Manuel Hernández Ruigómez. Diplomático/The Diplomat 

Parecía que la polémica que hace unos años ocupó nuestros medios de comunicación y las redes sociales sobre el cambio de zona horaria para España había caído en el olvido. Sin embargo, hace unos días, en una intervención pública, el presidente del Gobierno se refirió a este asunto enmarcándolo en el logro de horarios más racionales. En efecto, que España regrese a su zona horaria natural (la del meridiano de Greenwich) es más que conveniente. Así lo concluyó, sin ningún voto en contra, una subcomisión del Congreso de los Diputados en 2013. Es decir, alinearnos con Canarias, el Reino Unido y Portugal cuya hora oficial tiene sesenta minutos menos que la de la España peninsular.

El gran absurdo es que la España peninsular más las Baleares comparten hoy la misma hora que Hungría y Eslovaquia: el huso horario de la Europa central. Pero conviene no olvidar que Madrid está a 2.520 kilómetros al oeste de Budapest. Esta distorsión hace, por otra parte, que durante el horario de invierno (ahora) haya dos horas de diferencia con Irak, hacia el este, con una distancia de 5.712 kilómetros entre Bagdad y Madrid; mientras que, hacia el oeste, tenemos una diferencia de cinco horas con la República Dominicana, cuya capital está a 6.705 kilómetros de Madrid, menos de mil más. En verano, cuando adelantamos los relojes, es todavía peor: tenemos una diferencia de sólo una hora con Irak y de seis con la República Dominicana. Cabe preguntar: ¿Es España un país oriental dentro de Europa? Mirando al reloj se diría que lo es.

Pero esto no es, con todo, lo más grave. Lo realmente preocupante son las consecuencias que esta alteración tiene en la salud, en los ciclos circadianos, en la conciliación de la vida familiar y laboral y en los horarios en general, como destacó el Congreso de los Diputados. Regresar al horario de Greenwich, meridiano que por cierto pasa por España, haría que trasnocháramos menos y, en consecuencia, nos costara menos madrugar, mejorando nuestra productividad. Pero lo más beneficioso sería, según los expertos y según el Congreso de los Diputados, que los ciudadanos tendrían más tiempo para la familia, el ocio o la formación individual: dormiríamos una hora más y madrugaríamos menos, aparte de que modificaríamos los absurdos horarios que tenemos de comidas, cenas y telediarios.

“Regresar al horario de Greenwich haría que trasnocháramos menos y mejorara nuestra productividad”

También conseguiríamos una mayor cercanía con los países americanos, con algunos de los cuales nos separan siete horas (en invierno) y ocho en verano. En efecto, cada vez hay más ciudadanos unidos por lazos familiares o de amistad a uno y otro lados del Atlántico, así como empresas y sus empleados.

El presidente Rajoy ha calificado la situación horaria de España “de sinsentido”. Y lo ha circunscrito a la necesidad de lograr la conciliación y racionalización de horarios, para lo que ha pedido “un gran acuerdo nacional”. Claro que no se puede proceder en ese sentido si antes no se alcanza un consenso para adelantar una hora el huso horario de España. Como dice la profesora Nuria Chinchilla, nuestro absurdo horario hace que vivamos en un “jet lag” permanente.

Junto al problema de vivir alineados con la hora de la Europa central, está el de modificar la hora dos veces al año: al entrar en la primavera y al finalizar el mes de octubre. A ello nos obliga una Directiva de la UE, la 2000/84/CE, del año 2001. Recientemente, el Parlamento Europeo ha solicitado a la Comisión Europea que estudie la eliminación de la obligatoriedad del doble cambio de la hora. Parlamentarios de Finlandia han demostrado que el supuesto ahorro económico que esta medida genera es falso o mínimo. Con todo, el proceso no es sencillo, porque tras el estudio de la Comisión, lo tendrían que apoyar el propio Parlamento y, finalmente, el Consejo Europeo.

Pero es urgente ponerlo en marcha. Con independencia de ello, lo que España puede hacer ya es alinearse con el huso horario de Portugal y del Reino Unido. Nada tienen que temer los intereses turísticos de las regiones orientales: los turistas seguirán llegando por mucho que anochezca una hora antes. Todo el mundo sabe que los visitantes que llegan a Baleares, Cataluña, Comunidad Valenciana o Andalucía no van a la playa a las 20h, 21h o 22h. En cambio, continúan en las calles a las 23h y hasta la madrugada, para lo que no es impedimento que no haya sol.