Javier Fernández Arribas

Tensión y distensión en la escena internacional en las últimas horas. La escalada de la tensión en Siria ha provocado el derribo de un avión ruso y la muerte de los 15 ocupantes del aparato. En principio, el misil que ha derribado el avión ruso ha sido disparado por Siria. La justificación de esta situación se centra en la maniobra de evasión de un avión caza israelí que, se supone, ha utilizado como escudo al aparato ruso para evitar el ataque de las defensas antiaéreas sirias que respondían a un ataque israelí contra un convoy de armas para la milicia chií libanesa Hezbollah y las tropas iraníes desplegadas en Siria.

Rusia ha sido víctima de los manejos políticos, diplomáticos, económicos y militares que le permiten consolidar e incrementar su presencia estratégica en Siria y garantiza su salida al Mediterráneo. Durante los últimos días se ha celebrado diversas reuniones al más alto nivel entre los dirigentes de Rusia, Siria, Irán y Turquía para gestionar lo que se presenta como el golpe final del régimen sirio del presidente Bachar Al Assad, contra la oposición en la región de Idlib. Después de muchas negociaciones, se consiguió que el Ejército sirio repensara su ataque final contra las fuerzas de la oposición que resisten a la desesperada.

Turquía no estaba de acuerdo y tuvo que presionar a fondo creando una tensión en la zona muy peligrosa al desplegar carros de combate en la zona. Estos juegos de guerra donde se dilucidan todo tipo de intereses e influencias tienen el riesgo de un contratiempo inesperado porque las personas que manejan los sistemas de armas están sujetos a mucha tensión y a tomar decisiones en poco tiempo. Recordar que, hace pocos años, la tensión entre Turquía y Rusia alcanzó cotas muy preocupantes por el derribo de un caza ruso por parte de las defensas antiaéreas turcas. Encima de la mesa se contempla ahora el final de la guerra en Siria, con el dictador Al Asad como vencedor con el apoyo interesado de Rusia que vende sus sistemas de armamento en la región, consolida sus bases marítimas y aéreas en Siria, recupera buena parte de su papel de superpotencia y logra capear la crisis económica por la recuperación del precio del petróleo. Occidente está más pendiente de las zancadillas comerciales de Trump y de la propia reforma de la Unión Europea, con un enorme desafío electoral el año que viene.