Javier Fernández Arribas

Turquía se rebela públicamente contra Estados Unidos con unas consecuencias preocupantes para la estabilidad de la región, para las relaciones bilaterales y para las operaciones norteamericanas en Oriente Medio que han tenido habitualmente el apoyo logístico del uso de la base turca de Incirlik. Y también para los aliados de la OTAN donde el país árabe ha jugado siempre un papel muy destacado, con un Ejército bien equipado y bastante operativo.  

Una Turquía que aspiraba a ingresar en la Unión Europea por la receptividad y el interés  demostrado por varios países importantes, a pesar de las diferentes raíces, costumbres y religión que terminaron por imponerse frente a los que impulsaban, además, una Alianza de Civilizaciones que ahora subsiste con más voluntad que ánimo real. En 2010, el presidente Recep Tayip Erdogan recibió el portazo europeo y decidió construir una Tuirquía fuerte con un protagonismo propio en la región.

Reformó la Constitución, con bastantes problemas, reforzó su poder y, actualmente, intenta ser el nuevo Sultán que no está dispuesto a permitir que los kurdos puedan ni siquiera soñar con un Kurdistán independiente, tras muchos años de luchas y enfrentamientos. Milicias kurdas que han luchado estos años contra los terroristas del Daesh en Siria y en Irak y aparecen como una amenaza que Erdogan pretende zanjar con la operación militar Ramo de olivo que inició el pasado sábado en el norte de Siria. El presidente turco ha acusado a Estados Unidos de facilitar las armas que no vendió a Turquía, a los grupos kurdos; altivo y provocador, ha afirmado que no necesita permiso de nadie y que la operación durará lo que haga falta. Washington había pedido que fuera limitada.

Además, Erdogan saca pecho y se jacta de tener el apoyo de Rusia. Un nuevo punto de guerra fría entre las dos superpotencias creada por la crisis de Ucrania y alimentada por las guerras y los intereses entrecruzados en Siria. En la OTAN preocupa profundamente que Turquía se salga de las líneas de actuación de la Alianza, se enfrente públicamente con Estados Unidos y, sobre todo, que haya cerrado filas con un personaje como el presidente ruso, Vladimir Putin, que está haciendo todo lo posible por desestabilizar a los países de la Unión Europea, a los Estados Unidos con sus ciberataques y sus operaciones de noticias falsas a gran escala con el objetivo prioritario de que se levanten las sanciones impuestas por la crisis de Ucrania.