ATALAYAR

El periodista Paco Soto, colaborador de Atalayar y experto en los temas del norte de África, publica un libro de diez relatos titulato 'Tiempos Tormentosos', en la editorial Atlantis. La presentación va a realizarse el viernes 16 de septiembre a las 20.00 h. en el Club Esportiu Laietá de Barcelona.

La soledad suele ser una fiel compañera. Nunca nos abandona, siempre está ahí. A veces, cuando es deseada, llega a ser placentera. Otras veces puede convertir nuestras vidas en un infierno. Todo depende de las circunstancias. Cada persona percibe la soledad, la disfruta o la sufre, de distinta forma. Millones de seres humanos en el mundo soportan a diario una soledad que no han deseado, una soledad que les hunde en la desgracia. Enfermos terminales que hablan a diario con la muerte, presos en una cárcel, ancianos abandonados por sus familias y olvidados por la sociedad, jóvenes angustiados por la vida, hombres y mujeres infelices en su matrimonio o que buscan desesperadamente su alma gemela y no la encuentran… Son tantos los seres humanos desamparados y solitarios... Desamparados y solitarios como los protagonistas de los diez relatos de “Tiempos tormentosos”. Tiempos inquietantes como el presente que vivimos en todas partes, pero también como el pasado y el futuro.

Prólogo

La soledad que nos acompaña

La soledad, del latín ‘solitas’, nos acompaña a lo largo de nuestra vida. Sea voluntaria o involuntaria, la soledad suele ser una fiel compañera.  Nunca nos abandona, siempre está ahí. A veces, cuando es deseada, la soledad llega a ser placentera. Otras veces, puede convertir nuestras vidas en un infierno. Todo depende de las circunstancias. La soledad es una sensación que supera los límites de la subjetividad y la falta de contactos con otros seres humanos. Cada persona percibe la soledad, la disfruta o la sufre, de distinta forma. Algunas personas necesitan soledad para descansar física y psíquicamente o para concentrarse y dedicar más tiempo a menesteres del espíritu; por ejemplo, para escribir. Otras personas intentan huir de la soledad, la temen como si fuera una enfermedad mortal o un castigo divino. Dolor o satisfacción ante la soledad, este es el dilema. Millones de seres humanos en el mundo soportan a diario una soledad que no han deseado, una soledad que les hunde en la desgracia. Enfermos terminales que dialogan a diario con la muerte, presos en una cárcel, ancianos abandonados por sus familias y olvidados por la sociedad, jóvenes angustiados por la vida, hombres y mujeres infelices en su matrimonio o que buscan desesperadamente a su alma gemela y no la encuentran… Son tantos los seres humanos desamparados y solitarios. Desamparados y solitarios como los protagonistas de los diez relatos de Tiempos tormentosos. Tiempos inquietantes como el presente que vivimos en todas partes, pero también como el pasado y el futuro. No venimos de ninguna etapa idílica; tampoco vivimos los peores momentos de la Historia de la Humanidad ni nos dirigimos hacia un mundo aún más caótico. En cada momento de la Historia, lo que hemos hecho los seres humanos, con mayor o menor fortuna, ha sido vivir. No es fácil vivir, y no es fácil porque vivir es darse cuenta de que cada minuto que transcurre en nuestra frágil existencia no volverá. Por eso vivir es también morir. Vivir es saber dar lo mejor que tenemos. Vivir es aprender de los demás, gozar de cada instante, desafiar la adversidad.

Vivir es amar apasionadamente, sobre todo a quien nos ama. Vivir es disfrutar de la sonrisa de un niño, escuchar sin juzgar las atormentadas palabras de un adolescente que pelea contra la angustia vital, agradecer la sabiduría de un anciano. Sentir, emocionarse, amar, gozar, superar, esto es vivir. Y vivir es asumir que la soledad nos acompaña desde el primero hasta el último día de nuestra existencia. Con mayor o menor lucidez, los diez personajes de Tiempos tormentosos han aceptado su condición de seres solitarios. Pedro es un periodista triunfador; Félix, que está a punto de cumplir 62 años,  recuerda su paso por la Jefatura Superior de Policía de Barcelona durante el franquismo; Mustafá El Morabet es un joven marroquí asesinado por un mosso d´esquadra en Barcelona; Romeo, un niño gitano rumano que malvive en un campamento de chabolas en Madrid. Un anciano de 85 años sigue enamorado de su mujer, Inés, que falleció; Pablo es un joven valenciano que abandonó un día su tierra y se fue a vivir a Marruecos; Rogelio Fernández del Campo, un profesor de Historia y Geografía de 54 años que reside en la localidad barcelonesa de Santa Coloma de Gramenet; Pawel Gonera es un muchacho polaco, maestro de profesión, que visita en su país el campo de exterminio nazi de Treblinka; Václav Smoldas, un checo ya mayor que fue amigo de Jan Zajíc, un adolescente de 18 años que  se inmoló a lo bonzo en el centro de Praga, el 25 de febrero de 1969, para protestar contra la invasión de Checoslovaquia por tropas del Pacto de Varsovia. Y Antonio García Mollá es un antiguo torturador de la policía política del franquismo.

Son diez personajes muy diferentes. Aparentemente, no se parecen en nada. Pero, sin embargo, existe un nexo común entre todos ellos: la soledad. Los diez personajes son por diversos motivos personas solitarias. No son monjes que han decidido retirarse del mundanal ruido en un monasterio. Son simplemente personas a las que la vida ha colocado en un callejón de difícil salida. Un callejón que se llama soledad. Triunfar en una sociedad que no te gusta, ser un niño pobre nacido en un país pobre y con padres que han tenido que emigrar, perder al ser más querido, o haber sido un miserable torturador profesional de un régimen dictatorial, son realidades complejas que contribuyen decididamente a hundir a las personas en la soledad. En una terrible y profunda soledad en tiempos tormentosos como los que nos han tocado vivir. Son tiempos difíciles y complejos en los que la soledad se convierte en una suerte de roedor de anhelos y sueños, en una grave enfermedad que corroe por dentro a la esperanza. 

Epílogo

El tiempo sigue su curso, nada ni nadie lo puede detener. La soledad está en nuestras vidas, en cada momento de nuestras vidas. Intentamos disfrazar la soledad de mil maneras, pero no lo logramos. Muchos seres humanos tienen la lucidez suficiente para saber que, como dice Fernando Savater, “nadie llega a convertirse en humano si está solo: nos hacemos más humanos los unos a los otros”. Pero aunque muchos lo sepan, no consiguen deshacerse de la soledad, y esta mala madre les acompaña a todas partes, incluso hasta la tumba. Pedro, el periodista triunfador, sigue empantanado en una vida de impostura. Félix no ha podido olvidar los golpes, las torturas, las humillaciones y la soledad que tuvo que sufrir durante 72 horas en las dependencias de la Jefatura Superior de Policía de Barcelona cuando España seguía en manos de un general de capa y espadón, mediocre, acomplejado y cruel. El espíritu libre y solitario de Mohamed El Morabet sigue vivo en las silenciosas y agrestes tierras del Rif marroquí. Romeo, el niño gitano rumano, vive en otro campamento de chabolas en las afueras de Madrid. Tan solo y atormentado como siempre. El esposo de Inés murió una mañana de primavera sentado en un banco de un parque madrileño. Murió solo mientras tomaba el sol. Pablo, el valenciano solitario, sigue viviendo en Rabat y regentando su cafetería.  Rogelio Fernández del Campo ya no es profesor de Historia y Geografía en un instituto público de Santa Coloma de Gramenet. Se cansó de tanto conflicto nacionalista, de tanto sectarismo y división, y se fue a Zaragoza, donde vive solo en un estudio de 40 metros cuadrados, y da clases de Historia en una escuela privada. El polaco Pawel Gonera consiguió uno de sus sueños: vivir en América Latina. Se separó de su novia, Monika, y vive en Buenos Aires desde hace varios meses. La soledad le pesa bastante, pero se encuentra a gusto en esta maravillosa urbe. Pawel Smoldas es un señor mayor y solitario que dedica gran parte de su tiempo a leer y pasear por las calles de Praga. Nunca podrá olvidar a su amigo Jan Zajíc. El viejo torturador Antonio García Mollá sigue vivo y más solo que la una. Pero a él no le importa. ¿O sí? No se arrepiente de nada y está convencido de que se irá al otro barrio con la conciencia tranquila.

Paco Soto (Elda, 1957)

En España ha vivido en la Comunidad Valenciana, en la localidad andaluza de Almería, Cataluña, Barcelona y Terrassa. Estudió la carrera de Ciencias de la Información en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB). Es periodista y empezó a ejercer la profesión hace casi 30 años. Ha trabajado para diversos medios escritos: Ajoblanco, Play Boy, Punto y Hora, Artículo 20 (dirigido por José Luis Balbín), El Siglo de Europa, revista Tam Tam, revista Soweto… En prensa diaria ha trabajado para los periódicos Deia, Avui, Diari de Tarragona, El Periódico de Catalunya, Diario 16, Heraldo de Aragón, los diarios andaluces del Grupo Joly y El Correo, y los diarios y varios suplementos del Grupo Vocento. Ha sido redactor jefe de la web sobre las dos riberas del Mediterráneo Atalayar entre dos orillas, y en la actualidad colabora con este medio. También ha trabajado para la agencia de noticias Colpisa y emisoras de radio españolas y extranjeras como Radio Euskadi, Punto Radio, Radio Barberá (Barcelona) y Radio France Roussillon. Ha vivido en tres países extranjeros: Francia y Marruecos, donde fue corresponsal de medios españoles en el Magreb, redactor jefe de un semanario en español (Marruecos Siglo XXI) y director de un periódico digital sobre actualidad internacional en español (Correo Diplomático); y Polonia, donde desempeñó tareas de corresponsal de medios españoles para Europa Central y Oriental. En 2005, publicó el libro “El islamismo político en Marruecos. Retrato desde dentro” (Editorial Flor del Viento).

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