Paco Soto

Pie de foto: El presidente de la República francesa, Emmanuel Macron.

El presidente de Francia, Emmanuel Macron, liberal, centrista y pragmático, ha cumplido con su palabra. Diez meses después de haber calificado la colonización de “crimen contra la humanidad”, el jefe del Estado galo viajó a Argelia el 6 de diciembre. Argelia no es para Francia un país cualquiera. Es un territorio que estuvo salvajemente colonizado por París de 1830 a 1962. Salvaje fue también la lucha de liberación nacional de los patriotas argelinos. La independencia fue traumática para Francia pero también para una parte de la población argelina que no la deseaba. Muchos eran argelinos de origen árabe o bereber; otros eran descendientes de franceses, españoles y otras nacionalidades europeas.

La colonia y la metrópoli vivieron una etapa de grandes convulsiones y violencia antes de 1962: disturbios callejeros, crímenes, torturas, atentados de los independentistas del Frente de Liberación Nacional (FLN) y de la Organización del Ejército Secreto (OAS), grupo terrorista de extrema derecha contrario a la independencia, intento de golpe de Estado militar protagonizado por generales y oficiales defensores de la Argelia francesa, crisis política en la metrópoli… 55 años después de la independencia, Argelia y Francia siguen manteniendo una relación tensa y contradictoria, donde el amor y el odio se mezclan a menudo.

Necesidad mutua

Argelia es un rico productor de hidrocarburos que necesita de la cooperación económica y tecnológica con la antigua metrópoli colonial, con la que mantiene estrechos lazos sociales y culturales. Francia necesita de su antigua colonia por motivos económicos, políticos y geoestratégicos, y los dos Estados colaboran activamente en la lucha contra el terrorismo yihadista. Pero Francia ya no es la potencia poscolonial que domina Argelia. Tiene que competir con otros países occidentales como España, Italia y Alemania y con poderosos Estados emergentes como China, India y Turquía. París, sobre todo durante la presidencia de François Hollande, y Argel han hecho grandes esfuerzos por superar el traumático pasado, pero los sectores nacionalistas más integristas argelinos y franceses necesitan del conflicto permanente para sobrevivir, y “hacen grandes esfuerzos por impedir que las dos naciones inicien una nueva etapa en su historia basada en el entendimiento, el respeto mutuo y el acuerdo”, apunta el politólogo argelino Ali Boukhlef a Atalayar.

En este sentido, Argel y París “tendrían que construir una memoria común, reconocer los errores cometidos por ambas partes, superar el pasado y construir las bases sólidas de un presente que sea la antesala de un futuro prometedor”, indica el historiador francés Louis Michel Colombani. Esta es una de las tesis del historiador francés nacido en la ciudad argelina de Constantina Benjamin Stora.

Pie de foto: Emmanuel Macron haciendo campaña en Argelia durante las elecciones presidenciales.

Visita relámpago

Emmanuel Macron, un político detestado por los sectores sectarios y dogmáticos de la derecha y la izquierda francesas y la pedante intelectualidad parisina que nunca acierta en sus diagnósticos políticos, siendo candidato a la presidencia de la V República, prometió en un mitin en Argel, el pasado mes de febrero, que volvería a Argelia si era elegido jefe del Estado. Siete meses después de su investidura, el presidente y exministro de Hollande efectuó su primera visita oficial al país magrebí. Una visita relámpago. En el Palacio del Elíseo (lugar de residencia del presidente) no se atreven a calificar el evento de viaje de “Estado” y lo rebajan a visita de “amistad y trabajo”.

También hay que recalcar que el inquilino del Elíseo, acompañado de su esposa, varios ministros y personalidades, viajó solo unas horas a Argel después de haber realizado una corta gira africana. Se paseó por el centro de Argel para saludar a la población y se reunió con representantes de la sociedad civil argelina, sobre todo jóvenes, en la Embajada de Francia. No faltaron las ofrendas florales, un encuentro con un grupo de estudiantes, la visita a una librería, y también se reunió con representantes de la comunidad francesa en Argelia y se entrevistó con diversas personalidades como el primer ministro, Ahmed Ouyahia. Según los medios, tenía que mantener un encuentro con el presidente Abdelaziz Bouteflika, en la residencia de Zeralda, ubicada en las afueras de Argel. La visita de Macron duró unas 10 horas; acabó con una rueda de prensa en el Hotel El Aurassi. Después el presidente galo viajó a Catar.

Un paso hacia la reconciliación

Puede parecer poco tiempo, pero hay que tener en cuenta que es el primer viaje oficial que realiza Macron a Argelia, y, según diversos observadores de la vida política franco-argelina, el presidente y fundador del movimiento En Marcha, a pesar de su apretada agenda, quiso dejar claro que “el objetivo de París con Argel no es otro que el de la reconciliación”, subraya Louis Michel Colombani. En este sentido, Macron sigue los pasos de Hollande, que fue el primer presidente de la V República que tuvo el valor de reconocer públicamente los crímenes cometidos por Francia en Argelia y entre la comunidad argelina residente en la metrópoli, y pidió perdón en nombre del Estado. “Macron quiere ir más lejos. Quiere convertir la reconciliación en política de Estado.

Pie de foto: El historiador francés de origen argelino Benjamin Stora.

Sabe que no lo va a tener fácil porque una parte de la derecha, la extrema derecha y los nostálgicos de la colonia tienen influencia y poder y no le van a facilitar la tarea”, advierte el politólogo Ali Boukhlef. Los gestos simbólicos serán muy importantes, Por ejemplo, Macron podría autorizar la restitución a Argelia de los cráneos de resistentes argelinos actualmente expuestos en el Museo del Hombre de París. Benjamin Stora y otros intelectuales llevan meses librando esta batalla. El historiador Stora lo tiene claro cuando dice: “Hay que sacar la guerra de Argelia que sigue metida en la cabeza” de muchos argelinos y franceses.

Potencial económico

La vertiente económica y comercial entre los dos países es fundamental. Francia quiere recuperar el terreno perdido frente a otros competidores en Argelia, potenciar los intercambios comerciales y dinamizar las inversiones. La instalación de una fábrica Peugeot en Argelia es el camino que quiere seguir Macron en el sector de la automación, pero también farmacéutico y agroalimentario. Por esto mismo, después de la corta visita de Macron a Argel, se llevará a cabo una reunión del Comité Intergubernamental de Alto Nivel (CIHN), presidida por los primeros ministros de ambos países, Édouard Philippe y Ahmed Ouyahia, el 7 de diciembre en París.

“Siempre he condenado la colonización. La barbarie hace parte del pasado que tenemos que mirar de frente y presentar nuestras disculpas a las personas que sufrieron”, declaró el presidente francés a la cadena de televisión privada argelina ‘Echourouk News’. Bouteflika saludó la elección de Macron, afirmó que el mandatario francés es “un amigo de Argelia” y se mostró convencido de que tiene la voluntad de superar el tenso pasado entre los dos países.

Mientras Macron permaneció en Argel, un grupo de ciudadanos organizó una manifestación contraria a su visita en la calle Didouche Mourad de la capital argelina. “Emmanuel Macron quiere pasar página” con Argelia. Así valora la visita exprés del presidente galo al país magrebí la emisora Radio France Internationale (RFI). Además de las relaciones económicas y la lucha antiterrorista, en opinión de Benjamin Stora, “la cuestión de la memoria estará en el orden del día durante mucho tiempo”.

Sobre el combate contra el yihadismo, Andrew Lebovitch, investigador en el European Council on Foreign Relations (ECFR), piensa que en Francia hay “cierta frustración”, porque “algunos medios” están convencidos de que “la participación argelina es muy limitada”. El Gobierno argelino sostiene todo lo contrario y se muestra dispuesto a cooperar plenamente con París en el Sahel y en África del Oeste.

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