Paco Soto

Pie de foto: Ahmed Ouyahia, director de Gabinete de Abdelaziz Bouteflika.

Las relaciones diplomáticas entre Argelia y Marruecos, las dos potencias políticas y económicas del Magreb, andan otra vez revueltas. El origen del conflicto, esta vez, viene de Argelia. Ahmed Ouyahia, director de Gabinete del presidente de la República, Abdelaziz Bouteflika, y uno de sus hombres de confianza y posible sucesor en la jefatura del Estado, acusó a Marruecos, pero también a Francia, de querer desestabilizar a Argelia. Ouyahia, que fue primer ministro en tres ocasiones, entre 1995 y 2012, hizo estas polémicas declaraciones durante la apertura del Consejo Nacional del partido que dirige, la Unión Nacional Democrática (RND), en la ciudad de Zeralda. Ouyahia manifestó que “estas conspiraciones son dirigidas por dos partes. La primera [Francia] nunca ha aceptado la independencia de Argelia. Y la segunda [Marruecos] reprocha a nuestro país sus posiciones por la autodeterminación del pueblo saharaui”. “Estas partes –afirmó Ouyahia- se apoyan sobre mercenarios políticos internos”, los que en Argelia “defienden la autodeterminación de la Cabila y del M’Zab”.

La carrera por la presidencia

Ahmed Ouyahia quiere ganar puntos en la carrera por la sucesión de Bouteflika, y necesita presentarse como un político de ideas firmes a quien no le temblaría el pulso frente a Marruecos, el rival de Argelia en el Magreb, y Francia, antigua potencia colonial del país norteafricano. La hostilidad hacia Marruecos y Francia es bien vista en algunos sectores cívicos y militares del poder argelino. Además, el país, que es un gran productor y exportador de hidrocarburos, atraviesa dificultades económicas por culpa del hundimiento del precio del petróleo y sus dirigentes necesitan hacerle creer a la población que los responsables de sus problemas se encuentran en el exterior. Todos los regímenes autoritarios lo han hecho a lo largo de la historia. Uno de los principales rivales de Ouyahia en esta pugna por la cúpula del poder es Chakib Khelil, un político ambicioso que vivió varios años en Estados Unidos.

La década negra

Ahmed Ouyahia, que nació en 1952 en la región mayoritariamente berberófona de la Cabilia, es un político del sistema. Dirige un partido que fue creado en 1997 por políticos cercanos al entonces general y presidente del país Lamine Zeroual, en una etapa de guerra abierta del Estado contra los grupos terroristas salafistas. Fue la década negra de los años 90 del siglo XX.  La guerra, que desembocó en una contienda civil, causó unos 200.000 muertos. Altos mandos y oficiales arrepentidos de las Fuerzas Armadas, partidos opositores como el Frente de Fuerzas Socialistas (FFS) y organizaciones defensoras de los derechos humanos acusaron a los servicios secretos militares (DRS, en sus siglas en francés) de haber manipulado una parte de las actividades terroristas. Los dirigentes argelinos siempre han negado estas acusaciones, y tras su llegada a la presidencia de la República, en junio de 1999, Abdelaziz Bouteflika prometió paz, amnistía y reconciliación para acabar con el terrorismo. Bouteflika acabó sólo en parte con el problema, porque aunque la violencia salafista disminuyó notablemente, no desapareció completamente.

Pie de foto: Un muro de separación entre Marruecos y Argelia.

Un problema lejano

La tensión entre Argelia y Marruecos es un problema lejano. Se remonta a más de 50 años. Marruecos alcanzó la independencia en 1956 y Argelia, en 1962. En gran medida, el pasado colonial de ambos países es la causa del conflicto bilateral. En octubre de 1963, estalló la denominada Guerra de las Arenas, cuando Marruecos quiso recuperar territorios de las provincias de Tinduf y Bechar que el colonialismo francés había anexionada a Argelia décadas atrás. La ausencia de una demarcación precisa en la frontera entre los dos países, la existencia de importantes yacimientos de recursos minerales y el nacionalismo expansivo marroquí y argelino contribuyeron decisivamente al conflicto.

La guerra provocó serios problemas a Argelia y una revuelta en la Cabilia liderada por Hocine Aït Ahmed contra el Frente de liberación Nacional (FLN), partido único y autoritario. Argelia tuvo el apoyo de la URSS, Cuba y Egipto y Marruecos, de Estados Unidos y Francia. Hubo duros combates, sobre todo en Figuig y M´Hamid. La Organización para la Unidad Africana (OUA) favoreció un alto el fuego y las cosas quedaron como estaban. En la actualidad, los territorios reivindicados por Marruecos siguen perteneciendo a Argelia. La tensión siguió vigente entre los dos estados magrebíes y el conflicto del Sáhara Occidental, en la década de los 70, empeoró aún más la situación. Argelia apoya al Frente Polisario, que combate a Marruecos y busca la independencia de la antigua colonia española.

Pie de foto: Los jefes de Estado marroquí y argelino, Mohamed VI y Abdelaziz Bouteflika.

Control del Magreb

El conflicto bilateral, hasta cierto punto, tiene su lógica, porque ambos países quieren ser hegemónicos en el Magreb, e incluso en el Sahel, y tienen potencial político y económico y apoyos internacionales para conseguirlo. Ahora bien, quizá la razón aconsejaría que los dos países estratégicos del Magreb enterraran para siempre el hacha de guerra, resolvieran el conflicto saharaui, que tanto sufrimiento causa a miles de inocentes, y sentaran las bases de una futura cooperación. El Magreb sin Marruecos y Argelia no es nada, y las dos principales potencias europeas en la región, Francia y España, necesitan de sus aliados marroquíes y argelinos. Rabat y Argel no tienen que renunciar a sus intereses económicos, políticos y geoestratégicos.

“El conflicto no nos beneficia, es malo para los dos países. Tenemos muchas diferencias pero también mucho que ganar si supiéramos dialogar, negociar y acordar entre nosotros”, piensa el politólogo marroquí Mustafá Sehimi. De momento, las espadas siguen en alto. Hace dos años, Marruecos empezó a edificar un muro de 140 kilómetros a lo largo de la frontera con Argelia, desde Oujda, en el noreste, hasta Jerada, en el sudeste, para “protegerse de las amenazas de los terroristas”. Así lo dijo en el Parlamento el ministro marroquí del Interior, Mohamed Hassad. La decisión de Rabat creó mucha tensión en Argel.  En este momento, el principal muro que separa a los dos países es político y mental.

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