Pedro Ruiz/lainformacion.com

Pie de foto: La implosión económica tras las elecciones podría traer caída de beneficios y nuevas necesidades de capital para sus bancos atrapando a la entidad. Posee un 49% del mayor banco turco

El ogro de BBVA se llama Turquía. La entidad vasca está en medio de unas elecciones históricas, en un entorno político casi de guerra civil y con una economía que podría colapsar en cualquier momento. Además, no solo se le debe sumar que el valor real de la inversión multimillonaria realizada en el país ha sufrido un hachazo considerable, sino que si se complica el escenario es muy probable que tenga que aportar capital.

Cada día en Bolsa se torna un tortuoso camino para BBVA. No es el peor banco en lo que va de año, Bankia y sus problemas con los tipos de interés bajos ha maquillado en cierta manera su pesarosa travesía. Aunque, si se mira más allá del día 1 de enero la caída de la firma presidida por González supera ampliamente al resto, de media en los últimos 12 meses BBVA ha caído un 12,5% más que el resto de entidades del Ibex. La situación adquiere un matiz más relevante al revisar las últimas recomendaciones de la banca de inversión, en siete de las últimas nueve referencias las firmas le otorgan un precio objetivo más pequeño que la valoración anterior.

Más allá de la incertidumbre en México o de su cada vez más residual peso en España, es el banco que más activos ha perdido y la principal fuente de riesgo es Turquía. BBVA cuenta con el 49% del mayor banco del país, Garanti, una porción de capital que ha pagado a precio de oro y que supone la tercera vía de ingresos más importante de su cuenta de resultados. Ahora, toda esa inversión queda en el aire por la crítica situación del país: con una economía de camino al colapso financiero y unas elecciones que podrían abrir una brecha política y social en el país difícilmente abordable.

 

BBVA ha pagado a lo largo de los años una suma total de 8.543 millones de euros, 7.043 millones en compras directas a los que se suma otros 1.500 millones que tuvo que registrar como impacto negativo en sus resultados de 2015. Ahora, tras tres años en los que la lira turca ha perdido más de un 35% de su valor, dicha inversión vale apenas 3.110 millones de euros, lo que supone una pérdida real del 64%. Si se ajusta a los dividendos pagados la pérdida se reduce al 40%. El problema no es solo que BBVA no puede salir de Garanti, sino que además con un país en caída es muy probable que este obligado a reforzar capital e incluso adquirir el banco entero. La entidad está obligada a hacer una opa por el total de Garanti si supera el 50% de su capital. Curiosamente, BBVA mantiene en su balance un colchón de capital de cerca de 2.000 millones desde hace meses sin hacer con ello ningún movimiento.

Las elecciones de este domingo en Turquía adquieren un nivel histórico por varias razones: la primera, porque es la primera vez que coinciden presidenciales y parlamentarias. Por otro lado, porque por primera vez Erdogan se enfrenta a una oposición organizada que podría alejarle del poder. Con ello, las elecciones abren tres escenarios distintos: si Erdogan gana en ambas, afianzaría su poder sobre el Estado convirtiendo Turquía en lo que The Economist denomina “un régimen de un solo hombre”. Una victoria y una derrota de Erdogan alimentaría la inestabilidad política que provocarían nuevas elecciones, con ello se dispararía la inestabilidad económica y la lira podría caer todavía más. De hecho, en estos días la lira está sufriendo la mayor volatilidad en décadas. Por último, una doble derrota de Erdogan conllevaría el hundimiento del sistema de Erdogan y con ello probablemente de la economía turca.

BBVA se enfrenta a una situación macro muy delicada

Uno de los principales problemas que han perseguido a BBVA en Turquía es que el país no termina de ser una democracia realmente desarrollada. El país otomano no solo no ha dado muestras de que existe la separación de poderes, en esto consiste la verdadera democracia según la visión fundacional del término, sino que en los últimos años ha dado pasos importantes en ratificarlo. Es más, tras un golpe de Estado cómo poco extraño, Turquía lleva tres años de estado de excepción, mientras su economía se desangra.

La evolución de BBVA en Garanti, junto con la depreciación de la lira turca frente al dólar.

En los últimos tres años, Turquía ha visto como su moneda se ha devaluado cerca de un 35%, con la pérdida de valor que conlleva eso para los activos en el país. Cómo bien saben en BBVA. El desplome de la lira turca coincide con los años de Estado de Excepción en los que Erdogan ha tenido poderes especiales que entre otras cosas le ha permitido sobrecalentar la economía. Las elecciones han sido la excusa, o la causa, de que el líder turco decidiese subir la apuesta: ‘traed madera’ que decía el genial Groucho.

En la actualidad, Turquía es un experimento económico dopado que reúne muchos de los males que han padecido tantísimos países que han acabado en colapso financiero. Todo ello comienza, cómo bien se conoce en España, con la llegada al país de flujos de capital. La crisis financiera que estalló en Estados Unidos, junto a las medidas de represión financieras puestas en marcha por la Reserva Federal, permitió que los capitales se extendiesen. Turquía fue receptor neto de dichos capitales y llegaron los mejores años del país, el PIB ha crecido un 44% en la última década. Al igual que en España, la llegada de flujos de capital se tradujo en mayores facilidades de crédito que aumentó la deuda privada a niveles alarmantes, ya en 2014 la deuda privada era un 140% sobre PIB.

La relativa bonanza económica tapa por algunos años los verdaderos desequilibrios del país. Por un lado, un ahorro interno muy pequeño y un desfase en la balanza comercial que año a año se hace más grande. El verdadero problema llega cuando esos flujos que antes llegaban al país se secan, en el caso de España fue la crisis financiera, en el caso de Turquía el aumento de tipos de la Reserva Federal, principalmente. Al final, Turquía queda con una deuda privada exorbitante, con un déficit en la balanza muy abultado y una inflación galopante.

Tras lo anterior, la pregunta es ¿Por qué no ha colapsado ya Turquía? La respuesta tiene dos componentes, por un lado, la caída en los últimos años del precio de los combustibles ha aliviado, poco, el déficit en la balanza. En segundo lugar, porque Erdogan ha seguido calentando la economía. El presidente ha forzado a las entidades, muchas de ellas públicas, a seguir otorgando créditos baratos. También ha emitido, o dado directamente, bonos de efectivo a pensionistas. Con ello ha logrado que el PIB siga creciendo con fuerza, pero que crezcan las tensiones monetarias.

La pregunta real es cuanto puede aguantar el sector privado, ya que sus empresas deben más de 300.000 millones de dólares y la losa a medida que la devaluación de la lira aumenta es mayor. Incluso los bancos se han visto obligados a reestructurar créditos corporativos por valor de 20.000 millones de dólares. El juego para Turquía acaba cuando el déficit y la deuda se vuelven insostenibles, aunque la pública es relativamente pequeña (también lo era la española), el déficit crece de manera abultada en los últimos años. Parece que las elecciones y como afronte el ganador la situación económica y la inflación galopante, de dos dígitos, detone la bomba turca.

¿La última decepción de Francisco González?

Turquía va en camino de volver a convertirse en otra de las grandes apuestas de González que le termina costando un disgusto, junto a un agujero en el bolsillo, a los accionistas del banco. La salida de Chile se consiguió cerrar con plusvalías, pero no así la desbandada en China. El gigante asiático se convirtió en la gran esperanza del BBVA para surfear la crisis financiera que empezaba a coger altura. Pocos años después, en 2013, la misma entidad toco la corneta de retirada con la venta de un 5% de Citic, operación en la que tuvo pérdidas por valor de 2.300 millones de euros. Finalmente, BBVA consiguió maquillar la cifra de pérdidas, aunque el ajuste de valoración le daba una perdida importante.

Pie de foto: Francisco González / EFE

Ahora parece que el turno es para Turquía. Resulta innegable no achacar la apuesta de BBVA por Turquía a su presidente. En una de sus visitas al país otomano, González se quedo prendado de Garanti (cómo ha reconocido en más de una ocasión) y de como su tecnología lideraba la banca del país. Tecnología y banca, González no necesitaba más para adentrarse en una operación que ya desde sus inicios fue muy cara. Sirva como ejemplo, que el primer paquete de acciones que adquirió, valoraban al banco, extrapolado al 100%, en 16.000 millones de euros la mitad de lo que por aquel entonces valía BBVA. El problema, es que la firma vasca tenía activos por 500.000 millones, mientras que Garanti apenas contaba en balance con 60.000 millones. Esto es, que cada euro de activo en Garanti valía 4 euros más que un euro de activo de BBVA.

Con ello, Turquía podría ser el último disgusto del eterno presidente del banco, 20 años en el puesto, que ya ha decidido que dejará la entidad. Con lo que en poco tiempo BBVA se podría encontrar con graves problemas en su tercer mercado, un mercado que le exige realizar una compra para no quedarse atrás de sus competidores y sin presidente. Nunca antes había venido tan a cuento aquello de la pasión turca cómo con BBVA.