Antonio Regalado                

Pie de foto: La Ley de Leyes sigue fuerte porque ha superado dos golpes de Estado (Tejero, 1981- Puigdemont, 2017), los crímenes de ETA y la amenaza del yihadismo.

La Carta Magna cumple sus primeros 39 años. Catorce mil doscientos treinta y cinco días (14.235) con sus noches, sus sueños y algunas pesadillas, viviendo en plenitud la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político. Estamos disfrutando del mayor período de bienestar nuestra Historia. Y a pesar de la manada de violadores que han intentado romper la convivencia no lo han conseguido ni lo conseguirán. 

Principios y valores

Conviene releer especialmente en estas fechas algunos artículos de la Constitución Española (CE), de los 168 que la componen, para sentirnos orgullosos del viaje que emprendimos colectivamente aquel 6 de diciembre de1978. 

En el Título Preliminar se recogen los principios y valores aprobados por consenso. Art. 1. “España es un Estado social y democrático de Derecho”; la soberanía nacional reside en el pueblo español; la forma política de Estado es la Monarquía parlamentaria”. 

El artículo 2 está redactado con especial devoción. “La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles…”. 

“El castellano es la lengua española oficial del Estado. Todos tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla”. (Art.3); “La bandera española (Art. 4) está formada por tres franjas horizontales, roja, amarilla y roja, siendo la amarilla de doble anchura que cada una de las rojas”. Artículo 5: “La capital del Estado es la Villa de Madrid”.

En el Capítulo Segundo se consagran los derechos y libertades de todos los españoles (Igualdad ante la ley, derecho a la vida, se garantiza la libertad ideológica y religiosa, la libertad personal, la intimidad, la inviolabilidad del domicilio y de la correspondencia, la libertad de residencia y circulación y la libertad de expresión) Así mismo, se garantizan los derechos de reunión, asociación, sindicación, participación, libertad de educación y de enseñanza y la prohibición de los Tribunales de Honor. 

El derecho a la propiedad, al trabajo (como deber y como derecho) va paralelo a la libertad de empresa dentro de una economía de mercado. Somos un Estado de Derecho. 

Deslealtades y solidaridad.

Y damos un salto hasta el abierto e inacabado universo de las Autonomías. El Título VIII desarrolla la organización territorial del estado en    municipios, provincias, cabildos y comunidades autónomas. Y aquí es verdad que la letra se ha interpretado con criterios egoístas desde algunas comunidades autónomas. La Norma Suprema es rígida en la manera de cambiarla, pero flexible y elástica para que nos integre a todos. Pese a las deslealtades de los nacionalismos, nuestra Ley de Leyes ha superado dos golpes de Estado, el terrorismo de Eta y el yihadismo. Y sigue en pie.

Solo dos reformas menores (art 13), incluir el derecho a la participación de los ciudadanos comunitarios en las elecciones municipales), y el 135 (limitar el techo de gasto por mandato de la UE) han sido las mejoras incluidas en el texto.

La solidaridad del pueblo español es más fuerte que todos los egoísmos periféricos; cuarenta años de democracia nos han permitido ser gobernados por partidos de centro, de izquierda y de derecha. Eso confirma que, pese a que necesita una rehabilitación solidaria, el edificio constitucional aguanta y resiste los envites de los separatistas y populistas.

Cataluña con la Constitución

La presencia de los españoles en las calles, arropándose en la bandera nacional y fundiéndose con los valores constitucionales es el mejor síntoma de que la Constitución Española (CE) goza de buena salud, pese al asalto de los golpistas catalanes el pasado 1 de octubre. Hoy, España se divide en dos bloques: los que creemos en la Carta Magna y los que quieren destrozarla. De un lado, Ciudadanos, PP y PSOE; del otro, populistas y nacionalistas separatistas.

Hemos asistido muchos años a los actos del Parlamento y a las Jornadas de Puertas Abiertas del Congreso y del Senado. En este momento tan especial, hemos vuelto a Barcelona –ya estuvimos aquí el 8 de octubre, convocados por Sociedad Civil Catalana, apoyando a los amigos constitucionalistas. Apoyando la libertad y la igualdad. Hacer 1.240 kilómetros en autobús no cansa si los que nos mueve es la solidaridad. Salimos del Estadio Santiago Bernabéu frisando el día de la Constitución. Tras dos paradas obligatorias en la mitad de la noche, el sol nos despertaba en la Ciudad Condal pasadas las ocho y media. Banderas de España en los balcones de acceso al centro de la ciudad.  Menos esteladas que un mes atrás. Los viandantes saludan nuestra llegada. Una jornada de manos abiertas y abrazos  cerrados.  

El reloj del Ayuntamiento marcaba las 13 horas y 10 minutos cuando el orador de Sociedad Civil Catalana terminaba su discurso: “La mejor patria que un catalán puede tener es España”, enfatizó. El patriotismo constitucional se encendió. La Plaza de San Jaime explotó en un aplauso cerrado. Lleno absoluto. 

Miles de personas, convocados en Plaza Urquinaona, habían comenzado  su recorrido para celebrar el trigésimo noveno aniversario de la Norma Fundamental. Los asistentes corearon con fervor los gritos rituales de ¡Viva la Constitución!  ¡Visca Cataluña¡ y ¡Viva España¡

 

Tras hora y media de Paseo, el personal seguía llegando a la plaza del poder catalán por las calles San Jaime y LLibreria.  La fiesta continuó pacíficamente en las calles adyacentes. Barcelona era un clamor de banderas cuatro aradas   y rojigualdas.  Los amigos constitucionales saben que no están solos. 

El 21 D es una esperanza de cambio para evitar el fantasma del catalibanismo. Previamente nos dio tiempo a ver el mar.  Para los que somos de secano es un regalo. Barcelona, hermosa acogedora, nos recibió con tiempo primaveral: 17 grados. Si Dios quiere, el próximo año volveremos. ¡A por los 40!

Acabar con los privilegios

Claro que es necesario un liftin constitucional. Evitando eso sí, el canto de sirena “federal” del PSOE y “plurinacional”, de PODEMOS, que nos condenen a ser ciudadanos de segunda frente a los nuevos neonazis regionales. 

Reformas, sí, pero explicando previamente el alcance y la profundidad de las mismas; no se puede entrar en trasformaciones radicales en la mitad de una crisis como la que ha generado el destituido govern catalán. El Art. 151 –otra vez la Constitución- actuó como campana salvadora. 

Claro que hay que reformar la CE del 78. Pero para que todos los ciudadanos seamos más libres y más iguales. Para empezar, es preciso derogar los derechos forales del País Vasco y de Navarra consagrados en las Disposiciones finales por las pistolas de ETA; hay que recuperar las competencias exclusivas para el Estado en materia de seguridad nacional, justicia, educación, sanidad, representación en el exterior, circulación, aguas y medio ambiente.

 

Más libres, más iguales

El bilingüismo debe ser respetado derogándose la inmersión obligatoria. La normativa emanada de la soberanía nacional (Congreso y Senado) debe tener prevalencia sobre la normativa autonómica; Un único cuerpo nacional en Educación y Sanidad. Juramento único de acatamiento a la Constitución para funcionarios y cargos electos. El no cumplimiento de la ley y de las resoluciones judiciales les apartaría del cargo por expediente administrativo.

En el plano jurídico habría que reinstaurar el delito de secesión, abolido en 1995; y en el político, modificar la ley electoral para que voten los ciudadanos, no las hectáreas. Para que los partidos nacionalistas no chantajeen al gobierno de la Nación con un puñado de votos y encima sigan revolcándose en el victimismo. 

Y sería aconsejable, además, crear la figura de la inhabilitación preventiva (en lugar de la cárcel) para que no se dé el bochornoso espectáculo, -único en el mundo, quizá en toda la galaxia-, de que los mismos golpistas que proclamaron la república bananera en Cataluña, se puedan presentar a las elecciones del día 21.

¡Larga vida a la Carta Magna del 78! Gracias a la Constitución este país nuestro ha construido en estas casi cuatro décadas un puente hacia la tolerancia que nos ha permitido gozar la libertad y la democracia en todas direcciones. La unidad y a solidaridad son los eslabones más fuertes de nuestro pasado. Y de nuestro futuro. Juntos, mejor. Gracias Barcelona por el regalo de contemplar el Mediterráneo y por ese mar de banderas amarillas y rojas constitucionalistas que nos identifican como ciudadanos catalanes, españoles y europeos. Más libres, más iguales.

 

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