Paco Soto

Pie de foto: El primer ministro de Marruecos y número dos del islamista PJD, Saad-Eddine El Othmani.

La Cámara de Representantes (Parlamento) y el Senado de Marruecos aprobaron mayoritariamente las grandes líneas del programa que presentó el miércoles de esta semana el nuevo primer ministro y número dos del islamista Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD), Saad-Eddine El Othmani. Como adelantó Atalayar la semana pasada, la moción de confianza a la que se sometió el pragmático y conciliador El Othmani, principal rival del secretario general del PJD y exjefe del Gobierno, Abdelilah Benkirane, fue un puro trámite. No provocó ni grandes emociones ni tormentosos debates en los Plenos que se llevaron a cabo en el Parlamento y el Senado. 208 diputados dieron el visto bueno a la andadura gubernamental del primer ministro islamista, que consiguió formar un Ejecutivo de coalición con partidos de derecha (UC y MP), centro (RNI) e izquierda (USFP y PPS), 91 votaron en contra y 40 se abstuvieron. Según contó un periodista radiofónico a Atalayar, “fue un pleno previsible y aburrido que consolidó el poder de El Othmani y delimitó el papel de la oposición”. “El Gobierno ha sido investido después de haber conseguido la confianza de la Cámara de Representantes, que expresó con el voto la mayoría absoluta y su apoyo al programa del Gobierno”, declararon fuentes del Ejecutivo, según informó la agencia de noticias MAP.

Críticas al programa de El Othmani

El periodista contactado por Atalayar consideró que “el Gobierno reúne las condiciones constitucionales para iniciar el ejercicio del poder y asumir la responsabilidad de sus acciones ante el Parlamento”. Dicho esto, se equivocan quienes piensan que al Gobierno de El Othmani le espera un camino de rosas por recorrer. La oposición, sobre todo el liberal y modernista Partido de la Autenticidad y la Modernidad (PAM), que tiene la simpatía del Rey Mohamed VI, aunque el monarca lo niegue, no piensa estar callada, y llevará a cabo una estrategia de confrontación con los islamistas del PJD y sus aliados políticos circunstanciales. Según el influyente periódico económico ‘L´Economiste’, “la oposición desmonta el programa de El Othmani”.

A juicio del periodista de ‘L’Economiste’ Mohamed Ali Mrabi, el Gobierno de coalición es un Gabinete que carece de una estrategia industrial coherente, y no conseguirá reducir el paro y solucionar los problemas sociales del país. Es lo que piensan el PAM de Ilyas El Omari y otras fuerzas opositoras. Según dijo en el Parlamento el jefe del grupo parlamentario del PAM, Mohamed Chrourou, el periodo de casi seis meses de bloqueo institucional durante el cual no se pudo formar Gobierno fue “un tiempo perdido” que impidió crear 74.000 empleos. “Han hecho ustedes perder el tiempo” al país, porque “su programa gubernamental es muy débil”, aseguró el diputado del PAM. El nacionalista Partido Istiqlal (PI) de Hamid Chabat también criticó con dureza a El Othmani y “su ausencia de objetivos precisos”. El PAM y el PI están convencidos de que el Ejecutivo de coalición no cumplirá sus promeses porque carece de un programa sólido.

Pie de foto: El politólogo y especialista en movimientos islamistas Mohamed Darif.

Falta de credibilidad

En este sentido, Noureddine Mediane, jefe del grupo parlamentario del PI, puso en duda “la credibilidad” del primer ministro islamista para lograr un crecimiento económico importante y reducir la deuda pública por debajo del 60% del PIB. Inclusive dentro del propia PJD hay divergencias más o menos disimuladas sobre la estrategia gubernamental de El Othmani. Las fisuras internas afloraron durante la intervención en la Cámara baja del jefe del grupo parlamentario del PJD, Idriss El Azami. Este político puso “en guardia” a sus compañeros de partido “contra los objetivos muy ambiciosos para los sectores de la educación y la sanidad”. Fue una clara advertencia al optimismo del jefe del Gobierno. Por otra parte, Saad-Eddine El Othmani tendrá que hacer frente a las crecientes reivindicaciones de los sindicatos. El primer ministro expresó su disposición a dialogar con las fuerzas sindicales, y lo dejó claro en su intervención en el Parlamento. En cambio, Abdelilah Benkirane adoptó una postura radicalmente distinta con los sindicatos.

El ministro de Trabajo, el islamista Mohamed Yatim, se manifestó en la misma línea que el primer ministro. El Othmani, como anteriormente Yatim, se reunió después de la moción de confianza en el Parlamento y el Senado con los secretarios generales de los cinco grandes sindicatos del país: UMT, CDT, FDT, UNMT y UGTM. Algunos líderes sindicales, como el secretario general de la UMT, Miloud Moukharik, se quejaron de que el encuentro se hubiera celebrado después y no antes de la moción de confianza en ambas Cámaras. “Hay que revisar el código del trabajo”, advirtió el jefe de la UMT. Y también reformar las pensiones y el derecho de huelga, subir los sueldos, mejorar las condiciones de trabajo, consolidar la libertad sindical… Los sindicatos consideran que el balance social del anterior Gobierno dirigido por el PJD es “negativo” y no descartan huelgas y protestas en la calle para alcanzar sus objetivos.

La ruptura del PJD

En una entrevista con el periódico ‘L´Economiste’, Mohamed Darif, politólogo y especialista en movimientos islamistas, afirmó: “El PJD pronto explotará en mil pedazos”. En su opinión, “todo indica que, con la caída de Benkirane, el islam político en Marruecos está acabándose”. Darif puso de manifiesto que el poder “ha creado” el PJD, que “es el partido más rico de Marruecos”, y su matriz ideológica, el Movimiento Unicidad y Reforma (MUR), “ha tocado fondo”. “Un PJD fuera del poder” es un partido sin futuro, recalcó el politólogo. Según Darif, “el PJD no tiene ideología, y su ruptura en mil pedazos es un cuestión de tiempo”. Mientras el Gobierno da sus primeros pasos y la oposición se organiza contra El Othmani y sus aliados de coalición, en el Rif, región del norte de Marruecos de cultura mayoritariamente bereber y tradicionalmente rebelde, sigue la tensión social y política.

Pie de foto: Una manifestación popular en la región del Rif.

Revueltas en el Rif

Todo empezó en noviembre de 2016, cuando miles de personas salieron a la calle, y en varios casos se enfrentaron a las fuerzas de seguridad, tras la muerte, en Alhucemas, de Mouhcine Fikri, un vendedor ambulante de 31 años que fue triturado en un camión de basura. Desde entonces, los contestatarios, entre los que se encuentran muchos jóvenes y activistas del movimiento amazigh (bereber), reclaman mejoras económicas, sociales y políticas al Gobierno y denuncian las injusticias y ‘la hogra’ (desprecio) que sufren por culpa del denominado majzén incrustado en el poder local y central. El meollo de la contestación popular se encuentra en Alhucemas, una ciudad de 60.000 habitantes. Otras poblaciones, como Midar esta semana, han sido escenario de masivas manifestaciones. Las reivindicaciones autonomistas e incluso independentistas están a la orden del día. De “Separatistas y étnicas”, las calificó la web ‘Medias24’.

Las redes sociales, sobre todo Facebook, desempeñan un papel clave en la difusión de las ideas y objetivos identitarios rifeños. El Estado reaccionó ante el auge de las protestas destituyendo a importantes altos cargos del Rif, como el wali (gobernador civil) de la provincia de Alhucemas, Mohamed Zhar. Fueron sustituidos por políticos y funcionarios de origen rifeño. El poder de Rabat se dio cuenta que la represión policial no era una buena solución para calmar los ánimos. Pero la medida no tranquilizó a la población. Tampoco la sentencia condenatoria contra 11 personas implicadas en la muerte de Mouhcine Fikri por parte de un tribunal de Alhucemas. 

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