Eva Cifuentes

Turquía lleva estando a las puertas de pertenecer a la Unión Europea desde el año 1987, cuando solicitó pertenecer a la entonces Comunidad Económica Europea, que posteriormente acabó derivando en la actual Unión Europea (UE). Actualmente la UE la conforman 28 países, pendientes del Brexit,  y Turquía lleva más de una década en el famoso proceso de adhesión, un proceso largo en el que el país candidato debe aceptar el acervo comunitario, que es el conjunto de obligaciones y derechos de todo país miembro. Este acervo es el principal freno de Ankara ya que en materia de leyes y derechos humanos, entre otros temas, dista mucho de los principios europeos. Por no hablar de la cultura, que aunque cada país tiene su peculiaridad y se aboga por el intercambio y coexistencias culturales en todo el territorio Europeo, las diferencias entre la Europa de los 28 y Turquía resaltan más que sus coincidencias. 

La última cumbre para tratar este tema ocurrió en marzo de 2018, y cada vez la adhesión está más lejana. El papel de Erdogan en Siria, la acumulación de poder en sus manos, sumado al gran poder de la religión y a la restricción de libertades, hace cada vez más difícil un acercamiento. Al ser un país grande se pueden apreciar diferentes formas de vivir según la región, pues no es lo mismo estar en Estambul, que en una región más oriental. La situación de la mujer es un tema muy relevante ahora mismo en prácticamente todo el mundo, y también en la UE. Se están adoptando nuevas políticas de género, se denuncia más que nunca el abuso o acoso sexual y varios países como Portugal o Suecia están aprobando leyes para castigar de forma categórica las violaciones. 2017 fue el año de ‘MeeToo’, pero en 2019 las reivindicaciones feministas siguen pisando fuerte. ¿Cómo está Turquía en este aspecto? Como se ha mencionado es diferente la capital de otras regiones, pero en un país que lleva siendo candidato a entrar en la UE más de una década, es destacable tanto contraste en este tema según el rincón en el que nos encontremos.

En cualquier ciudad europea las mujeres tienen libertad para vestir como quieran, están incorporadas totalmente al mercado laboral (aunque se sigue avanzando hacia una igualdad real para acabar con el techo de cristal, entre otras batallas) y hace ya mucho tiempo en que no necesitan a ningún hombre para poder realizarse. ¿Cómo es ser una mujer joven en una ciudad turca? Elena Recio ha notado en primera persona los choques culturales que existen hoy en día en ciudades como Erzurum, donde estuvo unos meses como voluntaria en una ONG. 

“Todos se te quedan mirando como si fueras un bicho raro por ir andando sola por la calle”

Nada más llegar, ya las diferencias eran palpables, y es que su alojamiento era en una residencia solo para mujeres ya que “mujeres y hombres no pueden compartir techo salvo que demuestren parentesco familiar o matrimonio”, explica Elena. Para una joven veinteañera es un aspecto que “choca muchísimo”. También cuenta que allí tenían toque de queda “tanto para entrar como para salir. Entre semana el horario permitido de salida y entrada era de 7 de la mañana a 10 de la noche, y los fines de semana dejaban hasta las 12. Si te lo saltabas….te sancionaban”. Para una chica joven este control parece excesivo, pero, el papel de las mujeres allí es bien distinto. “Pronto me di cuenta de que a partir de esa hora las mujeres no salen a la calle, y si vuelves después de esa hora lo normal es que te acompañe algún chico”. El miedo de las mujeres a ir solas de noche no es algo exclusivo de zonas de este tipo, es algo, por desgracia, bastante generalizado, pero quizás allí era más palpable. “Una vez anduve sola y sí sentí ese miedo, todos se te quedan mirando como si fueras un bicho raro por ir sola”, recuerda. 

El ocio es otro campo en el que la mujer parece estar de más, tal y como recuerda Elena. “Había un montón de casas del té, ya que si eres musulmán el alcohol no está muy bien visto, y en este tipo de sitios bebían café turco o té mientras jugaban, pero SOLO hombres. Es verdad que no había ninguna ley oficial según nos explicaron, pero que era algo tácito. Un sitio para hombres. Solo entré una vez y el camarero me explicó que las mujeres tampoco quieren entrar, y que tienen sitios donde ir, sitios ‘para la familia’”. Lugares exclusivos para hombres…algo totalmente insólito en la Europa del Siglo XXI. 

Las libertades es otro punto en conflicto entre la UE y Turquía pese a que su presidente afirme que no hay restricciones. Elena cuenta que el porno y la Wikipedia las tienen prohibidas por ley allí, “una vez pregunté por qué en la oficina y se armó gran revuelo en la oficina. Ni si quiera se podía debatir”. La censura turca en Internet es uno de los conflictos para su entrada en la UE. “Besarse en la calle, beber alcohol o solo plantearse debates como el del porno está mal visto y es cosa de malos musulmanes. Los de ciudades más cosmopolitas eran más abiertos, había algunos en el grupo que sí bebían algo de alcohol si salíamos, pero los demás les juzgaban mucho por ello”, comenta Elena. Aún con todas estas discrepancias, la voluntaria recomienda la experiencia y lo valora como algo positivo. Aconseja el voluntariado, eso sí, “con la mente muy abierta e intentar adaptarte tú, que eres quien viaja a su cultura. Al principio me enfadaba porque quería hacerles cambiar, pero me di cuenta que así no es como funciona”.

Cada país tiene sus diferencias dentro de sus diferentes regiones, es innegable, y ninguno es perfecto y siempre hay que seguir mejorando las condiciones de la sociedad, pero vivencias como las de Elena ponen de manifiesto el recorrido que le queda a Turquía en muchos aspectos si de verdad aspira a entrar en la UE del siglo XXI. Una Europa que intenta avanzar en igualdad, derechos humanos e integración.