Anwar Zibaoui

El Referéndum por la reforma constitucional en Turquía lo ganó Erdogan pero con una victoria disputada y bajo sospechas. El presidente turco ha construido gran parte de su éxito en el auge económico. Sin embargo, la economía empezó a decaer en los últimos meses y el deterioro puede que haya podido afectar al resultado ajustado de la votación. Seguramente la reforma fortalezca sus poderes, pero mientras tanto la economía está a medio gas y con serios problemas.

La inflación ha alcanzado el 11,29%, su nivel más alto desde 2008, y el desempleo llega al 10,9%, un 19,6% entre los jóvenes. Además, la lira ha perdido el 3,9% de su valor frente al dólar. Todo ello en un entorno de incertidumbre política y económica.

El gobierno considera que la situación económica mejorará una vez aprobada la consulta. Sin embargo, los problemas tienen raíces más profundas: un gran déficit en cuenta corriente, unas tasas de ahorro crónicamente bajas y la economía informal. Además, el 2016 estuvo marcado por el fallido golpe de estado,y una ola de ataques terroristas vinculados con el Daesh y el PKK Kurdo. También influyeron la tensión con Rusia y con la UE y la guerra en Siria, que impactaron sobre todo en el turismo, sector que representa el 10% del PIB y emplea 2,5 millones de personas.

El ejecutivo maniobra con estímulos para el consumo interno y financia grandes proyectos tratando de mantener a flote la economía y evitar el descontento. El tobogán de la lira ha beneficiado las exportaciones a Europa, su principal mercado y la economía creció un 2,9% en 2016.

La economía turca es lo suficientemente fuerte como para soportar las tormentas, con un PIB de 800.000 millones de dólares y una población de 78 millones de personas, una ubicación geográfica que proporciona acceso a 1.600 millones de personas en los mercados de Europa, Oriente Medio y Asia Central, instituciones modernizadas y un clima de negocios abierto. Pero necesita crecer más del 4% para continuar creando empleo y atrayendo inversores extranjeros muy necesarios para la financiación de un déficit del 4,5% del PIB.

En los últimos 10 años creció el número de empresas españolas establecidas en Turquía, llega a 610 y las inversiones de España en el país superaron los 10.000 millones de euros, con un volumen del comercio bilateral de 9.800 millones. Se teme que la aprobación de la reforma aumente el control del presidente sobre la política fiscal y monetaria. También que haya más arbitrariedad y un deterioro del entorno económico, una tendencia que podría afectar a las esperanzas de los turcos de poder unirse algún día a la Unión Europea.