Entrevista a Steven Spielberg

Gabriel Lerman/ETHIC/Fotografía: Damon Winter

Steven Spielberg (Cincinnati, 1947) ha ganado dos Óscar al Mejor Director, ha sido nominado otras cinco veces y premiado con el Irving G. Thalberg y el Cecil B. De Mille, los galardones a la trayectoria más importantes de la industria. Este hijo de judíos ortodoxos criado entre Nueva Jersey y Arizona habla con la humildad de quien aún no ha demostrado nada, y con la sabiduría que da haberlo logrado todo. La ficción la deja para su trabajo; un hombre comprometido con los problemas reales de este mundo. Hay algo que da aún más placer que sentarse a ver sus películas: sentarse a conversar con él.

¿La situación política actual influye en tu decisión de hacer una película como Los archivos del Pentágono?

No soy un director de protesta, nunca me vi de esa manera. Pero aprecio profundamente la historia. Gracias a algunas de mis películas he podido aprender un poco más sobre el mundo. Suelo buscar algo histórico que contar, algo que yo creo que comenzó con La lista de Schindler. Esa fue la primera vez que decidí contar una historia real que no se había contado, al menos en Estados Unidos, desde El diario de Ana Frank. Luego descubrí que, en todo el planeta, la gente adquirió mas conciencia sobre el Holocausto gracias a esa película. Tomó conciencia de que era importante no olvidar lo que ocurrió, para prevenir genocidios en el presente y en el futuro. Hay un dicho en hebreo que propone que todos tenemos la responsabilidad de ayudar a mejorar el mundo, y yo creo que La lista de Schindler hizo un gran aporte. Hoy vivimos una época de nacionalismo exacerbado. También en Estados Unidos. Sí, pero a mí, lo que más me preocupa de la presidencia de Donald Trump es que parte de nuestra independencia como individuos está sufriendo un gran impacto por una marginación de la prensa. Cada vez que las noticias no le parecen favorables al Gobierno, son clasificadas como «noticias falsas» y dan su versión alternativa. La prensa independiente corre peligro en Estados Unidos.

Lo que hoy se conoce como ‘fake news’ y posverdad…

Es como si de pronto alguien comenzara a decir que la mesa camilla es un sofá. Y nos obligara a cuestionarnos a todos si de verdad no será un sofá, cuando, a simple vista, no nos queda duda de que es una mesa camilla. Esa es la forma en la que yo siento que los medios y el periodismo están siendo atacados en la actualidad. Y tal vez, como decías al principio, sí que reflejo esa realidad actual en una película que narra hechos pasados. El guion de Los archivos del Pentágono, de Liz Hannah, es una historia real ambientada en 1971 sobre el intento del Gobierno de Nixon de silenciar a dos enormes diarios, The New York Times y el Washington Post, acusándolos de traición si publicaban esos archivos. Sus editores se dieron cuenta de que, si lo permitían, la libertad de prensa en este país iba a estar en peligro.

¿Qué sentiste al leer el guion?

Una conexión instantánea con lo que está pasado en la actualidad. También me atrajo la figura de Katherine Graham, que llegó a convertirse en la primera mujer en estar a cargo de una de las 500 compañías de la lista de Fortune. La película la muestra en un momento de su vida en que todavía no había encontrado su voz, porque era una época en la que las mujeres no eran tenidas en cuenta. Es algo que se ve en el filme en la reunión de la junta directiva, en la que los hombres que están a ambos lados de Katherine ignoran su presencia, por más que ella sea la editora general.

La historia combina dos luchas: libertad de prensa y feminismo.

Eso es justo lo que hizo que el proyecto me resultara irresistible. Aunque estaba enfrascado en la filmación de Ready player one y en la preproducción de otro filme, El secuestro de Edgardo Mortara, no me pude contener. Además, esta última cuenta el secuestro de un niño judío de seis años, y no había dado con el actor idóneo para interpretarlo. Así que lo aparqué y me lancé a rodar Los archivos del Pentágono.

«Lo que se narra en ‘Los archivos del Pentágono’ tiene su reflejo en la realidad hoy en día»

¿Alguna vez estuviste en una reunión de directivos en la que hubiera mujeres a las que no se escuchara?

No, algunas de mis compañías de producción han sido dirigidas por mujeres en estos últimos 30 años, comenzando por Kathy Kennedy, que dirigió Amblin, y luego Laurie MacDonald, que dirigió DreamWorks con Walter Parkes. Más tarde, Stacy Snider dirigió esa empresa y, ahora, estoy buscando a quien ocupe esa posición y lo más probable es que sea una mujer. En realidad, me ha ocurrido que, en reuniones de producción, las mujeres se olviden de que yo estoy en la habitación. Me ha pasado en un par de ocasiones que tuve que recordarles que yo estaba allí y que era el jefe. Pero yo siempre me he sentido muy cómodo rodeado de mujeres, porque tuve una madre muy fuerte… Ella falleció el año pasado, a los 97 años. Mi madre tuvo una influencia muy fuerte en mi vida, y era una especie de Katharine Graham en mi familia, porque, una vez que descubrió que tenía una voz, nunca se le olvidó. Katharine hizo lo mismo. Una vez que encontró su voz la usó durante el resto de su vida para ayudar a otras mujeres. Ella fue la que le permitió a Ben Bradlee seguir la pista del dinero y destapar el escándalo Watergate, que obligó a Nixon a dimitir.

Tu hija Sasha tiene un pequeño papel en Los archivos del Pentágono. ¿La creatividad se hereda?

Se suele decir que la manzana nunca cae demasiado lejos del árbol, y yo creo que mis siete hijos son muy creativos y muy decididos. Estoy convencido de que todos y todas han heredado algo de mí, porque tienen vinculación con las artes de una forma o de otra. Mi hijo mayor trabaja en Electronic Arts y diseña videojuegos. Sasha y su hermano Theo tienen una banda y escriben e interpretan sus canciones. Además, Sasha escribe guiones y tiene un piloto en el que está trabajando en este momento, mientras que Destry es una gran jinete y además estudia teatro en Nueva York. Sawyer es un actor maravilloso, y también aparece en Los archivos del Pentágono. Mikaela es una brillante diseñadora gráfica y artista digital. Jessica interpreta a la doctora Arizona en Anatomía de Grey. Si me he olvidado de alguno de mis hijos, no voy a poder volver a mi casa, pero creo que te los mencioné a todos…

Has dicho en un discurso reciente que los sueños siempre aparecen por detrás, como un suspiro, nunca delante de tus ojos. ¿Cuándo apareció tu primer sueño?

Creo que la primera vez que me ocurrió yo estaba en mi casa. Tendría unos 15 años y ya era un apasionado del cine que iba a cada sesión a la que podía entrar en mi ciudad, Phoenix. Recuerdo que se me ocurrió una idea para un guion. Fue como un pequeño murmullo. Era algo que no me había ocurrido nunca antes, pero aún no tenía la historia completa. Apenas un breve argumento. Pero todo empieza por una idea y yo recuerdo que usábamos máquinas de escribir con papel carbónico. Comencé a escribir la historia y me pasé toda la noche haciéndolo. Fue la primera vez en mi vida que no dormí. No terminé el guion, pero debí de haber escrito unas 30 o 40 páginas. En aquel entonces, yo blanqueaba árboles con cal. Me pagaban 25 centavos de dólar por cada árbol. Así ahorraba dinero para comprar celuloide y pagar el revelado. Lo cierto es que me fui a trabajar sin dormir. Y me pasé todo ese año filmando esa película en los fines de semana.

¿Fue tu primera película?

No, comencé a hacer cortos a los 12 años e hice muchos. Este fue mi primer largometraje, que terminó durando dos horas y media, y no imaginaba que anticiparía cómo rodaría luego mis filmes profesionales, porque casi todos duran eso. La rodé en ocho milímetros y recurrí a estudiantes de teatro de la Arizona State University y a mis amigos del barrio. Se llamaba Firelight.

¿Es cierto que casi destrozas la cocina de tu madre?

Mi madre nunca se olvidó, pero apreció mi iniciativa. Hicimos una escena en la que la olla a presión explotaba y se suponía que el contenido manchaba las paredes, el piso y el techo. Mis padres habían salido y yo había conseguido unas cerezas enlatadas y básicamente me tomé el trabajo de ensuciar con eso toda la cocina, pensando que iba a llegar a limpiar todo antes de que mis padres regresaran. Me llevó una hora filmar la escena y luego con mis hermanas nos dedicamos a tratar de limpiar la cocina, pero las paredes quedaron impregnadas de rojo. Fue una gran escena, pero tuvo un alto coste para mí…

¿Alguna vez has dudado de tus capacidades?

Por supuesto. Cuando estaba filmando Tiburón tuve muchas dudas, porque a mi alrededor había mucha gente que estaba convencida de que nunca íbamos a terminar esa película, porque nos habíamos pasado del presupuesto y del tiempo previsto de rodaje. El mar nos complicó todo y era mi culpa, por no haber filmado en un tanque de agua en Hollywood. Las olas se rebelaban cada día y el tiburón mecánico se rompía todo el tiempo. Llegó un momento en que de verdad dudé, porque eran muchos los que pensaban que esa iba a ser mi última película. Creían que nadie me iba a contratar después de lo ocurrido, porque había sido una demostración de que era un realizador irresponsable. Mirando desde la distancia, en realidad nadie hubiera podido hacer esa película mas rápido debido a las circunstancias, especialmente filmando en mar abierto. Pero el presidente de Universal confió en mí, finalmente. Me dijo que, si no terminaba la película, usarían el tiburón mecánico en el parque temático de la productora.

«A veces hace falta una película como La lista de Schindler para que la gente joven se entere de cómo hemos llegado hasta aquí»

Precisamente allí fue tu primer contacto con el cine de Hollywood.

Cuando tenía 12 años, no existían los making of como ahora, que te muestran cómo es un rodaje detrás de las cámaras. Tampoco había libros sobre el tema. El trabajo de filmación era un misterio muy romántico que me resultaba muy atractivo. Por eso, pensé que lo mejor que podía hacer era tratar de ver por mí mismo cómo se hacían las películas. Así que fui al tour que organizaba Universal Studios, con un autobús que te llevaba por los escenarios. Me pasé toda la mañana viendo las calles de Roma en las que habían filmado Espartaco, y las calles del Oeste. Había una pausa de 20 minutos para ir al baño. Yo me escondí hasta que el autobús se fue. Y me dediqué a pasear por todos los platós; incluso me echaron de uno donde estaban filmando una película.

Comenzaste, profesionalmente, dirigiendo televisión.

Fue un episodio de Night Gallery, cuando tenía 22 años. Con Joan Crawford de protagonista, nada menos. Tener que dirigirla fue algo tremendo para mí.

¿Por qué divides tu carrera entre lo fantástico y lo histórico?

No puedo señalar qué es exactamente lo que me atrae de un proyecto. Simplemente, me dejo llevar por mi instinto y es lo que he hecho siempre. Si pienso demasiado en algo, termino abandonándolo, porque lo he examinado más de lo necesario. Soy más bien impulsivo a la hora de escoger proyectos y es algo sobre lo que no tengo control. Es un murmullo o un suspiro que me guía y así ha sido durante buena parte de mi carrera, y me ha llevado siempre por el camino correcto para tomar las decisiones acertadas. Pero es cierto que, a medida que fueron pasando los años, sentí una predilección hacia las películas que tienen que ver con la historia. Sencillamente, ha sido así. La historia tiene valor, más allá de esta necesidad de las nuevas generaciones, que demandan ser reconocidas en las redes sociales simplemente porque sí.

¿Eres crítico con el ‘boom’ de Internet?

Más bien con las redes sociales. Se convierten en cierta forma en el patio de la escuela en el que te pueden acosar, como me pasaba a mí cuando era un niño. Te pueden maltratar tanto en las redes que eso puede lastimar bastante tu autoestima. Es algo que pone a mucha gente joven en un sitio vulnerable antes de que estén emocionalmente listos para recibir ese tipo de críticas. Y las redes sociales tienen un efecto muy profundo y guían nuestras vidas. Yo creo que eso impide que la gente joven le preste atención a la historia, porque están más interesados en el presente que en el ayer o en el futuro. Por eso, a veces hace falta una película para que la gente joven se entere de cómo hemos llegado hasta aquí, muchas veces gracias a los logros y a las ideas de otras personas. Por eso, he hecho películas como La lista de Schindler, Amistad, Lincoln, El puente de los espías y ahora Los archivos del Pentágono. Muchas de mis películas surgen de lo que ha ocurrido en el pasado y sirven para que podamos entender los males del presente.