Nour Azuagh Belkadi. Estudiante de Farmacia en la Universidad Alfonso X El Sabio.

“Primavera árabe”. Año 2010. En Túnez se vivía uno de los acontecimientos históricos del país, que acabaría siendo emblema representativo del pueblo árabe en protesta y lucha por sus derechos, notablemente exigiendo cambios dentro del cuadro sociopolítico.

Sin embargo, y tras 9 años desde aquella bomba de relojería (que acabaría explotando tarde o temprano), en Argelia la sociedad se manifiesta de forma pacífica por un contundente cambio político y por una legítima votación por parte de los argelinos, deseosos de que se instaure una democracia, tal y como Túnez exigía en su día.

Cambios, avances, mejoras: en Argelia la petición popular a favor de una reforma política que sanee tanto la estabilidad económica como social del país es un hecho inminente. Y una forma de reivindicar y de manifestarse es a través de las redes sociales, una vía de comunicación más que usual para el ejercicio de la Iibre expresión individual o colectiva (eso sí, en caso de que no te censuren en el país donde residas…).

Hace unos días un familiar me envió la captura de imagen de un tweet un tanto peculiar y a la vez magnífico. Una mujer (de la cual no daré su nombre de usuario real por respeto a su privacidad, sin necesidad de tener que apropiarme de su alegato en ningún momento) compartía públicamente la siguiente imagen acompañada del siguiente mensaje en árabe: “No nos encasillen en 3 palabras, Argelia es tierra de diversidad. Queremos una constitución para TODOS”. Y, justo a continuación, los símbolos de todas las religiones existentes en el mundo (y no solo las 3 religiones monoteístas reconocidas hasta la fecha).

He de decir que, en primer lugar y lejos de emocionarme, temí de que se tratara de un fake (bulo informativo) y sentí rabia al tratarse de un tema que, según mi punto de vista, no ha de tratarse a la ligera. Pero seguí investigando, y el perfil de Twitter de Salima (nombre ficticio) estaba inundado de fotografías relacionadas con las últimas manifestaciones producidas en Argel y en otras ciudades del país magrebí. Fue entonces cuando mi pesar y enojo se transformaron en una inmensa alegría. ¡Era algo impensable e inimaginable para mí hasta entonces! Que en un país se reivindique de esa manera no sólo el derecho de profesar la religión que uno crea conveniente, sino la pluralidad de creencias religiosas y que se trate de hacerlas visibles al mundo (árabe, en este caso).

Una revolución espiritual y primaveral: símbolo de renovación, de concordia entre los distintos credos. La sociedad árabe, aunque no siempre con la misma implicación o con el mismo empeño, se enfrentan a una larga lucha por la libertad religiosa. Pero, analizando la situación detalladamente, para muchas personas creyentes en Dios, la religión forma la base de su forma de vida: de un modelo de familia, de un modelo social, cultural, y hasta de personalidad… En verdad, se está negando a miles de persones el derecho de vivir conforme a sus ideales. ¡Es algo intolerable! La libertad religiosa es, simplemente, la libertad de vivir, simplemente. La revolución espiritual, señores, ha llegado por fin a Oriente.