Jamal Mechbal y Paco Soto

Pie de foto 1: Vista de Casablanca, la capital económica de Marruecos.

Marruecos y Argelia son los dos países más importantes del Magreb. Pero son también dos países rivales desde que consiguieron la independencia, el primero en 1956 y el segundo en 1962. En 1956, Francia tuvo que acabar con el exilio del rey de Marruecos, Mohamed V, y reconocer la independencia del país. España también tuvo que ceder ante el auge de la lucha del pueblo marroquí por la plena soberanía. En el Manifiesto del 11 de enero de 1944, el nacionalismo marroquí reclamó la anulación del protectorado francés y español en Marruecos. La monarquía marroquí, una de las más antiguas del mundo, al alinearse con el movimiento nacionalista, recobró más legitimidad, más adhesión popular y mayor fuerza. El rey Mohamed V se convirtió en el soberano que facilitó la independencia de su país de Francia y España. Así las cosas, Marruecos optó por un sistema liberal y de economía de mercado y el pluralismo político de corte occidental. Por su parte, Argelia perdió su soberanía en 1525 y el territorio se convirtió en una regencia gobernada por el Imperio Otomano. En 1830, Francia ocupó Argelia, que pasó a ser un departamento de la metrópoli. La lucha por la independencia en Argelia fue más larga, más sangrienta y más radical que en Marruecos.

Una revolución saboteada

La revolución argelina en su origen aspiraba a la independencia y a un Magreb Unido, la relación entre los dos objetivos era íntima. Pero desgraciadamente, los ideales de libertad e independencia fueron secuestrados por los nuevos dirigentes argelinos y el poder quedó en manos de una cúpula militar que se hizo con el control absoluto del partido único Frente de Liberación Nacional (FLN). El régimen del FLN prohibió el pluralismo ideológico y el pluripartidismo, se inspiró de experiencias revolucionarias como las de Nasser en Egipto, Tito en Yugoslavia y la URSS. El FLN reprimió a sangre y fuego la oposición interna y llevó a cabo una política económica basada en un socialismo de corte burocrático y autoritario que industrializó de manera desequilibrada el país, hundió la agricultura y desabasteció a la población de muchos productos básicos.

Así pues, estamos ante dos países hermanos, uno monárquico y el otro republicano; uno es de economía liberal, donde se promociona al sector privado, su Constitución prohíbe el partido único y es aliado de Occidente. El otro es un país monocolor donde durante mucho tiempo no hubo más voz que la del FLN y donde el Estado sigue siendo el gran empresario y se declara revolucionario y antiimperialista.  Durante un periodo de tiempo bastante largo, para buena parte de la izquierda europea, Argelia fue considerado un país progresista y aliado de los pueblos oprimidos del Tercer Mundo; mientras que Marruecos, donde reinaba Hasan II, fue calificado de “Estado reaccionario y al servicio del imperialismo”. Todavía hoy en día, algunas corrientes progresistas siguen pensando que Argelia es un país más avanzado y viable que Marruecos, aunque los hechos demuestren lo contrario.

Pie de foto: Una planta petrolera en Argelia.

Fracaso económico

Argelia empezó el proceso revolucionario en la agricultura en octubre de 1963 con la confiscación de 2,5 millones de hectáreas de tierras a los colonos franceses y en 1973, en el marco de la “Revolución Agraria”, colectivizó 5,9 millones de hectáreas de tierras no coloniales que fueron divididas en pequeñas parcelas de aproximadamente 10 hectáreas distribuidas en usufructo a los campesinos. La reforma agraria fracasó y los campesinos emigraron a las ciudades en busca de trabajo. Las tierras coloniales, que alcanzaban unas 22.000 fincas, fueron transformadas en unos 3.000 koljoses, gestionados de forma burocrática. Esta política dio lugar a problemas como malversación de fondos y corrupción y en muchos casos prevaleció la anarquía. Por ejemplo, se arrancaron muchas viñas destinadas a la producción de vino, pero no se acertó en sustituir este cultivo por otros destinados al consumo. En definitiva, unos resultados catastróficos. La denominada ‘Revolución Agraria’ nunca pudo alcanzar ni siquiera los niveles de producción de los últimos años de la época colonial, y Argelia, país agrícola, pasó de exportador a importador de productos de base. La ‘Revolución Industrial’ fue la gran aspiración del régimen. La industria pesada, la ‘industria industrializante’, fue el primer objetivo de la Argelia revolucionaria.

El presidente Houari Boumediene aseguró que gracias a los grandes recursos, especialmente en petróleo y gas, y a la industria pesada, Argelia no sólo sería el país líder del Tercer Mundo, sino también el “Japón del Mediterráneo”. Este sueño se convirtió en pesadilla. El gran error de los dirigentes argelinos fue que no se dieron cuenta de que el petróleo y el gas no podían por sí solos convertirse en el motor del crecimiento del país y financiar el gasto público. La ‘Revolución Cultural’ fue otro fracaso, porque se basó en una enseñanza arabizada que no contemplaba la realidad plural del país tanto desde el punto de vista social como lingüístico, y esta política limitó las posibilidades a muchos jóvenes de encontrar trabajo y también de continuar los estudios en universidades europeas. 

Conflicto del Sáhara

Por último, cabe destacar el apoyo del régimen argelino al Frente Polisario en sus intenciones por conseguir la independencia del Sáhara Occidental. Marruecos considera que la antigua colonia española es parte de su territorio nacional. En cambio, Argelia defiende la autodeterminación del Sáhara Occidental por un motivo estrictamente político y geoestratégico y no por su apego a la libertad y la emancipación de los pueblos. El régimen argelino apuesta por un proyecto saharaui que se basa en tres ejes: el primero, que es de largo alcance, es buscar una salida al Atlántico, logrando que Argelia sea un país del Mediterráneo y con extensión en el Atlántico, y compartir esta realidad con su vecino Marruecos junto a Francia y España.

Si Argelia lograra este reto podría mantener cercado y encajonado a Marruecos. El segundo objetivo, mientras no se alcance el primero, es mantener a Marruecos en una situación de desgaste en un conflicto saharaui que está bajo control argelino. El tercer objetivo es el resultante de los dos anteriores y permitiría a Argelia situarse como el único líder de la zona. Marruecos, por su parte, cuando logró la independencia, se encontró enfrentado a dos grandes problemas: el primero relacionado con su desarrollo económico y social y el segundo con la recuperación de una serie de territorios administrados por España como protectorados o colonias y reintegrarlos en el territorio nacional.

Pie de foto: El rey de Marruecos, Mohamed VI, y el presidente de Argelia, Abdelaziz Bouteflika.

Afán de liderazgo

En resumidas cuentas, las relaciones entre Argelia y Marruecos han estado siempre muy condicionadas por factores históricos, algunos lejanos y otros más próximos en el tiempo. También han sido marcadas por las diferencias de sus sistemas políticos y económicos y por opciones ideológicas distintas, sin olvidar las rivalidades, el afán de liderazgo y las pugnas por los intereses geoestratégicos. Como señala el investigador francés Benjamin Stora en su libro ‘Histoires parallèles, distins croisés’ (Historias paralelas, destinos cruzados): “Argelinos y marroquíes cultivan un acercamiento globalmente similar sobre la Nación, que en primer lugar se concibe como una ‘comunidad mayoritaria de creyentes’ (siendo el islam, para todos, religión de Estado)… En cambio, los dos países se alejan en su experiencia del Estado-nación, tanto en la temporalidad como en la territorialidad”.

Marruecos, desde la independencia en 1956, no lo ha tenido fácil. Ha vivido momentos de grandes turbulencias sociales, problemas económicos, intensas luchas políticas, olas de represión y violaciones de los derechos humanos. Pero a pesar de todos estos problemas, Marruecos ha logrado grandes éxitos en materia de desarrollo económico y en los últimos años, sobre todo desde que el rey Mohamed VI accedió al trono, en 1999, el país ha impulsado una fase de modernización social y un delicado pero exitoso proceso de transición a la democracia y el estado de derecho.

Dos modelos enfrentados

Queda mucho por hacer, sin lugar a dudas, ha habido avances y retrocesos, las secuelas de un pasado marcadamente autoritario siguen presentes en la vida pública marroquí. También sigue habiendo pobreza, desigualdades y corrupción. Pero Marruecos ha dado un paso de gigante en la modernización social, económica y democrática, goza de estabilidad política y es un ejemplo de cambio razonable y gradual para otros países árabes y musulmanes, pero también africanos. En cambio, Argelia, el gran vecino de Marruecos, a pesar de su enorme potencial económico, 54 años después de haber logrado la independencia de Francia, sigue sin resolver muchos problemas básicos. El país vivió un terrible conflicto civil en la década de los noventa del siglo pasado que acabó con la vida de unas 200.000 personas; el terrorismo yihadista no ha desaparecido, el poder político y económico está en manos de clanes civiles y militares que luchan entre ellos, la democracia, tras la tímida apertura de hace casi tres décadas, está secuestrada y el poder mantiene una relativa estabilidad a través de las transferencias de subsidios y prebendas a una parte de la población.

La economía argelina, subsidiada, burocrática e intervenida por el Estado, no funciona y no genera suficiente riqueza y el poder sigue manteniendo una estructura autoritaria con oropeles parlamentarios, a pesar del auge de una dinámica sociedad civil que quiere para su país un verdadero estado de derecho y justicia social. Tanto es así que algunos sectores políticos y sociales y medios de comunicación argelinos ven en Marruecos el ejemplo a seguir para Argelia.

Alabanzas argelinas

Recientemente, el diario digital ‘algerie-focus.com’ alababa la modernización económica que vive Marruecos y daba dos ejemplos de esta realidad: el AVE marroquí que tiene que unir la ciudad de Tánger con Casablanca, la capital económica del país, y la construcción de la mayor planta termosolar del mundo en Ouarzazate, un proyecto en el que participa activamente una empresa multinacional española como Acciona. Según el citado medio argelino, “la clase dirigente se pelea entre ella, se insulta y se combate” en lugar de “concentrarse en su misión fundamental: desarrollar Argelia”. Sin embargo -recalca ‘algerie-focus.com’-, “en Marruecos, donde no tienen ni petróleo, ni gas y mucho menos cambios en reservas por un valor superior a los 150.000 millones de dólares, en este país musulmán, árabe y bereber, exactamente como nosotros, el desarrollo es un asunto que se toma muy en serio”.  Por su parte, el periódico ‘El Akhbar Algérie’ pedía irónicamente hace unos días al rey Mohamed VI la incorporación de Argelia en el Reino de Marruecos. Según dicho medio, “Marruecos ha sentado las bases de un despegue económico parecido al de Turquía hace 20 años” y vive “un milagro político y económico”.

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