Carlos Penedo. Columna de opinión publicada también en Estrella Digital.

Un periódico alemán en papel -'Der Tagesspiegel'- ha publicado recientemente en decenas de páginas el nombre y apellidos, origen y circunstancias de la muerte de miles de ahogados en el Mediterráneo, concretamente 33.293 personas que han fallecido intentando alcanzar Europa desde 1993.

La fuente es una red holandesa contra el racismo y la intolerancia -UNITED-, con la que cooperan medio millar de asociaciones por todo el continente, que recopila muertes documentadas.

Buena idea: poner cara a los problemas, personalizar la información.

Cuando se publica que una estampida de marroquíes causa equis muertos cuando acudían a recibir comida en Esauira se utiliza un término habitualmente empleado con animales y colectivos uniformes; nunca escribiríamos que una estampida de madrileños en el Madrid Arena causó la muerte de cinco chicas. Hay que poner cara a la noticia y evitar el racismo verbal.

Sea por refugiados políticos, inmigrantes económicos o ambas situaciones combinadas de miles de personas tratando de cruzar las fronteras de Europa el fenómeno ha estado de actualidad y se va a continuar acrecentado, aunque con algunos cambios.

En este 2017 se ha duplicado la llegada irregular de extranjeros a España por mar, en una cifra que se acerca a las 20.000 y es la mayor desde la crisis de los cayucos a Canarias de hace una década. Los últimos proceden de países del sur del Sáhara en la mitad de los casos y destaca la presencia creciente de marroquíes y argelinos; y también es en parte novedosa la zona de llegada a las costas españolas, Granada, Almería, Murcia y Alicante a través del mar de Alborán.

La OIM, Organismo de las Naciones Unidas para la Migración, informa de que 160.000 migrantes y refugiados han sido localizados alcanzando Europa por vía marítima este año (hasta el 19 de noviembre), con casi el 75 por ciento llegados a Italia (115.000) y el resto dividido entre Grecia (25.000) y España.

La cifra total representa la mitad de las llegadas a Europa por mar en 2016, bajan los números pero se observan indicios de un cambio de las rutas de entrada hacia nuestro país.

Existen otros dos elementos que pudieran influir en un cambio en las tendencias conocidas hasta ahora. Por una parte, la recuperación económica, si bien matizada por la precariedad laboral, es y ha sido siempre el primer efecto llamada para cruzar el Mediterráneo.

Otra circunstancia reciente es el fin probable a corto plazo del territorio controlado por el Dáesh en Siria e Irak, lo que debería reducir sensiblemente el impulso de los habitantes de la zona a escapar e incluso regresar en algún caso, siempre que no ocurra un nuevo incendio ahora en Líbano como algunos parecen estar alentando con voluntad pirómana.

En cualquier caso, la nacionalidad de los refugiados supera con generosidad a los procedentes de Oriente Próximo, quienes no suelen elegir España para entrar en Europa.

En los últimos años, coincidiendo con una grave crisis económica, se ha tratado a los refugiados políticos como a inmigrantes económicos; ahora se corre el riesgo de tratar a los inmigrantes como refugiados, mal en cualquier caso y sin un criterio comunitario compartido.

Ambos países bajo gobiernos conservadores, Alemania ha recibido a cientos de miles de refugiados y España a poco más de 2.000.

Desde el acuerdo entre la UE y Turquía de marzo de 2016 se ha conseguido reducir la presión migratoria en el Mediterráneo oriental, no relacionada con el incremento actual en el Mediterráneo occidental que más nos afecta.

La respuesta a estas crisis migratorias como UE ha sido escasa y centrada en la puesta en marcha de mecanismos de seguridad, con medios militares en el Mediterráneo (operación EUNAVFOR MED Sophia), seguridad que casi nunca suele funcionar por sí sola para resolver problemas, sí para ganar tiempo para la política, para la acción política, cuando se produce.

Allá por 2006 con 30.000 personas llegando a las costas canarias el Gobierno fue conformando una serie de actuaciones que se acabaron llamando Plan África, que incluía la presencia de la Guardia Civil en Mauritania y Senegal apoyando a las fuerzas de seguridad locales -allí continúan- acompañado de iniciativas de desarrollo, Plan que se truncó con la crisis más allá de la presencia policial de la que poco se informa.

Todo parece indicar que asistimos a un nuevo repunte en la llegada de refugiados e inmigrantes a España, sin olvidar nunca que las cifras son muy inferiores aún a otras partes del Mediterráneo.

Los medios de primera asistencia no parecen preparados, y el avanzado mecanismo tecnológico que vigila las costas de la península podrá certificar la llegada, no evitarla.

Nadie podrá decir que la situación nos ha cogido por sorpresa.

Por experiencia propia y cercana, por recursos, por indicios, la imprevisión en temas de inmigración hoy no sería admisible.