Domingo, 16 de Junio de 2019

Opinión

Irán ejecuta a Reihané Jabbari

Irán ejecutó a una joven condenada a la pena capital por matar a su agresor sexual. La joven, que se llamaba Reihané Jabbari y tenía 26 años, fue condenada a morir ahorcada por haber matado al hombre que intentaba violarla. El régimen iraní retrasó unos días la ejecución debido a las presiones de Amnistía Internacional (AI) y de Human Rights Watch (HRW). Después, el monstruoso sistema político y social que oprime Irán desde hace varias décadas, fiel a sí mismo, asesinó a Reihané Jabbari. Lo confirmó su madre, la conocida actriz iraní Shole Pakravan: “¡Han ahorcado a mi hija, han ahorcado a mi hija!”, se lamentó entre sollozos la pobre mujer, en unas declaraciones que hizo a la agencia Efe. Los familiares de Reihané Jabbari esperaban este trágico desenlace, después de las reiteradas negativas a perdonarla de la familia del presunto violador, el médico Morteza Abdolalí Sarvandí, que había trabajado para el Ministerio de Inteligencia. A finales de septiembre, la joven, que llevaba siete años y medio en prisión y tenía 19 años en el momento de los hechos, en 2006, fue trasladada desde el centro penitenciario en el que cumplía condena a la cárcel de Rajaishahr, cerca de Teherán y donde se realizan ejecuciones. Estado Unidos y la Unión Europea (UE) pidieron clemencia a Teherán, y más de 240.000 personas firmaron una carta impulsada por la plataforma Avaaz para exigir la suspensión de la ejecución al entender que la joven “actuó en defensa propia”. La red social Facebook fue el marco que utilizaron los promotores de diversas campañas para apoyar su causa, con páginas tituladas “Yo soy Reihané Jabbari» y “Salvemos a Reihané Jabbari de la ejecución en Irán”.

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Hacia un nuevo Marruecos

Es evidente que el Reino de Marruecos, uno de los países más importantes del Magreb, que forma parte de la UMA (Unión Magrebí Árabe), se está convirtiendo, por méritos propios, en un verdadero referente en África y en el mundo. No es de extrañar, pues, que todos los días aparezcan en la prensa española e internacional noticias sobre este país, en las que se constata su imparable desarrollo y crecimiento, y las inmensas posibilidades que ofrece Marruecos como imprescindible ‘partenaire’ en la cooperación al desarrollo sostenible. Así lo ha reconocido el presidente de la Cámara de Comercio de los Estados Unidos en Marruecos, Walter W. Sioffi, al declarar que Marruecos ofrece, en un contexto internacional difícil e inestable, una plataforma “creíble y atractiva” para los inversores extranjeros. No en vano, el país magrebí se ha situado ya como el auténtico ‘hub’ de África gracias a su posición geoestratégica, sus infraestructuras y su inequívoca proyección internacional; avalada por unos cuadros dirigentes muy preparados y cualificados y una diplomacia muy profesional y tenaz, que conoce perfectamente su cometido y objetivos. Todos esos logros no son causales, pese a la contrastada laboriosidad, buen hacer y patriotismo del pueblo marroquí. El gran artífice del nuevo Marruecos, del Marruecos del siglo XXI que se vislumbra ya es, sin discusión, el Rey Mohamed VI; quién, con su clarividencia de gran estadista, visión de futuro y su decidida apuesta por la modernización y desarrollo de su país, está situando a Marruecos en el lugar que le corresponde en el concierto mundial. Porque, el Soberano marroquí ha cogido las riendas de Marruecos con mano firme, al tiempo que dialogante, y ha marcado claramente las directrices tanto de la política interna, como de la política exterior basada, sobre todo, en la cooperación al desarrollo con los países africanos hermanos. De ahí que al Rey Mohamed VI se le considere el “Paladín del Panafricanismo”; término acuñado por el que suscribe, y que ya forma parte de la nomenclatura internacional. En este escenario, y según ha afirmado el director del Departamento del Magreb del Grupo del Banco Mundial (BM), Simon Gray, Marruecos ha erradicado la pobreza extrema y reducido la pobreza relativa, lo que es bastante significativo.

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El final feliz de la primera crisis del ébola en España y un plan África de Europa y América

La victoria sobre el ébola de Teresa Romero en Madrid, primer caso de contagio fuera de África, ha dado un respiro a España, que, en el seno de la UE, recobra su prestigio sanitario y político al haber sido también el primer país comunitario que decidió repatriar a misioneros enfermos en hospitales de Liberia y Sierra Leona. Canarias, asimismo, vio alejarse el peligro de un brote en casa de esta enfermedad que carece de vacuna, tras dar negativo el test del virus en un cooperante hospitalizado a la primera sospecha tras regresar de la región afectada. Coincidiendo con esta crisis, se detecta un inusitado interés por África. La ONU confía en poder utilizar el aeropuerto de Gran Canaria como puente de sus misiones humanitarias. África está en el candelero, y por una vez, ébola al margen, figura en la agenda de las islas y del Estado. Tras un período de cierta irrelevancia que siguió a la ola migratoria desatada hace veinte años, Canarias mira a África con insistencia y por motivos diferentes. En Madrid pasa otro tanto, si bien por dos causas concretas, el salto de vallas de Ceuta y Melilla de un éxodo incontenible y polémico, y los vaivenes del virus que asola África Occidental y esta vez ha ‘viajado’ a Europa y EE.UU.

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Miedo a Putin

El miedo en la Comunidad Internacional varía según los intereses de cada uno y según esté de cercana la amenaza que lo provoca. En estos días andamos enfrascados en una enorme y justificadísima preocupación por el azote de una enfermedad como el Ébola. Estados Unidos se moviliza, la Unión Europea lo hace tarde pero reacciona y en España tenemos la gran noticia de la recuperación de Teresa Romero. Otra gran preocupación internacional es el terrorismo de los bárbaros criminales y narcotraficantes del mal llamado Estado Islámico. Sobre todo por su capacidad de captación de jóvenes musulmanes y de occidentales que han ido a luchar en Siria e Irak y que pretenden volver a sus países de origen para cometer sus atrocidades terroristas, España entre ellos. Ébola y terrorismo son dos grandes amenazas para millones de seres humanos que hay que combatir con firmeza y determinación pero no hay que olvidar otro riesgo muy preocupante: la ambición del presidente ruso, Vladimir Putin, de crear la Gran Rusia a costa de sus vecinos.

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Lucha contra el ébola en África: el Gobierno no ve España como base logística

Cuando tantas veces se utiliza la geografía para no decir nada, el ébola ha traído una oportunidad: Naciones Unidas e importantes ONG quieren utilizar Canarias como base segura para proyectar medios humanos y materiales a África; EEUU ya lo hace desde Morón y Rota e informa, no pide permiso. La vicepresidenta y el ministro de Defensa dicen que se estudiará caso por caso, lo que significa que el asunto no ha entrado en el top 100 de los intereses del Gobierno

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España fortalece su posición internacional

España ha conseguido hacer parte del Consejo de Seguridad de la ONU. Después de tres disputadas votaciones, nuestro país, que en los últimos años ha vivido una etapa de turbulencias económicas, sociales y políticas que todavía no han acabado, consiguió la confianza de 193 miembros de la Asamblea General de Naciones Unidas. A partir del 1 de enero de 2015, España, una potencia media del suroeste de Europa, estará presente en el Consejo de Seguridad de la ONU. Durante dos años, el Estado español formará parte -en calidad de uno de los 10 miembros no permanentes- de un organismo clave de la ONU que toma decisiones de obligado cumplimiento para los países integrantes de esta institución internacional. La ONU recibe muchas críticas y con razón, pero un mundo sin la ONU sería mucho peor. Salvo para algunas potencias emergentes que quieren hacer y deshacer a su antojo y no respetan nada, ni los derechos humanos elementales, ni el medio ambiente, ni la integridad territorial de los países. Está claro que para Rusia o China un mundo sin Naciones Unidas sería mucho más cómodo para sus intereses económicos y geopolíticos. España ha vivido una crisis económica devastadora que también ha provocado una crisis política, institucional y social de gran envergadura. En parte, sólo en parte, el origen de las últimas tensiones territoriales en Cataluña está ahí. Durante años hemos leído y oído a economistas y expertos que nos anunciaban que el hundimiento de España era inminente. Estos agoreros de poca monta, a los que se han unido algunos medios de comunicación oportunistas y periodistas y escritores desorientados, nos han amargado la vida contándonos un futuro lleno de miseria, desempleo masivo, hundimiento y desesperanza. Algunas ratas, al pensar que el barco llamado España se estaba hundiendo, lo han abandonado. Han surgido corrientes populistas en la extrema izquierda trasnochada, pero por fortuna los ultras de la derecha siguen en estado de hibernación, aunque ya quisiera esa panda de fanáticos resucitar a Franco o tener un nuevo caudillo al estilo de la francesa Marine Le Pen.

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Suez, un nuevo canal y un escenario diferente

Coincidiendo con el centenario de la apertura del Canal de Panamá, el mundo es testigo de tres acontecimientos históricos: se duplica la capacidad de Panamá, se proyecta un nuevo canal Atlántico-Pacífico rival a través de Nicaragua, y Egipto ha lanzado su plan para ampliar el Canal de Suez inaugurado hace 150 años, en 1869. Tras permanecer bajo control colonial hasta 1956, el Canal de Suez es una arteria vital por donde pasa el 20% del comercio marítimo de contenedores del mundo, es la ruta fluvial más rápida entre Europa y Asia. Es una importante fuente de ingresos que proporciona el equivalente al 10% de los impuestos de Egipto, unos 5.000 millones de dólares al año.

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El Mediterráneo también es Europa

El 10 de septiembre, Jean-Claude Juncker presentó la nueva Comisión Europea que, una vez pasado este miércoles el examen del Parlamento, comenzará a trabajar el 1 de noviembre en un contexto de recesión económica, euroescepticismo y desconfianza en las instituciones. Estos factores dieron muchos diputados y alas a las opciones extremas y ultranacionalistas contrarias a la UE, desgastando el proyecto europeo. Es preciso, por lo tanto, el apoyo interno a una Europa unida y también respuestas políticas apropiadas y coordinadas ante los acontecimientos sociopolíticos que suceden en sus bordes geográficos. Las divisiones y la falta de voluntad política, en las instituciones comunes de la UE y en los Estados que la componen, provocan su ausencia de la escena internacional, y la incomprensión de sus pueblos y socios. La UE está debilitada en el campo internacional por una década de declive estadounidense, por el aumento del populismo y el poco operante eje franco-alemán. Su papel en el vecino Mediterráneo, y en los conflictos allí presentes (Siria, Libia, Egipto, Turquía, Irán, Irak o el contencioso palestino-israelí) es casi testimonial. Esto afecta al deterioro de los intereses, las relaciones, y la seguridad en toda la zona. La macrorregión euromediterránea no se ha dibujado en la práctica. A pesar de las repetidas iniciativas por activarla y la compleja situación actual, Europa no debería considerar el Mediterráneo como una historia pasada o como la zona de amortiguamiento de emigrantes y turbulencias en África y Oriente Medio. El próximo año se cumplirá el 20º aniversario de la Declaración de Barcelona y el nacimiento de la Asociación Euromediterránea que se pronunció a favor de una zona común de diálogo e intercambio. Fue un hito importante, pero los objetivos de 1995 no se han cumplido.

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Cataluña y Canarias: dos referéndums asimétricos

Considero que la ‘cuestión catalana’ es un asunto interno de España o, en todo caso, una controversia entre el Estado español y la Comunidad Autónoma de Cataluña (otorgada a los territorios históricos, por la vía del Artículo 151 de la Parte VIII de la Constitución española de 1978), con continuidad territorial con la ‘piel de toro’; y que Canarias es un Archipiélago costero africano en el Océano Atlántico, a 1.400 kilómetros (755,91 millas marinas) del Sur de la Península Ibérica y a 2.000 kilómetros de Madrid, y a 96 kilómetros (59,65 millas marinas) de la costa occidental marroquí, sin continuidad territorial con la España continental. Cualquier similitud o paralelismo que se pretenda establecer sobre la naturaleza de ambos referéndums, en Canarias y Cataluña, convocados por Artur Mas y Paulino Rivero, presidentes de Cataluña y Canarias, respectivamente, no solo es una mera y simple especulación, sino un cínico ejercicio de confundir la realidad que no se corresponde en absoluto con los sentimientos y la voluntad de un importante segmento de la sociedad catalana y de una parte de la población canaria. En primer lugar, porque la sustancial diferencia entre Canarias y Cataluña (y, por extensión, con el resto de las diferentes CC.AA que conforman el actual Estado español) es tan abismal ¡y abisal!, que no admite punto de comparación alguno. Sobre todo, porque a Canarias, siguiendo el proceso homogeneizador se la metió de cabeza por el Artículo 149 de la citada Carta Magna (ante el temor al resultado del referéndum que implicaba la vía del Artículo 151) y en la actualidad es, además, una RUP (Región Ultra Periférica) de la UE; o sea, un territorio de ultramar, lejos, en otro continente, lo que pone de relieve la primera y gran contradicción: ¿cómo un territorio puede ser considerado a la vez ultraperiférico de Europa y, al mismo tiempo, ser europeo y aplicársele la legislación comunitaria? ¿En qué quedamos? Y en segundo lugar, porque el plebiscito catalán es, en la práctica, un referéndum de autodeterminación, y el canario plantea una consulta sobre si convienen o no las previstas prospecciones petrolíferas que pretende llevar a cabo Repsol en “aguas canarias” y, según se dice, “aguas españolas”. Pero antes de entrar en materia, conviene hacer ciertas precisiones sobre algunas cuestiones previas que gravitan sobre este controvertido asunto, y que conviene ir desvelando para general conocimiento de la opinión pública, tan vapuleada por la ‘opinión publicada’.

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Al que Dios Ilumine

Marruecos te quiero como eres, basta con una semana para disfrutar de un país como este, me preguntaba un amigo; en mi opinión hacen falta más de diez años o toda una vida para empezar a conocerlo. Es muy recomendable acompañarse siempre de alguien del país para comprender la mentalidad y la forma de vivir del pueblo y es mi secreto; mezclarse con verdadero interés con sus gentes en su movida cotidiana, sea cual sea su condición o creencias, sin calcular nada y perdiendo el concepto de lo que implica la prisa. Dejarse llevar por los pequeños restaurantes junto a las ‘bab’ (puerta) de sus medinas desde Marrakech hasta Casablanca, o en las calles empinadas de Fez o Tánger. Adorables hoteles del sur, también en el recuerdo. Al volante de un coche, teniendo en la mente los planos de las ciudades conocidas o acaso por carreteras secundarias entre poblados calurosos donde la vida no es tan fácil como piensan los que creen ver un teatro de personajes en el paisaje, preguntando si se llega siempre al destino y si se puede encontrar una razón de vivir, de nuevos conocimientos y nunca aburridos. Siempre hay conversación: sobre libros, gentes, religión, política, asuntos de vida pública o el distendido cotilleo.

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¿Árabe, moro, musulmán y/o islamista?

Resulta cuanto menos curioso que a pesar de los siglos en los que el islam convivió en España, a los miles de árabes y aún más musulmanes que residen en Europa y a los extravagantes, pero deseados, jeques árabes que visitan las costas del Viejo Continente derrochando dinero como si no costara, todavía los términos árabe, moro, musulmán e islamista se confundan con tanta ligereza. Y es que, considerar a árabes, moros, musulmanes e islamistas como sinónimos resulta una torpeza tal como pensar que cristianos, romanos, occidentales y católicos también son lo mismo. El árabe se refiere a un grupo etnolingüístico que procede de la Península Arábiga y algunos territorios vecinos. Sin embargo, debido a la extensión que esta lengua experimentó por Oriente Medio y norte de África, desde el siglo VIII se denomina así a las personas que viven en esas zonas y tienen esta lengua materna, indiferentemente de su origen étnico o religión. Así, países como Arabia Saudí, Irak, Jordania, Siria, Líbano, Egipto, Libia, Túnez, Marruecos, Argelia y Mauritania, conforman el territorio árabe. Mientras que Turquía, Irán y Afganistán, a pesar de estar en Oriente Próximo o Medio y tener mayorías musulmanas, no son Estados árabes porque no comparten el idioma. Además, en Túnez, Argelia y Marruecos conviven los árabes con los bereberes, que tampoco son poblaciones árabes, ni los kurdos de Irak, de Siria, de Irán o de Turquía.

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Carta al Señor Diego Valderas, Vicepresidente andaluz y consejero de Administración Local y Relaciones Institucionales

En unas recientes declaraciones suyas anunciando el viaje a Tinduf (Argelia) de una delegación de la Junta de Andalucía en enero de 2015, decía según Europa Press, que “el objetivo de esa visita, que se haría de la mano de los representantes del pueblo saharaui, es conocer ‘in situ y en profundidad’ cómo se desarrolla la solidaridad y la cooperación de la Junta a través de los diversos proyectos que se están ejecutando”. Calificar, señor Vicepresidente, a responsables del Polisario de “los representantes del pueblo saharaui”, es una afirmación que insulta al pueblo del Sáhara occidental y al mismo sentido común. Su cargo de Vicepresidente andaluz al que llegó por las urnas en unas elecciones democráticas, no le permite hacer semejantes e infundadas afirmaciones. Es un cargo que hace que sea usted, mejor que nadie, conocedor perfecto de cómo se adquiere la representación de un pueblo. Por ello le pregunto, Ilustrísimo Vicepresidente: ¿Cómo se puede pretender que unos representantes de un fracasado movimiento armado monocolor, ostenten la representación del pueblo saharaui, sin ser elegidos mediante las urnas en unas elecciones democráticas?

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Fiesta nacional, desfile militar

El anecdotario de los últimos 12 de octubre es variado. Por parte de los jefes de la oposición, en el año 2003 el entonces líder del PSOE José Luis Rodríguez Zapatero permaneció sentado al paso de la bandera de Estados Unidos como rechazo a la invasión de Irak meses antes. Cinco años más tarde, en 2008, un micrófono abierto en un acto del PP pudo grabar la opinión de Mariano Rajoy como líder de la oposición sobre la celebración: "Mañana tengo el coñazo del desfile. En fin, un plan apasionante".

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Felipe VI y la hora internacional

Al comenzar su Reinado Felipe VI, España es una democracia avanzada, responsable y europeísta, que persigue la realización de un modelo para todos los ciudadanos basado en la convivencia pacífica, la seguridad, la prosperidad sostenible, la cultura y el conocimiento; un modelo y también un marco en el que todos los españoles se encuentren incluidos. Desde 1975, se ha logrado para el país una estabilidad política y social continuada, como no se conocía en su historia reciente, así como una destacada presencia en la economía, la cultura y la política de nuestro mundo; todo ello en un sistema de Monarquía Constitucional donde nunca faltaron la voluntad, la prudencia y la habilidad del Rey Juan Carlos I. Este importante capítulo de éxito político, social, económico y cultural no se interrumpe sino que se promete con la abdicación del Rey Juan Carlos I; ni se encuentra en peligro por una coyuntura fuertemente marcada por la crisis doméstica e internacional, una crisis que ha puesto de manifiesto y de manera muy cruda defectos y limitaciones que se relacionan tanto con el sistema nacional, como en el nivel y la coherencia alcanzados en el sistema de la integración europea, todavía susceptibles de muchas mejoras. Quiere esto decir que la España de Felipe VI está muy necesitada de reformas y ajustes, en una Europa unida a la que pertenece y que también las requiere, igualmente con urgencia, en un mundo que se transforma en todos los ámbitos y que en absoluto es ajeno a España.

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El momento de África

Como se sabe, uno de los acontecimientos recientes de mayor éxito en España ha sido la internacionalización de su economía y, en concreto, de sus empresas. Hasta hace unos pocos años era impensable que alguna empresa española figurara en los rankings de las mayores empresas europeas e, incluso, del mundo. Sin embargo, hoy vemos que muchas de nuestras empresas figuran en ellos y a veces los encabezan. Este proceso de internacionalización de la empresa española comenzó, por impulso gubernamental, hacia la segunda mitad de los años 80 del pasado siglo. En efecto, el gobierno de Felipe González propició y alentó la salida de empresas públicas (Telefónica, Endesa, Iberia, etc.) al exterior, y el exterior como era lógico, comenzaba por Hispanoamérica (Argentina, Chile, etc.). Se trataba fundamentalmente de empresas de sectores regulados que comenzaron a invertir en Hispanoamérica debido a la facilidad que les daba el compartir cultura y lengua. Esa primera oleada de empresas públicas fue secundada enseguida por bancos y empresas privadas que también decidieron hacer grandes inversiones en aquella región. Se calcula que en una década España invirtió en la zona unos ochenta mil millones de euros, convirtiéndose en el segundo país inversor de la región, solo por detrás de Estados Unidos;. por tanto, nos situábamos por delante de potencias económicas como Japón, Alemania, Reino Unido, o Francia.

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