Laura Zamarriego/ethic.es

Pie de foto: Mikel García-Prieto, director general de Triodos Bank

Mikel García-Prieto, director general de Triodos Bank, analiza el presente y el futuro de las finanzas sostenibles.

Con el fantasma de la crisis económica y la burbuja inmobiliaria aun flotando en el ambiente –y en el bolsillo–, una de las percepciones sociales más extendidas es que, como resuena en los casinos, la banca siempre gana. Pero ¿y si ganáramos nosotros? Cada vez más clientes buscan que las entidades donde depositan su dinero les ofrezcan, además de buenas condiciones económicas, la garantía de que su dinero se está invirtiendo en proyectos que sirvan para construir una sociedad mejor. Mikel García-Prieto (Vitoria-Gasteiz, 1973), director general de Triodos Bank, analiza el presente y el futuro de las finanzas sostenibles en esta entrevista para Ethic.

¿En qué medida la banca ética está cambiando la sociedad? ¿Qué lugar ocupa en España y cuál es la tendencia?

La sociedad en sí misma es la que está cambiando. En estos últimos años, hemos visto cómo los grandes desafíos de nuestro tiempo, como el cambio climático o la desigualdad social, ya están en la agenda de prácticamente todas las instituciones. Igual que nos hemos dado cuenta de que hay que cambiar el modelo de movilidad, el de energía o el de consumo, debemos ser capaces de identificar cuál es el sistema financiero que queremos. La banca ética da una respuesta a eso. El espejo de Triodos Bankpuede ser una buena referencia: en España tenemos ya 200.000 clientes –que supone un 0,5% de la población– y gestionamos dos mil millones de euros. Esto demuestra que la banca con valores no es una actividad residual, sino un movimiento social. Llevamos 40 años representando a un sector cada vez más significativo de la sociedad, lo que indica que es una opción factible. Además, la Alianza Global para una Banca con Valores [GABV, por sus siglas en inglés] señala que la demanda es real y actual, y no solo un deseo de futuro. Estamos en un camino imparable: el de crear una sociedad más justa y sostenible con el planeta. Con el sistema financiero sucede igual, pero la pregunta que todavía no hemos sido capaces de responder es cuándo y cuánto lo vamos a cambiar.

Algunas instituciones, como la Comisión Europea o Naciones Unidas, han subrayado la importancia de la financiación privada para cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible y el Acuerdo de París. ¿Qué puede hacer el sector financiero para contribuir a una transición sostenible e inclusiva?

El sistema financiero es un impulsor: depende de hacia dónde dirija sus recursos, su capital o sus flujos de dinero, se desarrollará de una manera u otra. La clave es dejar de considerarlo un sector inocuo y empezar a mirarlo como uno capaz de promover diferentes tipos de realidad. Científicamente sabemos que hay tres elementos que intervienen en la transición hacia unas finanzas sostenibles. En primer lugar, que sea capaz de financiar una nueva economía verde descarbonizada; en segundo lugar, que deje de financiar una economía contaminante; y, en tercer y último lugar, que sí financie modelos de negocio, empresas o iniciativas que sean inclusivas. Las finanzas tienen que preguntarse hasta qué punto están combinando estos tres elementos.

Las nuevas transformaciones ¿están llegando a la banca convencional? Es decir, ¿ha propiciado la banca ética un cambio de comportamiento en el sector bancario?

Después de 40 años, la banca ética ha demostrado que sí se puede cambiar el sector bancario. Tradicionalmente, las finanzas con valores se han visto como un modelo de banca accesible solo para unos pocos. Ahora son la referencia de que existe una economía diferente y han cumplido con la misión de explicar que es posible una alternativa que, además, cualitativamente, supone una contribución muy real.

En relación con el acuerdo al que han llegado algunos bancos con valores de revelar la huella de carbono de las carteras de préstamos, ¿qué beneficios aporta este conocimiento tanto a la banca como al cliente?

El hecho de que los bancos con valores nos hayamos comprometido a comunicar nuestra huella de carbono nos permite conocer cuál es el nivel de cumplimiento con el objetivo de ser sostenibles. Sin esa medición, difícilmente puedes contribuir. Además, podemos hacer público nuestro impacto y ser transparentes. No solo en el sentido en el que cada uno sabe lo que está haciendo, sino en utilizar una metodología objetiva que es la PCAFT (Platform for Carbon Accounting Financials). Se utiliza en un montón de bancos, facilita comparar resultados y da credibilidad, porque no estamos midiendo lo que queremos, sino desde una cierta objetividad e independencia. Actualmente, decidimos sobre nuestros bancos en base a la rentabilidad o a la facilidad del acceso al servicio, pero cada vez hay más personas que quieren decidir en base al impacto en la sociedad y no disponen de herramientas para elegir uno u otro banco. Al revelar y compartir la huella de carbono de las carteras de préstamos, ayudamos a que los ciudadanos y clientes puedan tomar decisiones debidamente informadas, responsables y no únicamente basadas en una visión parcial sobre la actividad de su entidad.

En una columna de opinión publicada en Cinco Días, alertabas de un posible descarrilamiento de las finanzas sostenibles. ¿Cuáles son las principales amenazas?

El riesgo que corremos es el no tomarnos en serio esos tres pilares antes mencionados (promover una financiación no contaminante, generar un modelo económico verde y modelos empresariales inclusivos) y trabajarlos únicamente desde una perspectiva de lavado de cara. Para no superar el límite de temperatura planetaria establecida, no basta con financiar los activos verdes, sino que se deben reducir las emisiones.

También hacías hincapié en que las ideas se deben materializar en la legislación.

Hay escenarios que exigen cierta urgencia. Si los dejamos a la libre interpretación, los tiempos no están definidos. En cambio, si existe un buen marco regulatorio, que permita que todo el mundo llegue a los mismos objetivos de la misma manera, no habría 50 interpretaciones diferentes de qué es sostenible y qué no lo es, o de si hay que reducir las emisiones en un 30 o en un 50%. Un ejemplo muy claro es el debate que gira en torno a la energía nuclear: no genera emisiones, es verdad. Pero si ignoramos que emite residuos o las posibles consecuencias de seguridad, estamos dando pasos en falso. Si el negocio de las renovables o de las energías verdes que estamos desarrollando es accesible solo para unos pocos en vez de estar al servicio de la sociedad y de una economía más justa o distribuida, no sirve para nada. También estamos utilizando muchas palabras bonitas sobre la sostenibilidad, pero los hechos no son los que esperábamos. Conceptos como ese están perdiendo su valor; la ilusión de las emisiones se interpreta de distintas maneras y no hemos llegado a esa velocidad de cambio que hemos reconocido en nuestros acuerdos globales. Necesitamos un marco regulatorio que defina lo que significa realmente esa economía baja en carbono.

Pie de foto: Mikel García-Prieto, director general de Triodos Bank

El informe GABV muestra que los bancos basados en valores sostenibles, que fundamentan sus decisiones en las necesidades de las personas y el medio ambiente, tienen un mejor desempeño que las entidades tradicionales en muchas áreas. Más allá del impacto social, ¿qué aporta la banca ética al sistema económico y financiero frente a la banca convencional?

Lo extraordinariamente revelador de este estudio es que compara los resultados de la banca convencional con los de la banca con valores en los últimos años. La segunda está mucho más comprometida con la economía real, ya que su balance o sus inversiones están al servicio de iniciativas de la comunidad de las personas. Una cifra muy interesante es la de los porfolios de inversiones, que en la banca con valores son en un 70% de economía real y transformadora, mientras que la tradicional está por debajo del 50%. Además, los resultados desde el punto de vista de la rentabilidad y la solvencia no tienen nada que envidiarse los unos a los otros. Se puede ser sostenible, trabajar al servicio de la economía real y tener una buena rentabilidad, seguridad y estabilidad.

¿Por qué la banca ética no crece más rápido? ¿Qué empujón le falta?

La banca ética crece rapidísimo: hace diez años era un movimiento alternativo, pero a día de hoy, más de 55 bancos en todo el mundo están ya gestionándose bajo este paraguas. En Triodos estamos todos los años creciendo a ritmos de entre un 15 y un 20%, cuando el sistema financiero en general crece al cero e incluso, en algunos casos, en negativo. Lo complejo en este momento es la transición de la banca tradicional hacia estos modelos de negocio verdes e inclusivos. Ese es el gran desafío.

Vivimos un momento de absoluta desconfianza en las instituciones y empresas. Los bancos no salen muy bien parados. ¿Cómo fomentar la transparencia y hacer partícipes a los clientes de sus decisiones financieras?

Primero, el sistema financiero se tiene que reconciliar con la sociedad. Durante la crisis hemos visto cómo la economía especulativa ha tenido un alto impacto negativo en millones de personas. No ha habido una delimitación entre la economía real y la especulativa, y eso ha generado un drama social. Para recuperar la credibilidad social es necesario que el banco se entienda de manera diferente. No puede ser un mero intermediador o generador de dinero, porque ya sabemos que cada inversión, cada euro, tiene un impacto negativo o positivo. Se debe recuperar ese rol del sistema financiero como agente social, que es algo intrínseco a una banca, pero que durante años ha estado menos presente.

¿Cuál es el perfil de los clientes que apuestan por la banca ética? ¿Y cuáles son los principales motivos por los que se deciden por este tipo de entidades?

Históricamente, los clientes han ido a los bancos buscando rentabilidad, acceso a las nuevas tecnologías, facilidad de usos, innovaciones sobre pagos o cualquier tipo de práctica que gire alrededor del dinero. En cambio, nuestros clientes vienen buscando algo muy diferente: quieren saber qué hacemos con su dinero y exigen que lo que hagamos tenga un impacto en la sociedad. Esa respuesta difícilmente se puede conseguir en el sistema financiero de hoy en día. Además, damos también una respuesta a las exigencias de rentabilidad y seguridad. Pero, principalmente, lo que hace que vengan a nosotros es que invertimos exclusivamente en proyectos del sector medioambiental, cultural o social y publicamos la cadena de nuestras inversiones en la página web, de manera que las personas pueden ver el impacto real que sus ahorros están teniendo en el resto de la sociedad. Pueden saber si va destinada al cuidado de personas mayores, a la arquitectura sostenible, a la cultura… Al final, son cosas que sabemos que son necesarias y que forman parte de esta economía real, muy alejada de la economía de la subasta.