Paco Soto

Pie de foto: El primer ministro de Libia, Fayez al-Sarraj.

Libia, rico producto de hidrocarburos, no consigue estabilizar la situación política, institucional y social. Más de cinco años después de la caída del tirano Muamar Gadafi, que acabó siendo aliado de Occidente tras haber sido uno de sus principales detractores en el mundo árabe y africano, Libia sigue sufriendo los golpes del terrorismo yihadista y de milicias de delincuentes armados hasta los dientes, las divisiones tribales y territoriales y la falta de cohesión política. Tanto es así que el Gobierno de Unión Nacional (GNA) de Fayez al-Sarraj, con sede en Trípoli, a pesar de tener el apoyo político y material de la comunidad internacional, no cuenta con el respaldo del Parlamento de Tobrouk, ciudad situada en el este del país. Estados Unidos y las principales potencias apuestan por el GNA, pero poca actividad política podrá llevar a cabo el Ejecutivo de Fayez al-Sarraj si no consigue derrotar definitivamente el yihadismo y la violencia, pacificar y ordenar el país y lograr la paz institucional. Así las cosas, el Parlamento de Tobrouk reiteró de nuevo esta semana su rechazo al GNA, porque consideró que este Gobierno carece de legitimidad y no representa a todos los libios.

Nueva crisis institucional

“La mayoría de los diputados presentes en la sesión del Parlamento ha rechazado acordar su confianza al Gobierno”, declaró a la AFP el portavoz de la Cámara, Adam Boussakhra. “Es la primera vez que conseguimos tanta unidad en los últimos cinco meses”, destacó Boussakhra. Sobre los 101 miembros del Parlamento presentes (sobre un total de 198), 61 diputados y el presidente de la Cámara, Aguila Saleh, votaron en contra de la moción de confianza, uno a favor y 39 se abstuvieron, según informó la institución legislativa en un comunicado colgado en la web. Mattia Toaldo, experto en el grupo de reflexión European Council on Foreign Relations, manifestó a la AFP: “Habrá que ver si Fayez al-Sarraj y los diputados que lo apoyan reconocerán la legitimidad de este voto”.

El experto señaló que “es posible que este voto” contribuya a “derrocar el Consejo Presidencial”, un órgano compuesto por el primer ministro Fayez al-Sarraj y los viceprimeros ministros. Según Toaldo, la decisión del Parlamento de Tobrouk podría provocar “una nueva crisis institucional y minar la legitimidad del GNA”. El experto en el European Council on Foreign Relations aseguró que diversos actores políticos “libios y extranjeros” se han reunido para contemplar la posibilidad de cambiar el Gobierno de Trípoli e incluso el Consejo Presidencial.

Pie de foto: Una sesión del Parlamento de Tobrouk.

Acuerdo político

El Parlamento de Tobrouk rechazó un primer intento de formar un GNA el pasado mes de enero. 84 diputados sobre 104 presentes en una sesión parlamentaria votaron en contra. El Parlamento de Tobrouk tiene legitimidad de cara a la comunidad internacional, pero da su apoyo a un Ejecutivo rival, basado en Baïda, en el este de Libia. En la actualidad, el GNA, fruto de un acuerdo entre diversas fuerzas libias apoyado por la ONU y firmado en diciembre de 2015 en Marruecos, no controla todo el país y no ha logrado un apoyo unánime de la población. Pero está consiguiendo golpear a Daesh y ha derrotado a este grupo terrorista de la ciudad de Sirte en una ofensiva militar que empezó el pasado 12 de mayo. Estados Unidos rechaza la opción de una intervención militar directa en Libia, porque cree que una decisión de esta naturaleza tendría consecuencias imprevisibles. Esta es también la posición de España. En cambio, otros países, como los del Magreb, contemplan la intervención militar. Los terroristas de Daesh cuentan entre 3.000 y 5.000 combatientes en Libia.

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