Juan Prieto Rodríguez, María José Pérez Villadóniga y Sara Suárez Fernández, Universidad de Oviedo/Observatorio Social de “la Caixa”

La educación es el factor que más influye en el consumo cultural. Directamente, porque a mayor educación, mayor interés por la cultura. E indirectamente, porque a mayor educación, mayor renta y, por tanto, mayor consumo cultural. La relevancia de las distintas barreras al consumo cultural depende de la actividad considerada.

Puntos clave

•      La falta de interés es el principal motivo de la no asistencia a espectáculos en directo y lugares de interés cultural, mientras que la falta de renta es la causa principal de no asistencia al cine.

•      En el caso de los espectáculos en directo y visitas a lugares de interés cultural se produce una gran polarización entre aquellos que no asisten nunca y los que asisten con asiduidad.

•      La asistencia al cine muestra un patrón distinto, con menos polarización, lo que seguramente se deba a un mayor interés general por el cine en la población.

•      Además, es en el cine donde el efecto de la edad es mayor: si comparamos a los menores de 30 con los mayores de 65, estos últimos tienen una probabilidad más de diez veces superior de no asistir nunca.

•      Dada la elevada proporción de individuos que declaran no haber participado en actividades culturales, es importante clasificarlos en dos grupos: los que no participan nunca y aquellos que no participan, pero podrían haberlo hecho si alguna circunstancia hubiera sido distinta.

•      Estos dos grupos son muy dispares y la efectividad de las políticas culturales será distinta para cada uno de ellos.

Asistencia media anual por renta y nivel educativo

 

 

 El gráfico muestra la relación entre la renta ponderada de cada miembro del hogar y la asistencia anual a actividades culturales, diferenciando por niveles educativos. Se comprueban dos cosas: (1) que, con independencia de la renta, la educación tiene un efecto positivo en la asistencia a actividades culturales; y (2) que el efecto de la renta sobre el consumo cultural es más significativo para los niveles educativos más altos (educación secundaria y superior).

¿Cómo podríamos intervenir para eliminar las barreras a la participación cultural?

•      Para reducir la importancia de las restricciones económicas se podría diseñar una política fiscal que incluya una rebaja de la imposición indirecta que soportan los bienes culturales. La caída de los precios aumentaría de forma directa la demanda cultural.

•      No obstante, una reforma fiscal de este tipo tendría efectos regresivos, al beneficiar en mayor medida a los individuos de mayor renta.

•      Si lo que se pretende es atacar el problema que supone la falta de interés, es importante una educación cultural temprana que permita desarrollar el interés y los gustos artísticos de la población.

•      En este caso, los efectos solo se notarían a largo plazo pero serían mucho más estables.

La educación es la variable socioeconómica que tiene un mayor efecto en la participación cultural. Directamente, porque a mayor educación, mayor interés y gusto por la cultura. E indirectamente, porque a mayor educación, mayor renta y, por tanto, mayor consumo y participación cultural. Este trabajo analiza el papel que desempeñan la educación y la renta en la participación cultural en tres actividades de naturaleza distinta: la asistencia al cine, la asistencia a espectáculos en directo y las visitas a lugares de interés cultural.

1. Introducción

El objetivo del presente estudio es analizar el papel de la educación, junto a otras variables socioeconómicas, en la participación de las personas en tres tipos de actividades culturales: la asistencia al cine, la asistencia a espectáculos en directo (conciertos de música y teatro) y las visitas a lugares de interés cultural (monumentos, museos, yacimientos y galerías).

El conocimiento del perfil de los consumidores potenciales y de las posibles barreras a la participación cultural constituye una información crucial para el sector público, en la medida en que esté interesado en fomentar el consumo cultural o promocionar determinadas actividades culturales. Además, si el sector cultural se financia con ingresos por taquilla, esta información también será relevante para los profesionales de este sector.

Según los estudios económicos, la educación es la variable más influyente en la participación cultural (véase, por ejemplo, Seaman, 2005). Por un lado, un mayor nivel educativo está asociado a un mayor interés y gusto por la cultura, lo que incentiva de manera directa la participación cultural. Por otro lado, a mayor nivel educativo, mayor renta y a mayor renta, más consumo cultural (Prieto Rodríguez et al., 2005). Así, el nivel educativo tiene una influencia indirecta sobre el consumo cultural a través del incremento de renta. 

Un mayor nivel educativo está asociado a un mayor interés y gusto por la cultura, incentivando de manera directa la participación cultural

Los datos utilizados para el análisis son los del año 2015 de la Encuesta de Condiciones de Vida en España (ECV15), llevada a cabo por el INE. En esta encuesta se pregunta por la participación en tres actividades culturales en el último año, siendo posibles tres respuestas: ninguna, de una a tres veces y más de tres. Asimismo, a los individuos que no han asistido se les pregunta los motivos de su no asistencia. De este modo analizamos la participación cultural y las barreras para hacerlo, fijándonos especialmente en el papel de la educación y la renta.

Se presentan en primer lugar los resultados de participación utilizando directamente los datos de la encuesta y después se analiza la influencia de las variables relevantes sobre la asistencia; para ello se han aplicado técnicas estadísticas a estos datos. Dada la elevada proporción de individuos que declaran no haber participado, estas técnicas han permitido clasificar a los no asistentes en no asistentes absolutos y recuperables. Un no asistente absoluto sería aquel que, por ejemplo, debido a su edad o falta de interés, ni participa ni se espera que lo haga. Por tanto, los no asistentes absolutos constituyen un grupo impermeable a la política cultural.

Por el contrario, los no asistentes recuperables son aquellos cuya asistencia en el último año ha sido nula, pero cuyas características son semejantes a las de otros que sí lo han hecho y, en consecuencia, los modelos estadísticos consideran que podrían haber participado. A modo de ejemplo, una pareja con hijos pequeños podría tener los recursos y el interés para asistir a un evento cultural, pero los hijos pueden haber supuesto una barrera que les haya impedido asistir. Sin embargo, a medida que los hijos crezcan esta barrera se irá diluyendo, de forma que este grupo es de especial interés para los diseñadores de políticas culturales. Por ejemplo, la provisión de servicios de guardería, talleres para niños o, simplemente, un reajuste de horarios podría incentivar de manera efectiva la participación de la pareja del ejemplo.

2. Educación, renta y asistencia a actividades culturales

En el gráfico 1 se muestra, en función de la educación, la proporción de individuos que han participado al menos una vez en alguna de las actividades consideradas. Como era de esperar, la asistencia aumenta notablemente en todos los casos con el nivel educativo. Partiendo de porcentajes de asistencia muy semejantes para las tres actividades entre los individuos con educación primaria o inferior, el crecimiento de la asistencia a las actividades culturales es mucho mayor para el cine que para los espectáculos en directo o los lugares de interés cultural cuando el nivel educativo es alto.

Dado que el principal determinante de la renta es el nivel de estudios, este gráfico recoge no solo el efecto de la educación, sino también, de manera indirecta, el efecto de la renta.

A continuación, trataremos de separar el efecto directo de la educación en la participación cultural de su influencia indirecta a través de la renta. Aunque se cuenta con información de las rentas individuales, se ha considerado más adecuado utilizar la información sobre los ingresos del hogar, de manera que la capacidad económica se ponderará en relación con el número de miembros del hogar, bajo el criterio seguido actualmente por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

El gráfico 2 muestra la relación entre la renta ponderada de cada miembro del hogar y la asistencia anual a las actividades culturales, diferenciando por niveles educativos. En primer lugar, se comprueba que, independientemente de la renta, la educación tiene un efecto positivo sobre la demanda de actividades culturales. En cada gráfico, las tres líneas asociadas al nivel educativo indican que para cualquier nivel de renta, los individuos con más estudios asisten con mayor regularidad a las actividades culturales. En segundo lugar, la pendiente de cada línea muestra el efecto de la renta para cada nivel educativo. Este efecto es más importante para los niveles educativos más altos, tal y como exponen Prieto Rodríguez et al. (2005).

En resumen, en los tres tipos de actividades culturales, la asistencia media es mayor a medida que aumenta el nivel de estudios para cualquier nivel de renta. Asimismo, los incrementos en la renta se relacionan con una mayor participación en las tres actividades, pero la influencia de la renta es mayor en los individuos con niveles educativos medio y superior que en los que tienen menor nivel educativo.

Aunque la participación cultural aumenta con la educación y la renta, el aumento de ingresos en personas con niveles educativos bajos produce un cambio menor

3. Barreras a la participación

A los individuos que responden que no han acudido a una actividad en el último año se les pregunta el motivo principal de su no asistencia; las posibles respuestas son: no puede permitírselo, no está interesado, la oferta cultural escasa (ausencia de cines, espectáculos en directo o lugares de interés cultural cerca) u otras razones. Tal como muestra el gráfico 3, la ECV15 no capta completamente la causa principal de la no asistencia, ya que la categoría «otras razones» es la que se alega con una mayor frecuencia. A continuación, y por este orden, no está interesado y no puede permitírselo son las causas más relevantes y, en último lugar, la oferta cultural escasa.

En las tres actividades se observa el patrón esperado respecto a la educación. A medida que esta aumenta cae el porcentaje de los no asistentes y, en consecuencia, la frecuencia con que se declara cualquiera de las cuatro barreras a la participación. Además, los motivos declarados para no haber participado siguen la misma pauta en los tres casos: los individuos con niveles educativos bajos declaran menor interés y, en general, mayores restricciones presupuestarias.

El gráfico 4 muestra la relación entre el nivel de renta y la frecuencia de asistencia o los motivos de no asistencia a las actividades culturales.

Como era de esperar, los individuos con menor renta son los que menos participan en actividades culturales. Además, para los individuos con rentas bajas (decilas 1 al 3) y, por tanto, en riesgo de exclusión social, las diferencias en los niveles de asistencia son muy pequeñas. Esto probablemente se deba a un nivel de recursos mínimo, por debajo del cual una persona difícilmente se pueda permitir asistir a alguna actividad cultural. Solo a partir de la cuarta o quinta decila (lo que supondría aproximadamente una renta de 24 mil euros anuales para una familia de tres miembros) se aprecian cambios significativos.

Las mayores diferencias entre actividades se observan en las causas declaradas de no asistencia. En el caso del cine, a medida que aumenta la renta cae la importancia de las restricciones económicas. Sin embargo, en el caso de los espectáculos en directo y las visitas a lugares de interés cultural destaca la caída de la falta de interés a medida que aumenta la renta, lo que problablemente se deba a la mayor formación artística de los individuos con mayores recursos económicos (Borgonovi, 2004). 

La falta de interés, primera barrera a la participación cultural, es mayor en actividades que exigen una mayor formación en las artes y podría soslayarse mediante una mejor educación cultural

4. Probabilidades de asistencia

Las observaciones de la ECV15 subrayan las diferencias entre individuos que han asistido a alguna actividad cultural y los que no lo han hecho. No obstante, para poder profundizar en el papel que las variables socioeconómicas tienen en las decisiones de participación cultural, se precisa interpretar la información disponible en términos probabilísticos. Una transformación de los datos mediante técnicas estadísticas ha permitido clasificar a los individuos que declaran no participar en dos grupos: los no asistentes absolutos, aquellos que ni participan ni se espera que lo hagan, y los no asistentes recuperables, cuya participación cultural ha sido nula pero podría no haberlo sido. Como ya se ha señalado, estos dos grupos son tan dispares que la efectividad de las políticas culturales será completamente distinta para cada uno de ellos.

El gráfico 5 muestra la relación entre las probabilidades de asistencia y la renta. En las tres actividades se observa un grupo de no asistentes absolutos muy importante a los que será difícil interesar por las actividades culturales, especialmente los espectáculos en directo y los lugares de interés cultural. Este resultado es muy general y similar al que Ateca Amestoy y Prieto Rodríguez (2013) obtienen para los Estados Unidos.

Entre los espectáculos en directo y los lugares de interés cultural se da un comportamiento similar. En estas actividades la probabilidad de ser un no asistente absoluto disminuye de forma muy acusada con la renta, a la vez que aumenta la probabilidad de asistencia alta. Por el contrario, las probabilidades de ser no asistente recuperable o persona de demanda baja apenas cambian y representan los grupos más pequeños. Estas cifras se mantienen estables y únicamente parecen observarse cambios entre los no asistentes absolutos y las personas de demanda alta. Sin embargo, es posible que se estén produciendo procesos de sustitución entre categorías que dejan prácticamente inalterada la probabilidad de ser un no asistente recuperable o tener demanda baja. Esto lleva a una clara polarización, ya que la población se divide casi exclusivamente entre no asistentes absolutos e individuos de demanda alta. Esto ocurre en mayor medida para los espectáculos en directo.

En cuanto al cine, los no asistentes recuperables son más sensibles a la renta que en los otros casos. Observamos, asimismo, que los no asistentes absolutos y los recuperables presentan probabilidades similares, que disminuyen según la renta. A medida que las rentas son más altas, hay menos no asistentes absolutos. Esta circunstancia se relaciona con un incremento de individuos con demanda de asistencia alta, mientras que el número de personas con demanda baja se mantiene estable. Este menor grado de polarización quizá se deba a una distribución más homogénea y general del interés por el cine en la población, con variaciones más asociadas a la edad y no tanto a la renta.

Un análisis semejante por nivel educativo muestra que pasar de educación primaria a educación superior reduce alrededor de cincuenta puntos porcentuales la probabilidad de ser un no asistente absoluto para las tres actividades. Por tanto, mayores niveles de educación (y de renta) hacen que las personas se vuelvan más permeables a las actividades y políticas culturales. Asimismo, este aumento del nivel educativo multiplica la probabilidad de asistencia alta, especialmente al cine.

También es en el cine donde el efecto de la edad es mayor. Por ejemplo, si se compara a los menores de 30 años con los mayores de 65, estos tienen una probabilidad más de diez veces superior de ser no asistentes absolutos. La caída de la asistencia se distribuye a lo largo de todos los grupos de edad. Sin embargo, para las otras dos actividades el efecto de la edad es mucho menor, aunque se acelera a partir de los 65 años.

En resumen, la renta y la educación parecen ser las variables socioeconómicas con un mayor impacto en la probabilidad de asistencia a actividades culturales, siendo la edad otro factor relevante, especialmente en la asistencia al cine (Fernández Blanco et al., 2009).

5. Conclusiones

En este trabajo se analiza el papel de la educación y la renta como barreras a la participación en tres tipos de actividades culturales: cine, espectáculos en directo y visitas a lugares de interés cultural.

El papel que desempeñan los distintos tipos de barreras depende de la actividad considerada. Para los espectáculos en directo y las visitas a lugares de interés cultural, es la falta de interés (ligada a la educación) la razón principal de la no asistencia. Sin embargo, parece que es la falta de renta, no de interés, el determinante básico de la no asistencia al cine. En este caso hay una industria que diseña sus productos teniendo en cuenta el interés de los consumidores potenciales; por otra parte, la asistencia a las artes escénicas y a lugares de interés cultural requiere una mayor formación del gusto y cuando este no existe tampoco existe interés.

En el caso de los espectáculos en directo y las visitas a lugares de interés cultural, se observa una gran polarización entre asistentes de demanda alta y no asistentes absolutos. En cambio, el cine no presenta esta dicotomía. La renta aparece como el factor que mejor explica los cambios en los niveles de asistencia al cine. Se podría concluir que la falta de interés actúa en primer lugar como barrera a la participación cultural. Cuando la falta de interés no supone un problema, como sucede en el caso del cine, la restricción económica pasa a ser relevante. Así, un individuo no se planteará asistir a un evento cultural si no tiene interés por él, y solo en el caso de tenerlo considerará otras posibles restricciones.

Estas observaciones plantean un dilema a la hora de diseñar la política cultural. A corto plazo y para reducir la importancia de las restricciones económicas, dicha política se podría combinar con una política fiscal que incluya, por ejemplo, reducciones de la imposición indirecta que soportan los bienes culturales o incrementos en las subvenciones a la producción de dichos bienes. Las caídas consiguientes en los precios tendrían un efecto directo e inmediato en la demanda cultural. No obstante, estas políticas fiscales podrían interpretarse como regresivas, puesto que beneficiarían en mayor medida a los individuos de mayor renta.

Si lo que se pretende es atacar el problema que supone la falta de interés, la política cultural debería integrarse en la política educativa para mejorar el gusto por las artes. Evidentemente, aunque los efectos solo se notarían a largo plazo, sin duda que serían mucho más estables. En el pasado, estas políticas de formación de gustos se combinaban con los programas culturales de la radio y la televisión. Los cambios tecnológicos han eliminado las audiencias cautivas de estos medios. Si bien la diversidad de la oferta es ahora mucho mayor, solo los que ya están interesados por las artes demandan estos contenidos. De ahí la importancia de la educación temprana y obligatoria para desarrollar el interés y los gustos artísticos en la población.  

6. Referencias

Ateca Amestoy, V.M., y J. Prieto Rodríguez (2013): «Forecasting accuracy of behavioural models for participation in the arts», European Journal of Operational Research, 229(1).

Borgonovi, F. (2004): «Performing arts attendance: an economic approach», Applied Economics, 36(17).

Fernández Blanco, V., L. Orea y J. Prieto Rodríguez (2009): «Analyzing consumers heterogeneity and self-reported tastes: an approach consistent with the consumer’s decision making process», Journal of Economic Psychology, 30(4).

Prieto Rodríguez, J., D. Romero-Jordan y J.F. Sanz Sanz (2005): «Is a tax cut on cultural goods consumption actually desirable? A microsimulation analysis applied to Spain», Fiscal Studies, 26(4).

Seaman, B.A. (2005): «Attendance and public participation in the performing arts: a review of the empirical literature», Nonprofit Studies Program, Georgia State University, Working Paper 05-03.

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