Carlos Miranda. Embajador de España/merca2

Fumata blanca en Bruselas el martes pasado. Inesperada y sorpresiva, aunque no sorprendente. Después de varios tiras y aflojas, Angela Merkel comprobó lo que todos los poderosos descubren cuando se están yendo: que ya no les hacen caso. Primero le rechazaron al “spitzenkandidat” (cabeza de lista) del Partido Popular Europeo, Manfred Weber, por falta de experiencia ejecutiva para encabezar la Comisión. Tampoco le gustaba a Merkel …

A cambio, Weber presidiría el Parlamento Europeo dentro de dos años y medio, tras el recién elegido David Sassoli, un socialista italiano que ha desbancado a un socialista búlgaro acordado en ese “reparto en los despachos” de los altos puestos de la Unión Europea sancionado, luego, por los 28 Estados miembros. Este Parlamento cada vez más aspira a vida propia. No sería de extrañar que cuando la nueva Comisión se presente ante el mismo para su ratificación, los parlamentarios rechacen a alguno de sus miembros. Aunque solo sea para afirmarse.

Eliminado Weber, Emmanuel Macron y Pedro Sánchez pensaron en encaramar al frente de la Comisión al “spitzenkandidat” socialista, Frans Timmermans, actual vicepresidente de la Comisión y antiguo primer ministro holandés.

No sería de extrañar que cuando la nueva Comisión se presente ante el Parlamento para su ratificación, los parlamentarios rechacen a alguno de sus miembros

Macron (a pesar de aborrecer la formula del “spitzencandidat”) y Sánchez abogaron por el “cambio”. Tras lustros de Presidencia conservadora de la Comisión, “tocaba” ahora un socialista. Merkel dio su beneplácito por apoyar la formula del “spitzenkandidat”, más transparente al señalar previamente los candidatos a presidir la Comisión.

Sin embargo, Timmermans no era aceptable para la derecha integrista imperante en los países de Visegrado (Polonia, Chequia, Eslovaquia y Hungría) ni para Italia, todos ellos enemistados con él por su defensa de los valores democráticos y humanos en sus países (¿no lo sabría ya Merkel, la más lista?). Los diputados del PPE le dijeron asimismo a la Canciller que habían obtenido más escaños que los socialistas por lo que no deseaban ceder esa Presidencia. Timmermans cayó.

La clave de bóveda

Así las cosas, entraron las prisas porque el miércoles el Parlamento Europeo elegía a su presidente y, debido a los complejos equilibrios comunitarios (de género, países, partidos, etc.), había que impedir que el Parlamento condicionara a los 28 Estados (esto es aún una Unión de Estados). Con las prisas, sale cualquier cosa. ¡Hasta buena!

Hubo, pues, que recurrir al autentico poder de base de la Unión: Alemania y Francia, que son su clave de bóveda. Combinaron en la coctelera una alemana conservadora para la Presidencia de la Comisión que no era “spitzenkandidat” (Macron y Merkel contentos), una francesa conservadora para dirigir el Banco Europeo (Macron encantado), un español progre para la Política Exterior (Sánchez en la gloria), un belga liberal francófono para presidir el Consejo Europeo (Macron satisfecho) y un socialista búlgaro para encabezar el Parlamento Europeo y que éste descabalgó.

La presidenta designada de la Comisión, Ursula Von der Leyen, quiere unos EEUU de Europa. Sabe de internacional y de defensa (ministra del ramo). Magnifico para la Unión y para la OTAN. Sin embargo, no tiene buena prensa en Alemania. Sus compañeros socialistas del gobierno le pusieron la proa. Merkel, vieja mentora suya, tuvo que abstenerse. Quizás, a Von der Leyen le pase como a Helmut Kohl y a la propia Merkel: llegaron con bajas cotizaciones que luego subieron.

Christine Lagarde será más financiera que monetarista en el BCE y con cuentas, dicen, más flexibles que sus predecesores. Charles Michel, como cualquier primer ministro belga, sabe organizar acuerdos, su principal función al frente del Consejo Europeo. Josep Borrell deberá rellenar una cartera cuyo contenido depende del que le dé su titular. Desde Javier Solana falta un Alto Representante con carácter. ¿Servirá para parar algún pie separatista catalán? Debiera.

Entre estos mirlos hay dos mujeres y tres hombres; dos conservadores, dos socialistas y un liberal; y todos son de la Europa occidental (antes, Polonia, con Tusk, tenía la presidencia del Consejo, pero los visegradinos son ahora menos europeístas). Un entendimiento entre populares, socialistas y liberales del que podrían aprender en España.