Paco Soto

Pie de foto: Manifestación popular en Sidi Bouzid para conmemorar la revolución que derrocó la dictadura tunecina.

El séptimo aniversario de la denominada ‘Revolución de los Jazmines’, que derrocó en Túnez al dictador y corrupto Zine El Abidine Ben , fue conmemorado por la mayoría de la población de la localidad de Sidi Bouzid, situada en el centro del país. En Sidi Bouzid estalló el movimiento popular que acabó en revolución tras el suicidio de un joven vendedor ambulante, Mohamed Bouazizi. El joven, que intentaba sobrevivir de vendedor ambulante, se inmoló el 17 de diciembre de 2010 en protesta por la confiscación de sus mercancías por unos agentes locales que, además, lo humillaron.

El suicidio de Bouazizi desencadenó una ola de protestas en Sidi Bouzid que se extendió al resto del país magrebí y acabó derribando el régimen policial y represivo de Ben Ali y de su clan familiar, en 2011. Desde entonces, Túnez ha vivido enormes tensiones económicas, sociales y políticas, pero ha sido capaz de iniciar un proceso de transición a la democracia amparado en una nueva Constitución y en el compromiso de todas las fuerzas políticas, incluidos los islamistas de Ennahda, con la construcción de un Estado de derecho. En este momento, Túnez es el país democráticamente más avanzado del Magreb.

Ciudadanos de todo tipo

En Sidi Bouzid, numerosos ciudadanos bajaron a la calle para conmemorar el séptima aniversario de la revolución antidictatorial. Se unieron a las protestas militantes políticos, sindicalistas, activistas de movimientos sociales, numerosos ciudadanos de la localidad y también islamistas como los del grupo extremista Hiz ut-Tahrir, que fueron arrestados por la Policía por intentar manifestarse sin autorización y desplegar pancartas hostiles al Estado democrático , según informó la AFP de fuentes de los servicios de seguridad.

Pie de foto: El antiguo dictador de Túnez, Ben Alí

Entre los contestatarios se encontraban muchos jóvenes desempleados, como Mohamed Bouazizi. Los manifestantes criticaron el abandono de poblaciones como Sidi Bouzid, alejadas de las prósperas zonas costeras de Túnez, con un alto nivel de paro y escasez de servicios públicos e infraestructuras. Sidi Bouzid está enclavado en una región poco desarrollada del país donde el Estado y los inversores privados nunca han hecho nada por crear riqueza y puestos de trabajo. Prácticamente todo el interior de Túnez sufre esta misma situación.

Enfrentamientos con la Policía

El pasado sábado por la noche, la Policía utilizó gases lacrimógenos para dispersar a grupos de manifestantes que habían bloqueado varias calles con neumáticos en algunos barrios de la ciudad. La ministra de Turismo y Artesanía, Selma Elloumi Rekik, se desplazó a Sidi Bouzid con motivo del séptimo del aniversario de la revolución. El recibimiento popular fue más bien frío, y los organizadores de las manifestaciones lamentaron que no se hubieran desplazado a la población ni el primer ministro ni el presidente del Parlamento.

“Nos parece un poco vergonzoso, tenemos la sensación de que los actuales gobernantes no tienen ningún interés en recordar la revolución popular que derrocó a Ben Ali”, expresó un sindicalista y militante de la izquierda radical. Por otra parte, decenas de personalidades de la sociedad civil, universitarios, artistas, intelectuales, profesionales y militantes políticos suscribieron una petición el pasado domingo en la que piden a la sociedad que “preserve los espacios de libertad conquistados desde 2011”, y critican el hecho de que “ninguna de las reivindicaciones esenciales de la población ha recibido la menor satisfacción”.

“Ofensiva antidemocrática”

Además, acusan al Gobierno de Youssef Chahed de llevar a cabo una “ofensiva antidemocrática”. Asimismo, según informó la agencia TAP, la denominada Corriente Popular (izquierda radical) hizo un llamamiento a las “fuerzas nacionales progresistas y a las organizaciones nacionales” para que impongan la celebración de elecciones legislativas y presidenciales “para corregir el proceso” de democratización, mejorar la situación económica y social, acabar con “los escándalos” de corrupción y mejorar la justicia social y la democracia. La Corriente Popular hace parte de la fuerza izquierdista Frente Popular.

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