Leticia López de ASilva

El año pasado se cumplió 75 años del exilio de los republicanos españoles en Argelia. La investigadora, Eliane Ortega Bernabéu, nacida y criada en Orán, relata el sufrimiento de los refugiados en el norte de África tras la Guerra Civil española y la influencia de estos en Argelia, especialmente en la región de Orán. Este miércoles, mostró en Casa Árabe un trabajo de investigación sobre los campos de concentración en el norte de África.

“Soy española pero de Orán”, así se presenta la investigadora. Hija y nieta de refugiados políticos, se marchó de Orán en 1982.  El trabajo de Eliane es un homenaje a su abuelo, Gerardo Bernabéu, y abuela. Se trata de una recopilación de datos y testimonios de los campos de concentración en Argelia. Eliane se ha propuesto contar la otra historia de los vencidos, “maltratados, explotados, asesinados en el exilio, sin ninguna connotación política, ni odio, ni deseo de venganza”. “Franco tuvo la oportunidad de escribir la historia de los vencedores y yo lo haré de los vencidos”, reivindica.

La cuestión del exilio en Argelia conecta con varias líneas de investigación que tienen que ver con España. La mayor parte de las familias provenían de Murcia y Alicante, emigrando en dos movimientos, uno a partir de enero de 1939 desde Cataluña hacia Francia y otro en marzo a través de barcos en Murcia hacia el norte de África.

Para la presentación ha utilizado una serie de imágenes pertenecientes a su familia y conocidos con los que ha ido reconstruyendo la historia. En ellas se pueden observar la presencia española a través de sus edificaciones. La Plaza de armas, la Plaza de Toros y el Castillo de Santa Cruz marcan el carácter hispánico en Orán. Entre 10.000 y 20.000 republicanos desembarcaron en esta ciudad, llevados directos a los centros de internamiento allí instalados. La población mostró un gran respaldo ofreciéndoles alimentos y ropa. “Mi abuelo llegó el 13 de marzo”, recuerda.

A consecuencia de la llegada masiva de republicanos, los franceses tuvieron que improvisar refugios abriendo “cuarteles lúgubres y abandonados para internar a los exiliados, que llegaban enfermos y en condiciones precarias”, relata Eliane. En marzo del 39, solo había un centro en la ciudad, la antigua prisión civil en el “Plateau de St. Michel”. Debido a la rápida saturación, decidieron construir más centros de internamiento en las ciudades periféricas.

Uno de ellos es el Campo de Ravin Blanc (Barranco Blanco) situado al lado del muelle de Orán. Este campo estaba reservado principalmente a los hombres. “Pocas personas se enteraron de la existencia de este lugar y de la presencia de republicanos allí”, asegura. Mujeres y niños fueron trasladados al Centro de Internamiento, “La Mer et Pins”. Hacía la función de campamento de verano para los niños de Orán, con capacidad para albergar 200 niños, habiendo 350 internados.

La existencia de campos de castigo fue una realidad. Uno de ellos, el Campo de Morand, estaba ocupado por magrebíes bajo el control de los franceses. Este lugar estaba destinado para los que se oponían a las autoridades, mostrando resistencia. “Bajo condiciones climáticas infernales, llegó a tener unos 3.000 refugiados, vigilados por la guardia senegalesa, que pertenecía a Francia”.

Bou Arfa era un campo de concentración disciplinario. Su emplazamiento se debía a la cercanía de la mina de manganeso y del ferrocarril denominado Transahariano o Mediteranee-Níger. En él se impartían “varios tipos de castigos, palizas con palos y jaulas”, en definitiva, “condiciones de vida muy crueles”.

Había cuatro Campos de la Muerte. Hadjerat m’guil, era uno de ellos. Situado al inicio del desierto del Sahara, bajo altas temperaturas, se realizaban numerosos castigos. Según algunos testimonios entrevistados por la investigadora, “algunos llegaban con una recomendación especial que daba carta blanca a los verdugos para que acabaran con ellos cuanto antes, a base de torturas realizadas por el teniente Santucci y su perro”.

Los motivos que impulsaron a Eliane a realizar esta investigación reúnen un mismo sentimiento. “Por ser una historia desconocida en España. Por los que perdieron todo, familia, casa, recuerdos. Por los que dieron su vida por la república. Por los que murieron sin poder volver a España. Para que no se quede en el olvido”, concluye Eliane Ortega Bernabéu.

 

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