Paco Soto

Pie de foto: Un grupo de manifestantes protesta en Tataouine.

El sur de Túnez, concretamente la ciudad de Tataouine y otras localidades, se ha convertido en un polvorín. El descontento social es una realidad permanente y las protestas populares no paran. Miles de personas acudieron esta semana al funeral de un manifestante que murió tras ser atropellado por un vehículo de la Gendarmería durante una protesta callejera. La manifestación tuvo lugar cerca de un importante complejo petrolero. Durante el funeral, muchos manifestantes gritaron: “Con nuestras almas, con nuestra sangre, nos sacrificaremos por el mártir”. La contestación social ha adquirido una enorme importancia en las últimas semanas en la zona de Al Kamour y Tataouine. Los contestatarios denuncian la pobreza, el desempleo, las injusticias sociales, y exigen la creación de puestos de trabajo por parte de las empresas instaladas en la zona, como la industria petrolera. El incremento de la represión policial decidido por el presidente del país, el conservador Beji Caïd Essebsi, no ha reducido el descontento popular. Al revés: lo ha radicalizado.

Intervención del Ejército

El jefe del Estado pidió la intervención del Ejército para proteger los complejos industriales del país, lo que fue interpretado por un sector de la oposición como una “militarización” del país magrebí. En algunas manifestaciones, los militares dispararon al aire para dispersar a los contestatarios. Para tratar de apaciguar los ánimos de la población, el Ministerio de Defensa indicó en un comunicado que el Ejército solo utilizará la fuerza en casos excepcionales; por ejemplo, para evitar que los complejos petroleros y otras instalaciones industriales sean ocupados por manifestantes. Defensa también advirtió que denunciará ante la Justicia a los manifestantes que provoquen enfrentamientos con unidades militares y policiales y causen daños físicos a los soldados y agentes. En los últimos días, grupos de manifestantes encolerizados bloquearon instalaciones petroleras extranjeras en Al Kamour y Tataouine. Las empresas afectadas pertenecen a la italiana ENI, la austriaca OMV y la francesa Perenco. El primer ministro, Youssef Chahed, ordenó a las fuerzas militares y policiales que intervinieran contra los contestatarios. Los manifestantes reclamaron la creación de 300 puestos de trabajo y un fondo de desarrollo regional. Tataouine se encuentra a unos 500 kilómetros al sur de la capital tunecina.

Pie de foto: El presidente de Túnez, Beji Caïd Essebsi. 

Existencia de un “complot”

Las autoridades tunecinas denunciaron la existencia de un “peligroso complot” contra los intereses del país, y acusaron a las redes sociales de incitar a la población a la “desobediencia civil”. Es lo que declaró el gobernador de Tataouine, Mohamed Ali Barhoumi.  Muchos medios asumieron esta posición. Por su parte, el portavoz de la Guardia Nacional, Khalifa Chibani, manifestó que “los únicos que se benefician de esta situación son los contrabandistas y los terroristas”. La versión oficial de los hechos fue desmentida por los manifestantes, que en muchos casos son jóvenes parados que piden que el 20% de los ingresos petroleros sean invertidos en los municipios cercanos a las instalaciones productoras de crudo. El hecho es que seis años después de la revolución popular que acabó con la dictadura de Zine El Abidine Ben Ali, los problemas sociales del país no se han resuelto y el descontento de la población ha crecido notablemente. Así las cosas, dos hombres de negocios, Chafik Jaraya y Yacine Channoufi, fueron detenidos por la Policía por “atentado a la seguridad del Estado”, según informaciones periodísticas.

Empresarios detenidos

Jaraya mantiene estrechas relaciones con círculos políticos tunecinos y libios y Channoufi, exaduanero, fue candidato a las elecciones presidenciales de 2014. Los dos empresarios, que están acusados de haber participado activamente en las manifestaciones de Tataouine, fueron detenidos por agentes de la Brigada Antiterrorista y de la Guardia Nacional y se encuentran bajo custodia policial en “un lugar secreto”. La Coordinadora Nacional de Movimientos Sociales condenó todas las detenciones llevadas a cabo en el sur de Túnez, y acusó al presidente Essebsi de ser el principal responsable de la situación. El periódico ‘Nawaat’ se ha convertido en el portavoz oficioso de los contestatarios de Tataouine y otras localidades del sur del país, y se dedica a denunciar la miseria, las injusticias y los abusos de poder, así como la falta de equilibrio en el desarrollo regional. 

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