Javier Fernández Arribas

Pie de foto: El ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Sergei Lavrov, y la Alta Representante de la UE para la Política Exterior, Federica Mogherini.

No mejoran las relaciones de la Unión Europea con la Rusia de Vladimir Putin. Ni siquiera se mantienen las formas. El último encontronazo se ha producido cuando Federica Mogherini, la Alta Representante de la UE para la Política Exterior, ha filtrado un comunicado poniendo en duda la pluralidad en Rusia y la limpieza del proceso electoral de las presidenciales del año que viene tras la exclusión de uno de los principales adversarios de Putin.

El más peligroso para sus intereses de renovación de mandato. Se trata de Alexei Navalni, un abogado de 41 años, con muchos seguidores en internet. Su candidatura ha sido rechazada por la Comisión Electoral Central debido a sus antecedentes penales por condenas acarreadas por su oposición al líder del Kremlin. Navalni ha anunciado recurso, por un lado, y boicot a las elecciones, por otro. La experiencia nos ha enseñado que los opositores de aquellos países con un régimen más o menos dictatorial que han dejado libre la silla, le han hecho un favor al dictador de turno.

La silla también es ocupada en beneficio del régimen, por mucha protesta o evidencia que pueda producirse por la ausencia de votantes. Un ejemplo reciente lo hemos visto en Venezuela donde el régimen chavista se ha visto favorecido por una oposición que decidió protestar por la falta de libertad y la represión, y lo que ocurrió es que ahora es el presidente Maduro quien maneja mucho más poder local y regional.

Está claro que Vladimir Putin, que se presenta sin partido en esta ocasión, no quiere sorpresas con Navalni. Lo curioso es que en las últimas horas se ja inscrito una supuesta opositora a Putin, Ksenia Sobchak, periodista, hija del que fuera alcalde de San Petesburgo y primer mentor en la carrera política de Putin. La impresión general es que es una nueva maniobra de Putin para aderezar el escenario electoral y poder rebatir acusaciones como las formuladas por Mogherini.

Un nuevo mandato del nuevo zar ruso parece inevitable en un momento de malas relaciones con la Unión Europea y Estados Unidos, a cuenta de la grave crisis en Ucrania y las sanciones impuestas al Kremlin; de gran protagonismo ruso en Oriente Medio con su victoria militar en Siria, en apoyo al régimen del presidente Al Asad y postulándose como mediador en el conflicto con Corea del Norte.

Europa critica con razón, con intereses muy relevantes en juego, pero Putin lo tiene todo bien atado, por el momento.

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