Paco Soto

Pie de foto: Una zona del barrio de la Casba de Argel.

Cuatro partidos de países del Magreb han consensuado y firmado una declaración en contra del “inmovilismo” político en esta región del norte de África. Las cuatro formaciones son el Partido de la Autenticidad y Modernidad (PAM) de Marruecos, el Partido Nacional Libio (PNL), Al Joumhouri de Túnez y los berberistas de la Cabilia argelina de Reagrupamiento por la Cultura y la Democracia (RCD). La firma tuvo lugar con motivo del 5º Congreso del PAM marroquí, liderado por el todavía secretario general, Ilyas El Omari, que a la sazón es un importante hombre de negocios del norte de su país y presidente de la Región Tánger-Tetuán-Alhucemas. Las cuatro fonaciones quieren acabar con el inmovilismo que paraliza el Magreb y podría empeorar la inestabilidad socioeconómica, lo que favorecería los intereses de los islamistas más extremistas.

Los cuatro partidos se han fijado el objetivo, tras la firma de la declaración, de “superar las fragmentaciones de sus potenciales políticos y económicos, que congelan el subcontinente norteafricano, el inmovilismo, las amenazas de regresión e incluso la desestabilización”. El PAM marroquí, el PNL libio, el tunecino Al Joumhouri y el argelino RCD consideran clave y necesario “un nuevo pacto que englobe a los cuatro países [del Magreb] y las naciones ribereñas del Sahel. Es un imperativo económico, ambiental y de seguridad que ningún argumento en contra puede ocultar”. Los firmantes del documento unitario quieren “trascender” las coyunturas y los problemas que impiden la formación de un Magreb unido, y convertir este reto en “una de las urgencias mayores de la agenda regional”.

Nueva etapa

Así las cosas, los cuatro partidos magrebíes hacen un llamamiento a las otras fuerzas políticas regionales a iniciar una nueva etapa “lo más rápidamente posible” y a crear “un clima político y una confianza fraterna” que se conviertan en “una oportunidad capital” para la construcción de un Magreb unido desde el punto de vista político y económico. Para alcanzar este objetivo, los cuatro partidos prevén dotarse de una “instancia de debate y de proposiciones” y de reunirse “cada año” para “evaluar el eco y el avance efectivo de su iniciativa”.

Pie de foto: El Rey de Marruecos, Mohamed VI, y el presidente de Argelia, Abdelaziz Bouteflika.

La construcción de un Magreb unido en lo político y económico es una vieja aspiración de los dirigentes de los países de esta región, prácticamente desde que consiguieron la independencia de potencias coloniales como Francia, España e Italia. En 1958, en Tánger, representantes del Frente de Liberación Nacional (FLN) de Argelia, el Neo-Destour de Túnez y el nacionalista Partido Istiqlal (PI) de Marruecos se reunieron en la ciudad del Estrecho para abordar el proyecto de la integración magrebí.

Situación paralizada

Seis décadas después, la creación del Magreb unido está paralizada y no parece interesar a muchos dirigentes regionales. El 17 de febrero de 1989, representantes de Argelia, Marruecos, Túnez, Libia y Mauritania se reunieron en Marraquech para firmar un acuerdo político y comercial a favor de la integración regional. Nació la Unión del Magreb Árabe (UMA). Hoy en día, la UMA es un proyecto paralizado. Líderes como el presidente de Argelia, Abdelaziz Bouteflika, quieren relanzar el proyecto. En cambio, otros como el Rey de Marruecos, Mohamed VI, piensan que la UMA es una iniciativa que está políticamente muerta y es inviable.

Pie de foto: Ilyas El Omari, secretario general del PAM marroquí, uno de los cuatro partidos firmantes de la declaración contra el “inmovilismo”.

Además, los grupos berberistas magrebíes no aceptan un proyecto que solo tiene en cuenta el componente árabe de los países del Magreb y no asume su importante faceta amazigh. Para desatascar la crisis, los analistas políticos ponen de manifiesto que los dos países clave del Magreb, Argelia y Marruecos, tendrían que expresar su voluntad de diálogo para superar viejos problemas que les separan y frenan la construcción de un Magreb unido. Por ejemplo, el conflicto del Sáhara Occidental. Algunos elementos apuntan a que podría estar produciéndose un deshielo entre Argelia y Marruecos. En los dos países, hay fuerzas que aspiran a ello. Pero el conflicto no se ha solucionado, y la construcción política y económica del Magreb sigue esperando.