Paco Soto

Pie de foto: Un grupo de emigrantes africanos en Libia.

El racismo contra los negros e incluso la esclavitud que sufren personas que provienen de África subsahariana es una triste realidad en Libia y el conjunto del Magreb. Un vídeo de la cadena estadounidense CNN mostrando subsaharianos vendidos como esclavos en Libia ha provocado una ola de indignación en el conjunto del continente africano. En Francia, el diario ‘Le Monde’ se ha hecho eco del suceso. Intelectuales, militantes de organizaciones humanitarias, dirigentes políticos y ciudadanos de a pie reaccionaron al reportaje de CNN y mandaron comunicados donde expresaban su “indignación” y “emoción”. El presidente guineano Alpha Condé denunció la “ignominia” de la esclavitud; el senegalés Macky Sall y el nigeriano Mahamadou Issoufou calificaron el suceso de Libia de “práctica de otra época”.

Por su parte, el presidente de Togo, Faure Gnassingbé, tildó de “infamia” la venta de africanos negros como esclavos. Hace años que muchos subsaharianos que vivían en Libia durante la dictadura de Muamar Gadafi, donde trabajaban y enriquecían el país con su esfuerzo y sudor, intentan abandonar el “infierno” en que se ha convertido este territorio magrebí. Los más afortunados lo han conseguido y residen actualmente en Europa. Pero muchos -miles de africanos- siguen malviviendo en Libia, son mal vistos por una parte importante de la población, explotados por empresarios sin escrúpulos y las mafias locales; viven en condiciones infrahumanas, y se enfrentan a diario a la prepotencia de policías sin entrañas y corruptos y al fanatismo de los racistas militantes libios.

Las mujeres africanas subsaharianas son víctimas de violaciones y abusos sexuales. Los hombres, carne de cañón para los “mercados de esclavos” y los trabajos forzados. El pasado mes de abril, la Organización Internacional para las Migraciones denunció estos hechos. ¿Qué han hecho las autoridades libias para acabar con la práctica de la esclavitud y otras actividades ilegales? Nada. Absolutamente nada. Hasta cierto punto es lógico porque Libia es un país destrozado, dividido tribal y territorialmente; carece de un Estado fuerte, las tensiones políticas e institucionales son constantes, y la violencia de los grupos yihadistas y de bandas de delincuentes armados se ha instalado en el país para quedarse. La comunidad internacional está perfectamente al corriente de lo que ocurre en Libia con el tráfico de esclavos subsaharianos, pero mira para otro lado. La opinión pública lo ignora, y se emocionan algunos ciudadanos cuando ven por televisión cómo unos seres humanos desaprensivos venden y compran como esclavos a otros seres humanos cuya piel es de color negro. Después de la emoción llega el olvido…

Pie de foto: Manifestación de emigrantes subsaharianos en las calles de Tánger (Marruecos).

Toda la región magrebí

Libia no es una lamentable excepción en el Magreb. En Mauritania, las poblaciones de origen negro africano siguen enfrentándose a la esclavitud. Según Philip Alston, autor de un informe de la ONU elaborado en Mauritania en 2016, “miles de personas son esclavas”. La esclavitud está prohibida por ley, pero el Estado no respeta sus propias normas. Moussa Biram, militante anti esclavista, está en la cárcel. En el campo opositor, activistas como Biram Dah Abeid y las Fuerzas de Liberación Africanas de Mauritania (FLAM) llevan tiempo denunciando la esclavitud y el racismo de Estado en el país. En Argelia, la xenofobia avanza poco a poco y la situación en la que viven en este país muchos subsaharianos es lamentable: pobreza, racismo, discriminación laboral, malos tratos policiales… La situación es dramática y algunas voces críticas se han alzado. Es el caso del escritor Kamel Daoud. Muchos emigrantes africanos son detenidos por las fuerzas de seguridad argelinas y trasladados y abandonados en el desierto.

El racismo está en todas partes

Algo parecido ocurre en Marruecos. En grandes ciudades donde viven muchos africanos negros, como Rabat, Casablanca y Tánger, el acoso policial es constante. Y el rechazo de una parte significativa de la sociedad también. “¿Con quién se cree que está usted hablando? ¿Con un negro? No, señor, yo soy un nacionalista marroquí”, le dijo en una ocasión a este periodista Driss Basri, ministro del Interior, hombre de la máxima confianza del Rey Hasan II y eminencia gris del régimen. El racismo contra los negros está en todas partes en Marruecos, en las instituciones, en la calle, en algunos medios. Lo ha demostrado con su trabajo y su actividad en el seno de la asociación GADEM el sociólogo Mehdi Alioua. Muchos marroquíes y magrebíes creen que está habiendo una “invasión africana” en sus países, y niegan que el Magreb pertenezca al continente africano. La ONU y la Unión Europea (UE) han llamado la atención a los países del Magreb por la escandalosa política migratoria que llevan a cabo. Pero Bruselas se enfrenta a una aguda contradicción en esta cuestión. Por una parte, critica los excesos de la política migratoria magrebí. Por otra, coopera con estos países y necesita que sobre todo Marruecos, Argelia y Túnez desempeñen el papel de gendarmes de la Europa rica en materia migratoria. 

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