Roberto Mateos

La seguridad, pública y privada, no es un coste es una inversión, y ya no sólo una inversión económica, sino una inversión democrática y social, es invertir en la dignidad de las personas, en sus derechos, en el libre desarrollo de su personalidad, en el respeto a la Ley y en los derechos de los demás. La seguridad es invertir en libertad.

Este pasado fin de semana, como en otros anteriores y como ocurre cada vez con más frecuencia, un policía local de una ciudad española ha sufrido una brutal paliza cuando cumplía con su deber llegando incluso, como ocurre en el 70% de estos casos, a serle arrebatada el arma reglamentaria, poniendo en peligro la vida del agente y la de cualquier persona que se encontrara en el lugar.

El agente iba solo, en lo que se conoce como patrulla unipersonal.

Debido a la crisis económica y a los recortes presupuestarios, las plantillas de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad no se van renovando con una frecuencia y número de agentes deseable, con lo que el número de efectivos se ha visto mermado considerablemente hasta el punto, en algunos casos, de tener dificultades para cubrir los servicios de seguridad que tienen encomendados, con lo cual y pese a que existen nuevas formas de delincuencia y el nivel de alerta terrorista es muy elevado, en ocasiones, les es complejo garantizar la seguridad ciudadana, y la propia del agente, en condiciones óptimas.

Una solución (de despacho) para poder cubrir los servicios es dividir la plantilla, es decir, en donde antes iba un binomio de agentes, (unidad mínima para ofrecer ciertas garantías), ahora, en muchas ocasiones, va un agente solo.

Los servicios de patrulla unipersonales suelen fijarse en tres modalidades distintas que se utilizan dependiendo de los medios existentes en el momento de montar el servicio. La primera modalidad (básica), es mayormente utilizada por las corporaciones locales con menos recursos humanos, consiste en un solo agente que patrulla en solitario durante el transcurso de su servicio. La segunda (fraccionada), consiste en fraccionar la patrulla normal (de dos agentes) y que, por separado, vigilen zonas cercanas el uno del otro y la tercera (compuesta), consiste en la integración, de una patrulla unipersonal a una patrulla en binomio, en la que ambas patrullas estén coordinadas permanentemente.

Esta solución salomónica, muy vistosa pues aparenta más presencia policial en la calle, a la larga, puede derivar en falta de efectividad y operatividad, pudiendo poner en riesgo la vida del agente y la seguridad de los bienes a proteger (ciudadanos). Esta indeseable situación ya ocurre en la seguridad privada, en la que la proliferación de empresas que cometen ilegalidades y clientes que solo buscan el ahorro de costes, sin importarles lo más mínimo la seguridad, fomentan la carencia de medios disponibles y la situación de desamparo a sus agentes, en estos casos los servicios unipersonales son lo más habitual, ofreciendo mínimas garantías al cliente, con un alto índice de agresiones a los agentes y una escasa efectividad.