Paco Soto  

Pie de foto: El presidente de la República argelina, Abdelaziz Bouteflika, durante su votación en un colegio electoral de Argel.

Las elecciones legislativas que se celebraron el 4 de mayo en Argelia no causaron ninguna sorpresa en el país. El expartido único Frente de Liberación Nacional (FLN) del envejecido y enfermo presidente de la República, Abdelaziz Bouteflika, de 80 años de edad, y su aliado conservador Reagrupamiento Nacional Democrático (RND) del director de la Oficina de la Presidencia de la República, Ahmed Ouyahia, consiguieron mayoría absoluta en los comicios. Según contó el ministro del Interior, Nourredine Bedoui, en su comparecencia mediática, el FLN alcanzó 164 diputados y el RND, 97. Ambos partidos consiguieron 261 escaños sobre un total de 452. El FLN y el RND mejoraron sustancialmente sus resultados respecto a las generales de 2012, cuando el partido de Bouteflika logró 221 diputados y su aliado, 70. Según los resultados oficiales, los dos principales partidos islamistas que concurrieron a las elecciones fusionados, el Movimiento por la Sociedad y la Paz (MSP) de Abderrazak Makri y el Frente del Cambio (FC) de Abdelmadjid Menasra, alcanzaron 33 escaños y se situaron en tercera posición.

En 2012, el MSP consiguió 47 parlamentarios en el marco de una alianza electoral con varios grupos islamistas denominada Alianza de Argelia Verde. Dentro del campo islamista, la formación política Tajamou Amal El Jazair (TAJ), que se presentó ante los electores como una fuerza renovadora, obtuvo 19 escaños, seguida de la Alianza Nahda-Adala-Bina con 15. Entre las fuerzas políticas que batallaron en estos comicios donde concurrieron 11.500 candidatos, la izquierda moderada representada por el Frente de Fuerzas Socialistas (FFS) de Abdelmalek Bouchafa logró 14 diputados, la izquierda radical Partido de los Trabajadores (PT) de Louisa Hanoune, de orientación trotskista, 11, y los berberistas laicos del Reagrupamiento por la Cultura y la Democracia (RCD), 9.

Alta abstención

La mayoría de los 23 millones de argelinos que estaban llamados a las urnas decidió quedarse en casa. En un país en pleno marasmo económico y con graves problemas sociales, una enorme corrupción y un distanciamiento considerable entre una clase política autista y defensora a ultranza de sus privilegios y la población, la participación electoral fue muy baja: 38,25% de los ciudadanos con derecho a voto e inscritos en el censo votaron, frente a 43% en las legislativas de 2012. Como ocurre en países con una democracia frágil e instituciones y partidos desprestigiados, la mayoría de los ciudadanos argelinos optó por no acudir a las urnas. La indiferencia y a menudo la cólera de millones de ciudadanos que son tratados por el poder como súbditos sin derechos y un enorme desprecio se explica, según muchos observadores, por la reciente subida de los precios de productos alimentarios básicos, la deteriorada situación socioeconómica y los escándalos de corrupción revelados por la prensa privada, como, por ejemplo, unos candidatos que pagaron dinero para figurar en las listas electorales.

 La especulación y falta de transparencia sobre el estado de salud del presidente Bouteflika, que prácticamente ya no comparece en público, apenas habla y va en silla de ruedas, no contribuye a que la ciudadanía confíe en los políticos y se interese por la cosa pública. “Al revés, una mayoría de argelinos está desencantada con el sistema político y no cree en sus dirigentes. Es por esto que el número de votantes es cada vez más pequeño”, opinó para Atalayar el sociólogo argelino Nourredine Bourmad.  El FLN consiguió 35, 50% de los votos y el RND, 20%. Indudablemente, ambos partidos ganaron las elecciones generales, pero, como destacó la web ‘maghrebemergent.com’: “Los partidos del poder ‘victoriosos’ en unas legislativas fuertemente desertadas por los argelinos”. El diario ‘El Watan’ resaltó: “Resultados de las elecciones legislativas: Statu quo en la APN (Asamblea Popular Nacional, Parlamento)”. Por su parte, el influyente diario ‘Le Quotidien d´Oran’ puso de manifiesto: “La Cámara baja, controlada por los partidos del sistema, desde la noche de los tiempos, nunca ha reflejado la voluntad popular”.

Pie de foto: El ministro del Interior, Nourredine Bedoui, comunica en rueda de prensa los resultados electorales.

Ceguera política o cinismo

El oficialista rotativo ‘El Moudjahid’ utilizó un tono triunfalista para recalcar que “el escrutinio para la elección de la Asamblea Popular Nacional se llevó a cabo ayer [el jueves] en un clima de calma y serenidad, según los deseos y las orientaciones del Presidente de la República expresados en su reciente mensaje a la nación… Ningún incidente mayor perturbó el desarrollo de esta cita”. En la misma línea, el titular de Interior explicó en su comparecencia ante los medios, en Argel, que las elecciones discurrieron en un clima de “espontaneidad y de responsabilidad”. En opinión del sociólogo Nourredine Bourmad, “hay que estar ciego o ser un cínico para no darse cuenta que seis ciudadanos de cada diez no han acudido a votar en Argelia. Este desinterés demuestra la gravedad de la crisis política, social, económica e incluso moral que vive el país desde hace años. Negar los problemas no los soluciona”. El sociólogo agregó para Atalayar: “Desgraciadamente, la alternativa a los partidos del sistema son los islamistas, aunque éstos también hacen parte del sistema, porque apenas quedan fuerzas progresistas y las que quedan están debilitadas y son un pálido reflejo de lo que fueron en el pasado. Es el caso del socialista FFS”.

Un Parlamento alejado de la población

Una minoría de argelinos votó el 4 de mayo para renovar la APN, que se ha convertido en una Cámara baja esclerotizada, burocratizada y alejada de los intereses y preocupaciones de la gran mayoría de la población, y esto ocurre en un contexto de dificultades económicas y sociales e inercia política. En honor a la verdad, hay que reconocer que la situación no es tan grave como en los años 90 del siglo pasado, cuando la lucha del Estado contra el terrorismo de orientación salafista radical desembocó en un cruel conflicto civil que provocó unos 200.000 muertos. Pero como subrayó Nourredine Bourmad, “vivimos una falsa estabilidad. El terrorismo ha disminuido considerablemente y gran parte de los antiguos terroristas se han reinsertado gracias a medidas de paz y reconciliación promovidas por el propio Bouteflika, y esto es positivo, pero no ha desaparecido; los problemas sociales y económicos se amontonan y muchos se enquistan, la incipiente democracia argelina es débil en un país donde la tendencia autoritaria del Estado no ha desaparecido y el poder real no está en manos de la soberanía popular a través del legislativo sino de una oligarquía civil y militar”.

Pie de foto: Varios ciudadanos de la capital argelina miran unos carteles electorales.

Crisis económica y fragilidad democrática

Según dijo el politólogo argelino Ali Boukhlef a Atalayar, “en un contexto de grave crisis sociopolítica y económica y debilidad democrática, la escasa participación electoral el 4 de mayo es un asunto muy preocupante, porque esta situación puede dejar la puerta abierta a fuerzas muy reaccionarias, populistas y demagógicas y a aventuras política de escaso recorrido democrático”. Desde que en 1989 se inició un tímido proceso de democratización en Argelia, la oposición denuncia regularmente fraudes en favor de los partidos del sistema como el FLN, que durante casi tres décadas gobernó Argelia en solitario y con mano de hierro, y reprimió con enorme dureza a los disidentes y críticos con el sistema de socialismo burocrático, autoritario y corrupto instaurado en 1962, una vez conseguida la independencia de Francia. Las autoridades, sobre todo la Alta Instancia de Vigilancia de las Elecciones, siempre han negado estas acusaciones y han destacado la “integridad” de los procesos electorales.

Esta vez ocurrió lo mismo, y el presidente del citado organismo estatal, Abdelouahab Derbal, citado por la agencia APS, se esforzó por demostrar que los comicios se celebraron en un contexto de normalidad democrática. Frente a los críticos, Abdelaziz Bouteflika representa oficialmente “la estabilidad del país”. Una parte importante de la población, sobre todo la oligarquía económica, civil y militar, además de personas mayores, funcionarios y ciudadanos que sacan provecho de las subvenciones y ayudas estatales, comparten este punto de vista. Por el contrario, amplios colectivos sociales, millones de argelinos, piensan de forma diferente. Pero muchos críticos y desencantados, probablemente la mayoría, no canalizan su hartazgo de manera constructiva sino negándose a ir a votar y alejándose de las instituciones y los partidos. “Este nihilismo social y político está muy extendido en el país, sobre todo entre la juventud”, piensa el sociólogo Nourredine Bourmad.

Pie de foto: Louisa Hanoune, líder del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT).

La preocupación del poder

El abstencionismo constituye una “honda preocupación” para las autoridades argelinas, según el diario ‘El Watan’, que antes de la cita con las urnas evocó “el desinterés popular respecto al escrutinio”. Vale la pena contar que varios medios de comunicación argelinos y franceses destacaron que las elecciones presidenciales en Francia habían despertado más interés en la población del país magrebí que las legislativas del 4 de mayo. Es lógico porque los comicios generales argelinos no cuestionaron el domino del poder legislativo por el FLN y el RND. El FLN domina el panorama político desde la independencia de 1962, y para millones de argelinos es un partido vinculado a la corrupción, el saqueo de las riquezas económicas del país, la violencia y la represión. Y poco puede hacer Bouteflika, un político típico de dicho sistema putrefacto, por cambiar la imagen negativa del FLN entre la nueva generación de argelinos. La empresa de telecomunicaciones Algérie Telecom prometió tres meses de abonamiento a Internet gratuito a los jóvenes que presentaran su cartilla electoral sellada, demostrando que habían votado. Ni medidas atractivas de esta naturaleza movilizaron al electorado juvenil. Los jóvenes están más preocupados por encontrar un empleo y una vivienda digna o bien emigrar a Europa o a los ricos países árabes del Golfo que por ir a votar a candidatos que en bastantes casos representan épocas pasadas y prácticas políticas siniestras.

Muchos ciudadanos mayores también están desencantados. En declaraciones a un medio escrito, Lakhdar, votante de izquierda de 64 años, declaró: “Ya no hay oposición. Antes existía el Frente de Fuerzas Socialistas, pero desde la muerte de Hocine Aït Ahmed [líder de la histórica formación de izquierda], ya no creo en nada”. “El que quiera abandonar su derecho al voto es libre de hacerlo. Pero lo que no puede hacer es imponer su decisión a los argelinos”, manifestó antes de los comicios el primer ministro, Abdelmalek Sellal. Para el politólogo y director del Centro de Estudios y de Investigación sobre el Mundo Árabe y Mediterráneo (CERMAM), Hasni Abidi, en contra de lo que piensan otros expertos, “la abstención del argelino es un comportamiento político sano. Es una posición política, una actitud. Tenemos una gran paradoja en Argelia. Cuando teníamos un régimen de partido único, la abstención era muy débil. Desde que se instauró el multipartidismo y la instalación duradera del presidente Bouteflika, el nivel de abstención se convirtió en muy elevado”. A su juicio, “en el momento en que el país atraviesa una situación crítica en el plano económico, político y de seguridad, los argelinos no se movilizan para elegir un nuevo Parlamento y un gobierno que responda a estos desafíos”.

Carnaval electoral

El periodista del semanario ‘Jeune Afrique’ especialista en cuestiones argelinas Farid Alilat consideró que las elecciones en Argelia suelen ser una especie de “carnaval”. En Argel, dos mujeres de izquierda se convirtieron en un soplo de aire fresco: la periodista Salima Ghezali, del socialista FFS; y Louisa Hanoune, líder del izquierdista PT. Ambas despertaron simpatía en segmentos de la población, pero también cosecharon rechazo entre los votantes islamistas y en sectores muy conservadores de la sociedad que creen que el lugar de las mujeres es el domicilio familiar y no la actividad política. Y el aire fresco fue una simple brisa agradable y no se transformó en un viento huracanado y transformador. Fuera de la Cabilia, el berberista RCD no logró grandes resultados electorales, lo que parece demostrar que, hoy por hoy, el poder tiene bastante controlado el asunto de las tensiones identitarias en ciertas regiones del país, que hace tan solo una década resultaron ser rebeldes y pusieron en un serio aprieto al Estado. 

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