Ana Picón/ICEX

España es un referente internacional en materia de alta velocidad ferroviaria, encontrándose entre las principales potencias junto a Alemania, Francia, China y Japón. Con más 25 años de trayectoria, las empresas españolas están más que consolidadas en este sector y desarrollan proyectos en diferentes partes del globo.

Hablar de alta velocidad en el siglo XXI es inevitable. En un mundo globalizado donde las comunicaciones vuelan de una punta del mundo a otra en cuestión de segundos gracias a Internet, se trata de una búsqueda incansable el conseguir que las personas también nos movamos físicamente lo más rápido posible.

El tren es un medio de transporte centenario y su desarrollo tecnológico es una apuesta internacional. La alta velocidad ferroviaria surge cuando aparecen vehículos que alcanzan una velocidad mínima de 250 km/hora, llegando normalmente hasta los 350 km/hora.

Pero la tecnología no tiene límites y actualmente el récord mundial de velocidad ferroviaria lo tiene un tren japonés tipo maglev (transporte de levitación magnética), que ha alcanzado en pruebas los 603 km/hora. El más rápido del mundo, ya operativo, está en China y es conocido como ‘el tren bala’. El proyecto más ambicioso es el Hyperloop, en EE. UU., que pretende llegar con su levitación magnética a los 1.200 km/h, según su creador, el gurú tech Elon Musk.

Un poco de historia

La primera línea de alta velocidad se inauguró en Japón el 1 de octubre de 1964 y unía Tokio y Osaka. En Europa la primera fue en Francia (París-Lyon, 1981) y después Alemania (Hannover-Würzburg, 1991).

España se retrasó en renovar su sistema ferroviario. Según la revista especializada Vía Libre, en 1987 la velocidad media de los trayectos en tren de larga distancia era de 65 km/hora, el tiempo de los viajes en tren suponía un 20% más que en coche y era imposible competir con el avión. Era la gran oportunidad para iniciarse en la alta velocidad, modernizando la infraestructura ferroviaria con las mejores tecnologías.

Fue en 1992, con la línea Madrid-Sevilla, cuando nuestro país se inició en la alta velocidad. Desde entonces, y gracias a la apuesta por dejar de importar tecnologías dando oportunidad al desarrollo del sector en el país, las empresas ferroviarias españolas han ido creciendo y posicionándose nacional e internacionalmente.

Exportando alta velocidad

En estos 26 años de desarrollo se han invertido 51.775 millones de euros, lo que ha permitido que nuestro país tenga la red de alta velocidad más extensa de Europa y la segunda del mundo, después de China. La península ibérica cuenta actualmente con 3.240 km (Vía Libre).

Gracias a ello, como señala Pedro Fortea, director general de la Asociación Ferroviaria Española (MAFEX), existe “un tejido industrial muy potente y líder desde el punto de vista tecnológico. La industria ferroviaria española viene demostrando desde hace décadas una importante vocación exportadora gracias a la experiencia adquirida en la construcción y explotación de líneas y sistemas ferroviarios en España”. Vocación que se traduce en “el liderazgo en proyectos de especial envergadura, como las líneas de alta velocidad Ankara-Estambul (Turquía), Medina-La Meca (Arabia Saudí), Oslo-Ski (Noruega), LAV de California (Estados Unidos), Milán- Nápoles (Italia), HS2 (Reino Unido), o Madrid-Barcelona-Lyon-París (España-Francia)”, destaca Fortea.

Fernando Nicolás, director internacional de Adif, destaca que “el hecho de que España lleve apostando por el desarrollo y modernización del ferrocarril durante más de 25 años ha hecho posible que el sector empresarial haya podido hacer una apuesta a largo plazo, que le ha permitido dotarse de elementos de competitividad y de innovación que le facultan ahora para actuar en proyectos ferroviarios en los cinco continentes”.

Así, “somos “un mercado puntero, un sector reconocido fuera de España”, dice Javier Iribarnegaray, responsable del Departamento de Marketing de CAF, la primera empresa española en exportar alta velocidad al extranjero en el año 2005. Fue en Turquía con la línea que une Ankara y Estambul cuando se desarrolló el primer proyecto internacional con la presencia de firmas españolas, una obra liderada por OHL y en la que CAF suministró en total 12 trenes que alcanzan velocidades de 250 km/h, recorriendo algo más de 600 km en menos de tres horas.

Desde entonces, nuestro país está presente en el desarrollo de la alta velocidad en diferentes partes del mundo. En 2006, el sector ferroviario español exportaba algo más de 500 millones de euros. A partir del año 2011, esta cantidad superó los 1.000 millones de euros, y en los años 2014, 2015 y 2016 superó los 1.500 millones de euros de exportación, según datos del Ministerio de Fomento.

Aunque, como explica Fortea, “en cualquier caso estas son cifras de aduanas y no reflejan todas las exportaciones que, por ejemplo, nos trasladan las empresas asociadas a MAFEX, e igualmente no contemplan todas las ventas internacionales de las empresas. No obstante, sí se pone de manifiesto una tendencia que indica que los ejercicios 2014 a 2016 han sido los mejores en términos de exportación para el sector”.

Un buen ejemplo es el conocido como AVE del Desierto, en Arabia Saudí, que une Medina y La Meca, una construcción valorada en 6.000 millones de euros y que, según Fernando Nicolás, de Adif, “supone un hito para el mundo árabe”. Esta línea de alta velocidad, también conocida como Haramain, se está desarrollando por un consorcio de 12 empresas españolas: Talgo, Ineco, Renfe, Adif, OHL, Cobra, Indra, Consultrans, Copasa, Dimetronic, Imathia e Inabensa.

Para Ariadna Yerpes, jefa de Inteligencia de Mercado de Talgo, “este es el proyecto ferroviario tecnológicamente más ambicioso al que se ha enfrentado el sector. Es una operación además muy exigente, con muchos trenes a la hora, por lo que ha sido el proyecto más retador de toda la historia”. Señala también la dificultad que supone crear un “tren de alta velocidad que tiene que soportar altísimas temperaturas y condiciones abrasivas de arena y calima”. La línea consta de 450 kilómetros y ya ha superado en pruebas los 300 km/h, estando prevista su puesta en marcha en septiembre de 2019.

La oportunidad de la alta velocidad

Junto a proyectos como el de Haramain, encontramos en fase de desarrollo otros de relevancia como el AVE de California, el mayor proyecto ferroviario de Estados Unidos, valorado en unos 60.000 millones de euros y con la participación parcial de empresas españolas como Dragados USA o Sener.

También el High Speed 2 (HS2) en el Reino Unido, una construcción con la que se pretende mejorar la red ferroviaria en el país y adaptar la infraestructura de la época victoriana al siglo XXI. El proyecto se dividirá en dos fases y contará con cerca de 531 kilómetros de vías. La primera fase conectará Londres y Birmingham, y la segunda unirá Birmingham y Leeds a través de las nuevas estaciones East Midlands Hub, en Toton (Nottingham), y Sheffield Meadowhall. Como nos cuenta Javier Iribarnegaray, “ya se ha terminado la obra civil y CAF ha sido invitada recientemente a participar en la fase de licitación de material rodante”, una gran oportunidad ya que actualmente “es el proyecto internacional más importante”.

Todas las grandes compañías coinciden en señalar el desarrollo tecnológico, la eficiencia, innovación y sostenibilidad, como factores fundamentales para posicionarse dentro del mercado y llegar a la internacionalización. Una internacionalización que empuja el crecimiento de todo el sector, suponiendo también un impulso para pequeñas y medianas empresas.

“Las pymes españolas del sector tienen un beneficio directo e indirecto, porque empresas como Talgo generan un efecto arrastre de todos sus proveedores, sus partners, de modo que se internacionalizan con nosotros. El beneficio indirecto es que la alta velocidad interconecta regiones de manera ágil y rápida, con lo cual eso también ayuda a nuevas oportunidades de negocio de las pymes dentro de otras áreas geográficas”, destaca Ariadna Yerpes, de Talgo.

Para Isaac Martín Barbero, presidente de Ineco, “la alta velocidad española tiene grandes oportunidades de manera predominante en Europa, en algunos países del norte de África y del Sudeste Asiático y en la India”.

Pedro Fortea, de MAFEX, destaca que “países como Turquía han anunciado que invertirán 32.000 millones de euros en ferrocarril hasta el año 2023. Indian Railways también incluye algunas iniciativas de este tipo en su plan de más de 18.500 millones de euros para el año 2018-2019. Asimismo, Rusia confía en desarrollar la LAV Moscú-Kazán y EE. UU. apuesta por los estudios de nuevos tramos”.

Exportando conocimiento

Por todo esto, es fácil afirmar que España está a la vanguardia de la innovación y tecnología en materia de alta velocidad, lo que se refleja en el gran interés mundial por el know-how español.

Fernando Nicolás, director internacional de Adif, nos cuenta que “el hecho de contar con una red reconocida como de las más modernas e innovadoras nos hace recibir más de 100 visitas internacionales al año de empresas ferroviarias de todo el mundo que visitan España con el interés de conocer las claves del éxito del desarrollo de nuestro ferrocarril”.

Las grandes empresas españolas, gracias a sus conocimientos, son llamadas también para realizar informes de viabilidad y estudios sobre alta velocidad en diferentes países. Es el caso de Ineco, que ha realizado este tipo de estudios en Egipto, o Adif, que participa actualmente en el desarrollo de la alta velocidad en la India, donde está desarrollando un estudio para una línea que uniría Bombay y Calcuta.

Presente y futuro

La alta velocidad ferroviaria ya no es el futuro sino que se ha convertido en presente. “Lo es y lo va a seguir siendo durante mucho tiempo. No se puede entender el papel que representa hoy el ferrocarril sin la revolución que supuso la alta velocidad”, dice Isaac Martín Barbero, presidente de Ineco.

Para Pedro Fortea, director general de MAFEX, es “un segmento que destaca por su puntualidad, excelencia en el servicio, amplia cobertura de conexiones y seguridad y que lo convierten en el sistema preferido por los usuarios para sus desplazamientos nacionales y con grandes perspectivas de mantener su liderazgo a corto y medio plazo”.

Sin duda, es un sector que no para de crecer y tiene una elevada proyección internacional. Javier Iribarnegaray señala que desde CAF creen en la alta velocidad: “Es una solución para trayectos de larga distancia, ya que aporta beneficios en cuanto a coste, comodidad y es mucho menos contaminante que un avión. Desde luego para nosotros es el futuro, no es algo que va a desaparecer”.