo de personas, partidos políticos e instituciones del Estado que luchen y pongan auténtico freno a tamañas derivas y aspiraciones. Todo son medias tintas o buenas intenciones, aunque bastante refrenadas a la hora de aplicarlas. A ello hay que unir la nueva corriente político-jurídica que invade a Europa en general y a muchos de sus países en particular.

Acabamos de descubrir que no todo es tan claro y sencillo como nos lo pintaron durante los muchos años empleados en la construcción de la casa común europea. Ahora vemos que el castillo no era de piedra granítica sino de arena; las grietas en sus frágiles murallas son muchas y muy grandes. Por ellas fluyen todo tipo de opiniones, interpretaciones, argucias y artimañas a las que, sin cortarse un pelo, cualquiera se puede acoger y, con ello, poner en tela de juicio la soberanía, integridad, solvencia e independencia del sistema jurídico-legal de un país al que debe considerarse como similar y totalmente estandarizado. Tanto es así, que hoy, sin temor a caer en la exageración, podemos afirmar que Europa se ha convertido en el auténtico refugio para los delincuentes; al menos, de los que delinquen en España. Cosa, que, por cierto, desde los más negros tiempos de ETA ya existía y sufrimos machacona y repetidamente. En definitiva, nada ha cambiado; seguimos siendo unos parias y apestados para muchos europeos y para la mayoría de los países de la Unión.

En cualquier caso, y como gravamen añadido, podemos decir que las instituciones oficiales de dicho club carecen de peso específico y rehúyen de todo tipo de confrontación interna que pueda indisponer a alguno de sus miembros. Ocurre lo mismo entre la propia UE y los dictadores que manejan los hilos de la política internacional a su libre antojo. Europa no es nadie en la Arena Internacional con mayúsculas ya que ni siquiera hemos sido capaces de desarrollar un sistema propio claro, sencillo y sin fisuras para presentar la Unión como un todo compacto, salvo en algunos aspectos de corte económico o presupuestario; y hasta en ello, hay grandes lagunas y muchas opiniones diversas.

Estos males endémicos, al igual que ha ocurrido con la mencionada locura separatista y libertaria, se han venido expandiendo a todos sus miembros, regiones, partidos políticos y poblaciones. Atravesamos uno de los peores momentos desde el fin de la II Guerra Mundial. Baste recordar algunos detalles como el Brexit, los problemas que atoran a países como Grecia a consecuencia de graves populismos, las derivas antieuropeas en Italia (con graves problemas para la formación de gobierno), Holanda, Austria, la propia Alemania, algunos países del centro y norte de Europa, así como en los conocidos como el Grupo Visegrado Cuatro (Hungría, Polonia, R. Checa y Eslovaquia) [2].

Nada está claro hoy en día en este enorme avispero; se han roto la concordia, las normas de trabajo o entendimiento, las tradicionales corrientes políticas y hasta las fundamentales reglas de enfrentamiento interno y externo. Además, y como amenaza más grave, revolotean sobre el mismo varias abejas reina con la intención de dominar este panal de forma total o parcial –Putin, Trump, algunos países de Oriente próximo y Medio y hasta el mismo Xi Jinping-.

Los países tradicionalmente más fuertes en las últimas décadas (Alemania y Francia) también atraviesan grandes y graves problemas de gobernanza y entendimiento político y sus actuales gobiernos están sujetos con alfileres o constantemente amenazados lo que les coarta la capacidad y posibilidad de grandes movimientos y, ni siquiera, de proponer y alcanzar acuerdos de calado que ilusionen e impulsen al resto.

En medio de toda esta grave marejada se encuentra España, navegando en un viejo y constantemente sacudido bote, cuyo cascarón puede que no resista los embates de una nueva y fuerte mar gruesa. Fuimos capaces de someter, en tiempo record y a toda prisa, nuestra maltrecha nave a una reparación de cierto calado; pero todos sabemos que no fue suficiente para emprender con plenas garantías grandes y peligrosas singladuras por el rumbo a tomar, la distancia a recorrer y los potenciales peligros a afrontar. Los materiales empleados y su forma de aplicarlos no han sufrido suficientes pruebas de resistencia y por ello, no sabemos hasta donde o cuando llegará su punto de rotura que pudiera poner en peligro la continuidad o el éxito de una larga y difícil singladura.

Antes y durante los tiempos de la ya casi superada crisis muchos, demasiados, de nuestros políticos de turno han sido tanto o más rastreros como la inmensa mayoría de los podridos políticos de bastantes países de nuestro entorno cercano y lejano. Baste con echar un vistazo a la prensa internacional y ver la cantidad de máximos dirigentes y personas con gran peso especifico en muchos gobiernos de todos los continentes –incluso en la propia Iglesia y las Organizaciones Internacionales o las principales ONGs- que están siendo juzgados o ya en prisión por culpa de sus insaciables deseos de enriquecimiento personal, desaforada corrupción, abusos de todo tipo y malversación de fondos oficiales o de ayudas internacionales.

Los infectos corruptos que amasaron bochornosas fortunas pudieron hacerlo gracias a tres grandes principios; su creencia en la falsa impunidad de sus cargos, la ausencia de una fuerte y completa legislación adecuada para combatir dichos atropellos y la necesaria cooperación y acicate de los alimentadores externos en toda corruptela. Ahora y debido a lo lento de nuestro sistema jurídico, muchos de los casos de hace más de diez años, aparentemente los más graves, acaban de ser juzgados o están en fase avanzada de que ello ocurra. Las diferentes y variopintas resoluciones dictadas por los tribunales sobre estos casos llegan por doquier y hasta se amontonan en las mismas fechas.

Nuestra tendencia a exagerar todas las cosas y a poner cara de incredulidad frente a hechos o resoluciones sobradamente conocidos de antemano gracias a las graves filtraciones de la administración de Justicia, las nocivas tendencias y maldades de grandes sectores de los medios y la reiterada, penosa y cuasi prevaricadora inclinación de los jueces y fiscales a la politización que les lleva a cargar las tintas con muy diferente vara de medir según sea la procedencia política del investigado o el encausado, hacen que cada sentencia, por mucho que haya sido filtrada y anunciada repetidas veces y hasta publicada por los medios o redes afines, suponga un "nuevo notición", un impacto vergonzoso del máximo calibre y, lo que es peor; que nuestros politiquillos de pocas luces, menos monta y faltos de todo escrúpulo a la hora de enarbolar argumentos que no encuentran en las sentencias que afecta sus propias filas, las lleguen a calificar de “alarma e indignación social a nivel nacional”.

La no aplicación de la presunción de inocencia hasta que cualquier investigado sea juzgado y su sentencia sea firme es otro mal genérico y endémico en España. Eso sí, y como ya se ha mencionado, siempre que el investigado pertenezca a la oposición ya que todos nuestros propios malos o graves pasos, no son más que ligeros pecadillos, inocentes despistes sin importancia, cosa de cuatro golfos o el fruto de determinados errores administrativos.

Con todas estas actuaciones impostadas solo se busca la cabeza o el cuello del adversario sea cual sea el motivo de su “escándalo”. No se atienden a otro tipo de soluciones intermedias y si para llegar a ello hace falta emplear la falacia, la posverdad o las fake news, no pasa nada.

No hay que menospreciar el enorme valor y apoyo que en toda esta sucia maniobra prestan los medios y las redes que se hartan de multiplicar sus intervenciones en ruedas de prensa, foros o tertulias y llenan portadas, editoriales y entrevistas de varias páginas, tomando arte y parte en apoyo claro a un grupo o dirigente político especifico según su editorial y sin tener en cuenta o profundizar en la realidad de los hechos. Estos "necesarios colaboradores" solo tratan de influir con su opinión publicada -totalmente sesgada y tremendamente partidista- en la maltrecha, manoseada y muy despistada opinión pública.

La búsqueda de posibilidades de alcanzar el poder fuera de los cauces normales de las urnas y el desaforado afán de protagonismo de algunos de nuestros dirigentes políticos son francamente patéticos. Mo hay más que estudiar la trayectoria del secretario general del PSOE, una persona de opinión y postura totalmente cambiante y hasta divergente, exagerada al máximo y falta de escrúpulos tanto dentro como fuera de su partido. Un hombre que es la tercera vez que lo intenta en tres años; que ha tenido a España sin gobierno y al borde del caos por más de nueve meses; que fue expulsado de su propio partido por sus peligrosas ideas y cercanías políticas por llegar a la Moncloa a cualquier precio; que recuperó su puesto con añagazas y maniobras fuera del uso normal; que antes de aquello, abandonó su escaño por no seguir las directrices de su partido –por entonces en manos de una gestora- a la hora de votar para formar gobierno tras tanta desazón y movimiento fallido; que es el principal responsable de que la aplicación del artículo 155 de la Constitución española se aplicara en su más baja intensidad en Cataluña; que dirige un partido que ha sido el único en ser juzgado y condenado en sentencia firme por corrupción en España[3]; que tiene a muchos de sus miembros en Andalucía – de los que destacan dos ex presidentes de la Junta y del propio PSOE y varios ministros de distintos gobiernos sometidos al famoso juicio de los ERE en el que se dilapidaron corruptamente y de forma clientelar el mayor botín jamás conocido en Europa cercano a los mil millones de euros; que actualmente la rama valenciana del partido está siendo investigada por diversas corrupciones similares a las tratadas en la Gurtel y que tiene pendientes bastantes casos de mucha enjundia sobre corrupción a los que habría que sumar otras muchas corruptelas que, casualmente, fueron archivadas por jueces muy o bastante cercanos o afines a su ideario.

Ahora, a pesar de todo lo anterior, aparece con cara de enfadado [4], tremendamente ofendido, inventándose no sé qué tipo de alarma social generalizada, mintiendo y escandalizando a todos incluso a él mismo mientras pretende endosar al partido del gobierno los peores males de la corrupción mundial, cuando en la sentencia de la Audiencia Nacional sobre el caso Gurtel del 24 de los corrientes y todavía no firme, se declara culpable al Partido Popular de una responsabilidad civil subsidiaria, que jurídicamente se conoce como “partícipe a título lucrativo” por una cantidad bastante inferior a los 300.000 € y que obligatoriamente implica, según el artículo 122 del Código Penal, "el desconocimiento de los hechos" [5] `por actos ilícitos llevados a cabo hace más de diez años y que ningún miembro del gobierno actual ha sido juzgado ni culpabilizado por ningún acto de corrupción coincidente o no con el caso en cuestión. 

Aunque la situación pueda ser muy fea, no hay que dramatizar, mentir ni exagerar. No se puede consentir ni respaldar que este hombre y su partido mientan tanto y tan burdamente y que, como consecuencia de ello, lleven la situación a límites extremos y propiciar una moción de censura con carácter de urgencia, sin conocerse su programa, idea de gobierno y la orbita de las posibles alianzas mayoritarias que la posibiliten.  

Tengo la sensación de que esta impostura de Sánchez responde a varios motivos de entre los que destacan: su eterna rabia y odio personal hacia Rajoy; sus irrefrenables ganas de alcanzar la presidencia del gobierno aunque no cuente con los votos y escaños que se precisan para ello; que los presupuestos generales del Estado acaban de ser consensuados, a pesar de su recalcitrante oposición y que su protagonismo político, según las últimas encuestas, va en alarmante sentido decreciente, incluso sin haberse desgastado en cuestiones de gobierno. Este podía ser el último tren al que subirse en marcha, si quiere algo de protagonismo y aumento de audiencia, aunque sea fugaz, en una Cámara a la que, como ya he mencionado, abandonó cobardemente al principio de esta legislatura.

Además de lo dicho, creo que ha sido determinante para esta reacción desmesurada el hecho de que el propio Rajoy, recientemente y de forma pública en la Cámara, le hubiera mencionado como ejemplo al destacar su apoyo “sin fisuras” al gobierno en el tema de Cataluña para afear ciertas “dudas” esgrimidas por el líder del partido de Ciudadanos. Sólo le faltaba esto, para perder aún más su poco prestigio. Debía reaccionar, fuertemente y rápido. Y aquí está su personal pasada de freno, como suele acostumbrar.        

Todo lo relatado sobre este personaje no es más que una pura y clara ausencia de sentido de Estado en dicho dirigente y en los agradecidos palmeros que le cobijan y jalean. Pero este defecto no es de su única exclusividad; en otros como en el Sr. Rivera –líder del partido Ciudadanos- es también claramente patente. Ambos buscan hacer ruido, enfollonar, lanzar rumores y sacar tajada de las broncas que levantan. Un personaje este que tiene muchas posibilidades de pasar a ser ejemplo de estudio en las facultades de psicología por su gran nerviosismo, rápidos y totales cambios de posición u opinión y por sus irrefrenables gestos de ansiedad. Alguien que lo mismo pacta con la izquierda como con la derecha y que trata de recoger constantemente votos en todos los caladeros sin importarle que estos provengan de partidos antagónicos, de no convencidos renegados de sus previas ideas partidistas, muchos desechos de tienta o tremendamente impacientes que, como él, solo pretenden su rápida gloria personal. Malos compañeros de viaje para cuando las cosas no vayan bien. 

En general y hablando de estos dos partidos, observo que no importa que estemos en pleno momento álgido en Cataluña, que afrontemos el tramo final de la salida de la crisis y que gracias a mucha mano izquierda y capacidad negociadora se puedan poner en práctica determinadas acciones de corte social que vienen bien a todos tras la reciente aprobación inicial de los presupuestos. El objetivo de ambos dirigentes es sentarse en la Moncloa, lo más rápidamente posible, sea cómo o con quien sea y para ello no se observan muchos reparos.

Tampoco importa que nuestra economía y prestigio pueden resentirse, como ya dio signos de ello nada más conocerse la noticia de la moción de censura. España, muy posiblemente, irá perdiendo -de forma aún más acelerada de lo previsto- parte del fuelle en su carrera hacia la recuperación y pronto abandonará el papel de motor de la misma en Europa.

A las incertidumbres y el alargamiento de la situación en Cataluña, solo le faltaba un empujoncito hacia las inestabilidades en la política general, institucional y presupuestaria del país en su conjunto. Debido a nuestra irreflexión y falta de miras políticas, hemos sido capaces de tirar por la borda muchos meses de esfuerzos, acuerdos y cesiones productivas en menos de 24 horas. Un tiempo record.   

Aunque, a la vista de lo visto recientemente en todas partes y también en España, todo puede ser posible; creo que nos encontramos ante una moción de censura, que tras el paso de las primeras y efervescentes horas se vaya tornando en extremadamente difícil por la postura divergente de Ciudadanos para apoyarla por su sentido, duración y calado y porque, de mantenerse en ello, se hará obligatoria la entente con todos los partidos separatistas y nacionalistas catalanes y vascos. Las exigencias de estos pueden ser tales, -de hecho, ya han asomado la patita- que hagan inviable todo acuerdo racional una vez más, y siempre que en la mente de Sánchez perdure algo de dicho raciocinio.    

De todo este embrollo, pienso que los únicos que sacarán algún beneficio son los populistas y los separatistas. Los primeros porque con todo este ruido organizado por las últimas detenciones y sentencias por corrupción, la gente, incluso la suya, se olvidará de la polémica levantada la pasada semana cuando saltó la noticia de la adquisición de una casa de lujo por parte del líder de Podemos y su actual pareja y vocal del partido en la Cámara de los diputados.

Escribo estas líneas tras saberse el resultado y la participación en la amañada encuesta –gestada y realizada recientemente al más puro estilo chavista por Maduro- en la que se trasladaba a sus bases la continuidad en los cargos de ambos. Ya sabíamos cuál iba a ser su resultado, aunque tras poder votar varias veces cada afiliado, muchos me parecen los que le han dado la espalda. 

A pesar de que el PSOE no apoyó a Podemos en la moción encabezada por Iglesias hace casi un año, ahora, estos se ven en la obligación de seguirles la corriente a aquellos; pero, seguro que esta posición e imagen de seguidismo y servilismo sin ambages será fácilmente superada al vendérsela a las bases como la verdadera responsabilidad de las izquierdas en contraposición a la vergonzosa postura adoptada por el PSOE en aquella otra ocasión.

Los separatistas y nacionalistas saldrán reforzados por dos motivos fundamentales; la disminución de la presión sobre ellos en momentos importantes y de cierta dificultad, lo que siempre aprovechan para ganar posiciones y aumentar el número de adeptos y el más que seguro resquebrajamiento de la posición común del lado llamado frente constitucionalista. El PSOE, obligatoriamente, deberá retractarse de su postura y ataques –incluso personales- hacia ellos; prometer el cese de la aplicación del citado artículo 155 o en caso de que forzosamente tuviera que implantarse de nuevo, realizarlo aún con muchas más limitaciones en su recorrido, alcance y grado de aplicación que actualmente. 

Un peligro, no menor, que una vez más pasará al debe de la hoja de servicios del PSOE a España. Hoja, últimamente muy mermada y mucho más llena de contras que pros. Tras los múltiples avatares, luchas intestinas y purgas internas, a la vista de lo sucedido en la reunión de su Ejecutiva del viernes pasado, está claro que hoy en día ya nadie es capaz de poner líneas rojas a los enjuagues y acuerdos de su secretario general; este tiene la vía libre para pactar con quien le venga en gana.

Llegado a este punto, es bueno recordar que nadie da nada por nada y mucho menos los nacionalistas. En el caso de su potencial apoyo, de producirse, deberá basarse en un sinfín de concesiones políticas y económicas y de públicas retractaciones de lo dicho y proclamado en su contra a nivel de grupo político y personal de sus dirigentes.

Por último, quisiera dedicarle unos párrafos al Partido Popular y a su presidente y presidente del Gobierno de España. Un partido que, sin saberlo, por exceso de confianza y falta de control interno ha incubado y propiciado el camino a muchos podridos corruptos, sobre todo en las épocas gloriosas del mismo bajo la egida de un engominado presidente que en lugar de reconocer su parte de culpa por aquellos nombramientos y aperturas de puertas falsas a las corruptelas, ahora se dedica echar más basura sobre los rescoldos de aquellos fuegos lo que hace que estos contaminen más el aire al quemarse lentamente.

Sé que han hecho mucho en el aspecto legislativo para poner control y coto al corrupto, pero no lo han sabido vender y en algunos casos aplicar adecuadamente. Incluso hoy en día, les cuesta proclamarlo a viva voz. Me alegro de que últimamente se hayan acabado los “queridos amigos” y los “deseos de fortaleza”; un poco tarde, pero bien si se hace de ahora en adelante.

Veo que siguen apabullados por las amenazas del enemigo político; se arrugan ante las mentiras de aquel y ello produce una doble sensación en sus seguidores y votantes; que todo sea cierto o que mucho deben callar para que no salga algo más. Pienso que esa no es la forma de defenderse; hay que desmontar una a una las falacias, mentiras e inventos del contrario.

No se refugien en las bonanzas económicas del pasado bajo su batuta y solo en ellas; saquen a la luz claramente e incidan en sus aportaciones a la regeneración política, sus medidas internas, los planes de futuro y desmonten las falacias del contrario en base a las patentes verdades que les den la razón. Salgan a la calle y a la opinión pública cuantas veces sea preciso.       

Lo que si puede parecer que queda claro con todos estos movimientos y actuaciones judiciales es la veracidad de la separación de poderes y la falacia de los que predican lo contrario. Si bien es cierto lo anterior, a la vista de los resultados de las sentencias, la continuidad y el abuso en las detenciones con penas de telediario -especialmente sobre personas que son o han pertenecido al PP- me atrevo a afirmar que los tres poderes del Estado están claramente separados, pero también sostengo que los administradores de la justicia pueden -ya que lo aparentan y mucho- estar demasiado influidos por la política e influenciados por la ideología que defiende cada tendencia en las que, individualmente, estos colectivos se agrupan e identifican.

También considero que debo denunciar en este mismo capítulo la peligrosa y creciente tendencia a justificarlo todo bajo el precepto de la “Libertad de Expresión”. Empiezo a alarmarme con tanto progre bajo una toga y tanto comprensivo social que apoya y anima a auténticos malhechores, maltratadores y difamadores.

Mucho me temo, que España, sigue manteniendo un penoso y dudoso privilegio. Me refiero, claro está, a ser el precursor de ensayos o campo de pruebas de movimientos, tácticas y materiales peligrosos. Tuvimos el “grave honor” de servir de ensayo a movimientos y nuevos tipos de armas o procedimientos bélicos protagonizados por fascistas y comunistas antes que estos se aplicaran en el resto de Europa. Gran parte del material y maquinaria bélica empleada en la guerra civil española fue testado con la finalidad de ser empleado posteriormente en la II Guerra Mundial; ensayamos y aplicamos los movimientos comunistas y sus graves represiones en el sur de Europa y yendo unos siglos más atrás, nos encontramos entre los precursores de llevar el pánico a Europa y en expulsar al pueblo judío de sus tierras y pertenencias. 

Por todo este largo relato me pregunto Quo vadis España. Estoy plenamente convencido de que estamos perdiendo o ya hemos perdido el oremus y la cordura. Además de la locura y el perjuicio a todo nivel que representa el separatismo y el independentismo, hemos dividido nuestro pensamiento y sentimiento político en cuatro partidos que, a tenor de las recientes encuestas, están muy cercanos los unos a los otros en intención de voto. Cuatro visiones de España bastante divergentes las unas de las otras y algunas, muy pocas, con ciertas coincidencias. Que están dirigidos y controlados por cuatro gallos que quieren dominar el mismo corral. A lo que hay que sumar los pequeños partidos nacionalistas y separatistas que siempre buscan uy encuentran provecho en sus acercamientos a unos u otros.

Creo que en este momento de zozobra y grave peligro político, económico e institucional haríamos todos muy bien en hablar claro, dejarnos de añagazas o mentiras y desear que sean los españoles de buena voluntad los que decidan, con sus votos y cuando se les convoque por quien tiene la facultad de hacerlo, que es lo que precisamos para cada momento. Que no se confundan ni dejen impresionar por aquellos que sistemáticamente emplean la mentira; cualidad esta que tiene las patas muy cortas y siempre trae malos resultados. Espero y deseo que no seamos, de nuevo, un mal ejemplo para Europa. La última vez, nos costó muy caro a todos.  

[1] https://sites.google.com/site/articulosfjavierblasco/de-la-estrategia

[2] http://es.euronews.com/2018/01/27/los-4-de-visegrado-piden-una-ue-menos-...

[3] http://www.elmundo.es/especiales/2007/10/comunicacion/18elmundo/filesa.html

[4] Pose que tiene perfectamente estudiada y aprendida de sus asesores de imagen.

[5] https://www.larazon.es/espana/el-pp-recurrira-la-sentencia-porque-en-nin...