Prof. Antonio Alonso Marcos. Universidad San Pablo-CEU

Durante los días 10 y 11 de octubre pasados se celebró en Astaná el VI Congreso de las Religiones Mundiales y Tradicionales, un encuentro que se celebra desde 2003 cada tres años y que sirve para mostrar al mundo que el camino para la paz pasa por contar con las religiones que verdaderamente promueven el desarrollo integral de las personas y no por versiones adulteradas de las mismas que buscan destruir al ser humano. 

El origen de estas reuniones.

El año 2001 fue clave para que surgieran estos encuentros, impulsados personalmente por el presidente de Kazajstán, Nursultán Nazarbáyev. Aquel año, vimos caer las Torres Gemelas y comenzar una guerra en Afganistán, un país cercano a Kazajstán. Antes de que estallara la guerra, este país de mayoría musulmana recibió la visita de un ilustre personaje, Juan Pablo II. Fue recibido por el presidente con un afecto manifiesto, superior al que se le da a los Jefes de Estado. Esto, viniendo del presidente de un país donde el catolicismo es prácticamente irrelevante (numéricamente), es un detalle doblemente sorprendente y de agradecer. Aquel 2001 puso de manifiesto que era necesario subrayar el mensaje de paz de todas las religiones para evitar que ninguna persona pudiera tomar como excusa la religión para llevar a cabo actos de terrorismo.

Precisamente, el modelo de tolerancia religiosa que Kazajstán ofrece al mundo es muy útil, pues, como recordó el presidente en el discurso que dirigió este año a los líderes reunidos en Astana, hay más de 3.500 clérigos (o asimilados) y 18 confesiones diferentes registradas en el país; la polietnicidad de Kazajstán es la base de un modelo único de mundo interreligioso e interétnico.

El modelo kazajo, impulsado por Nazarbáyev, parte de la premisa de que las religiones no son malas, no son negativas para la sociedad, sino que los habitantes necesitan expresar libremente sus creencias religiosas; y para hacerlo sin ningún tipo de traba, se necesita un ambiente público en el que cada cual pueda expresar sus creencias sin temor a herir los sentimientos de nadie y sabiendo que nadie va a ser atacado por sus sentimientos religiosos. Es lo que los franceses llaman “laicidad”, o el papa Benedicto XVI llamaba “sana laicidad”.Es obvio que los líderes de las religiones mundiales necesitan reuniones de este tipo en las que puedan hablar tranquilamente en pie de igualdad de oportunidades.

Unos encuentros cada vez más necesarios.

La sesión plenaria fue dirigida por el supremo imán de la Universidad de Al-Azhar (El Cairo, Egipto), Muhammad Ahmad al-Tayeb, y por el Patriarca Ortodoxo de Jerusalén, Teófilo III. Precisamente,al-Tayeb protagonizó una semana más tarde en su visita a Roma, un abrazo fraternal con el papa Francisco, con quien mantiene una muy buena sintonía. También asistieron: el presidente del departamento de relaciones con iglesias externas del Patriarcado de Moscú, Metropolitano de Volokolamsk, Hilarión; el Alto Representante de las Naciones Unidas para la Alianza de las Civilizaciones, el embajador qatarí Nassir Abdulaziz Al-Nasser; el Secretario General de la Asamblea Mundial para el Acercamiento de los madhabsIslámicos, el Ayatollah Mohsen Mohammadi Araki; los representantes de los judíos sefardíes y ashkenazi, los rabinos israelíes Ichak Joseph y David Lau; el  vicepresidente de la comunidad budista mundial, el Lama Choyzhilzhavyn Dambajav; el presidente de la Asociación Taoista China Li Guanfu; el Secretario General de la OSCE, Thomas Greminger; el Secretario General de la Organización Mundial de Religiones por la Paz, William Wendley; el cardenal Francesco Coccopalmerio, como enviado del papa Francisco; y Salvatore Martínez, presidente de la Fundación Vaticana "Centro Internacional de la Familia de Nazaret" y representante personal de la Presidencia italiana en OSCE 2018. En total, más de 80 delegaciones de 45 países del mundo.

En la sesión inaugural, el presidente Nazarbáyev afirmó que “a pesar del rápido desarrollo tecnológico y el crecimiento de la riqueza mundial, la escala de desastres sociales continúa creciendo. Según la ONU, el 14% de la población mundial padece hambre crónica. El número total de desempleados superó los 190 millones de personas. Esto refuerza la desigualdad social como caldo de cultivo para el radicalismo. Por lo tanto, el tema central es un mundo seguro y justo ".

Como recordaba después Al-Tayeb, entre 001 y 2008 se han gastado alrededor de 1,5 mil millones de dólares en las guerras en Afganistán, Irak y Siria, mientras hay más de 750 millones de personas en el mundo que no saben leer o escribir. Precisamente, en muchos lugares, el único punto de referencia cultural es el clérigo del pueblo, que puede inclinar la balanza hacia la búsqueda de la paz o hacia la instrumentalización de la religión para la violencia. 

De ahí que la idea de Nazarbáyev de crear un portal web donde denunciar fácilmente desviaciones de ese tipo, sea tan interesante y necesaria. La raíz del terrorismo no es económica sino ideológica. Los países con PIB más alto también sufren este terrorismo que instrumentaliza a la religión, originado dentro de sus propias fronteras nacionales, no provocado desde fuera. Esta iniciativa del presidente Nazarbáyev da en la clave de la solución del problema: promover encuentros de paz, denunciar instrumentalización de la religión para el odio y la violencia.