Paco Soto

Pie de foto: Una manifestación de protesta en Alhucemas.

El Rif, una región montañosa del norte de Marruecos de cultura mayoritariamente berberófona, siempre ha sido un territorio rebelde y no se ha sometido con facilidad al poder de Rabat. Los rifeños pelearon duro contra el colonialismo español. Abdelkrim El-Katabi, líder político y militar rifeño, encabezó la resistencia contra los colonialismos español y francés y fue presidente de la autoproclamada República del Rif, entre 1923 y 1926. En 1921, Abdelkrim El-Katabi derrotó al Ejército español en Annual. Este triste episodio de la Historia de España del siglo XX se denominó ‘el desastre de Annual’. El Rey Hasan II odiaba a los rifeños y castigó duramente a esta región durante su reinado.

Después de la independencia de 1956, Hasan II, siendo príncipe heredero, dirigió personalmente la represión contra una rebelión que estalló en el Rif en la que los militares del Reino utilizaron napalm contra los insurgentes. La llegada al Trono de Mohamed VI, en 1999, mejoró la situación. El nuevo monarca viajó al Rif y el Estado ha invertido mucho dinero en renovar las infraestructuras, modernizar las ciudades y mejorar el nivel de vida de la población rifeño. El reconocimiento de la realidad amazigh (bereber) de Marruecos por los poderes públicos y la Constitución fue bien recibido en el Rif. Pero acabar con la pobreza, el atraso de décadas de opresión, la corrupción, el tráfico de drogas y el poder de las mafias no es una tarea fácil. Muchos rifeños siguen denunciando la marginación y protestando en la calle

La muerte de un vendedor ambulante

Hace cuatro meses, en noviembre de 2016, miles de personas salieron a la calle, y en algunos casos se enfrentaron a las fuerzas policiales, tras la muerte, en Alhucemas, de Mouhcine Fikri, un vendedor ambulante de 31 años que fue triturado en un camión de basura. Los manifestantes reclamaron mejoras económicas, sociales, sanitarias y políticas al Gobierno del islamista Abdelilah Benkirane y denunciaron las injusticias que sufren por culpa de los poderes locales y la Administración central. Han pasado cuatro meses, pero muchos rifeños siguen en pie de guerra contra la injusticia, sobre todo en Alhucemas, una ciudad de unos 60.000 habitantes. Son sobre todo jóvenes los que han salido a la calle a protestar estos últimos días. La mayoría de las protestas han sido masivas y pacíficas.

Algunas, “desgraciadamente, acaban en duros enfrentamientos con la Policía. Muchas veces es culpa de los agentes, que se comportan con prepotencia y provocan a los manifestantes”, asegura a Atalayar Lahcen, un joven de Alhucemas. El pasado 5 de febrero, los enfrentamientos entre manifestantes y policías acabaron con un triste balance: 34 agente heridos y un contestatario detenido y encarcelado por supuesta agresión a miembros de la fuerza pública. Muchos manifestantes han aprovechado las protestas callejeras para conmemorar la muerte de Abdelkrim El-Katabi. En las últimas concentraciones, la Policía se hizo fuerte en la localidad de Bukidán, situada a 14 kilómetros de Alhucemas. Quiso impedir una manifestación de cientos de personas, lo que provocó duros enfrentamientos.

Alhucemas, llama de la revuelta

Hubo manifestaciones en otras ciudades marroquíes, pero donde se mantiene la llama de la revuelta es en Alhucemas; también en otros municipios rifeños. Muchos de sus habitantes se consideran humillados por los poderosos, que en Marruecos se siguen comportando como hace siglos, despreciando a sus compatriotas e intentando sacar provecho de su pobreza y numerosos problemas. Lahcen destaca “que, a pesar de lo que digan los medios oficiales, el poder en Marruecos sigue siendo autoritario y corrupto, y no se ocupa de los más pobres. La incipiente democracia solo ha beneficiado a las nuevas clases medias urbanas, pero no al conjunto de la población. El sentimiento de humillación, lo que en Marruecos y la vecina Argelia llamamos ‘la hogra’, está muy extendido en la población. Y no es solo un sentimiento, es una dura realidad”. Es lo que trata de explicar a quién quiera escucharlo el nuevo líder que ha surgido de las últimas concentraciones, Nasser Zafzafi, un parado de 37 años que suele expresarse en dialecto rifeño. Zafzafi, según recogen algunos medios marroquíes, dejó claro que “los que salimos a la calle a protestar defendemos una serie de reivindicaciones económicas, sociales y culturales, y denunciamos la discriminación y marginación que sufre el Rif y las constantes violaciones de los derechos humanos”.

Pie de foto: Una panorámica del Rif.

Un movimiento amplio

La mayoría de los contestatarios no obedecen a consignas de partidos políticos opositores, ni son extremistas de izquierda ni islamistas radicales, sino personas normales y corrientes que se enfrentan a una vida diaria muy dura. Pertenecen a un movimiento sin ideología clara que agrupa a vastos sectores sociales que no disfrutan de las mejoras económicas y políticas que ha experimentado Marruecos en los últimos años. Están hartos de la corrupción y del cinismo y la prepotencia de los poderosos; desean tener un sistema sanitario público digno y una educación al servicio de los más necesitados, y no quieren que la emigración clandestina y el tráfico de drogas sean la alternativa de supervivencia para miles de jóvenes desilusionados y desorientados. Los más progresistas reclaman incluso la igualdad entre hombres y mujeres, y casi todas las personas que protestan en las calles de diversos municipios quieren que Alhucemas deje de ser una zona militarizada, como lo estipula un decreto de 1958.

El partido del amigo del Rey

El Ayuntamiento de Alhucemas está en manos del opositor Partido Autenticidad y Modernidad (PAM), una fuerza parlamentaria creada en 2008 por Fouad Ali El Himma, exsecretario de Estado de Interior y amigo íntimo del Rey Mohamed VI. El PAM es un partido de tipo liberal, modernista y centrista y el principal adversario al gobernante e islamista Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD) de Benkirane. En estos momentos, el secretario general y hombre fuerte del PAM es el influyente político y empresario rifeño de la región de Alhucemas Ilyas El Omari. El líder del PAM tiene buena relación con el Rey, pero no tan estrecha como El Himma. Fuentes de este partido consultadas por Atalayar consideran que “las últimas protestas de Alhucemas son fruto de los graves problemas sociales que existen en nuestra región. No son una mera protesta juvenil. Rabat se tiene que dar cuenta de que si no toma medidas para satisfacer muchas reivindicaciones de los rifeños, estará jugando con fuego”.

Cuestión de justicia

Los observadores políticos más oficialistas tratan de minimizar lo que ocurre en Alhucemas y otras poblaciones. El PAM no está detrás de las protestas, pero querrá sacar rentabilidad política y electoral de las mismas. Es lógico. Hace unos años, en plena ‘Primavera Árabe’, cinco jóvenes fueron supuestamente asesinados y sus cuerpos calcinados, abandonados en un cajero automático, en Alhucemas, durante una protesta callejera. La Policía no consiguió llevar a buen puerto la investigación. Según Lahcen, “la situación social y política ha cambiado en el Rif. La población está cansada de las promesas que no se cumplen, no cree en los partidos tradicionales, y piensa que la calle es el mejor escenario para que el poder escuche sus peticiones”. “Es una cuestión de justicia, de simple justicia”, avisa Lahcen.

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