Chema Caballero/Mundo Negro

La Unión Europea ha conseguido que los propios africanos le rueguen y supliquen que los ayude a controlar la migración hacia Europa. Un cambio de opinión y percepción de este fenómeno que se ha conseguido de la manera más maquiavélica. Podemos seguir cronológicamente los acontecimientos que han llevado hasta este punto.

A finales de agosto pasado, siete líderes africanos y europeos se reunían en París, bajo los auspicios del presidente Emmanuel Macron, con la intención de construir una nueva relación destinada a reducir la migración a Europa desde el norte de África a cambio de ayuda. Los líderes de Francia, Alemania, Italia y España acordaron, entre otras cosas, ayudar a Chad y Níger con el control de sus fronteras para detener el tránsito de migrantes a través de Libia y todo el Mediterráneo.

Ya para agosto de 2017, el tránsito de personas que llegaban a Europa procedentes de Libia había disminuido en más de la mitad, en comparación con el año anterior, según datos de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). ¿A qué se debía esto?

Desde que este flujo alcanzase su culmen en 2015, muchos países europeos han dedicado mucho esfuerzo a tomar medidas para detenerlo. En 2016, la Unión Europea forjó un controvertido acuerdo con Turquía para bloquear la entrada en su territorio de personas que huían de la guerra en Oriente Medio. Inspirada en aquella medida, Italia adoptó un enfoque muy agresivo para detener la llegada de seres humanos a través del Mediterráneo desde el norte de África. Para ello, comenzó a formar, respaldar y financiar a la Guardia costera libia y tomó medidas muy fuertes contra las ONG que operaban frente a las costas del país.

Como consecuencia, tres de estas organizaciones -Médicos sin Fronteras, Save the Childen y Sea Eye- suspendieron sus operaciones en agosto alegando razones de seguridad después de que varios de sus navíos fueran bloqueados y recibieran amenazas explícitas, o recibieran disparos de advertencia frente a las costas libias. Al mismo tiempo, Libia extendía su zona SAR a aguas internacionales, restringiendo el acceso a los buques humanitarios.

Desde entonces, las personas migrantes interceptadas por la Guardia costera libia son devueltas al país norteafricano. Varias organizaciones humanitarias advirtieron contra esta práctica ya que Libia es un país devastado por la guerra donde los migrantes están expuestos a la tortura, la esclavitud y la detención, como denunciaba un informe elaborado en junio por Human Right Watch.

Igualmente, un informe publicado el mismo mes por el Panel de Expertos de Naciones Unidas sobre Libia advertía de que algunas facciones de la Guardia costera se confabulaban con contrabandistas y abusaban de los migrantes que interceptaban. Este documento también detalla las condiciones inhumanas que se viven en la mayoría de los centros de detención de migrantes (financiados con dinero de la Unión Europea). Del mismo modo, otro informe de la Misión de apoyo de la ONU en Libia y la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos, publicado en diciembre de 2016, denunciaba situaciones similares.

El último de los muchos informes que insiste sobre los mismos detalles nos ha llegado el 11 de diciembre de la mano de Amnistía Internacional: Libya’s dark web of collusion: abuses against europe-bound refugees and migrants. Tras entrevistar a decenas de migrantes y refugiados, el documento describe el ciclo de explotación y abusos al que estas personas están sometidas debido a la complicidad de los guardias de los campos de detención, los contrabandistas de personas y la Guardia costera libia. Los primeros torturan para extorsionar a los internos y conseguir dinero. Si pueden pagar son liberados o retenidos hasta que sus familias paguen. A veces son vendidos o entregados a los contrabandistas que pueden asegurar su salida de Libia, previo pago, en cooperación con la Guardia costera. Se sabe que la Guardia costera libia, entrenada y financiada por Italia y la Unión Europea, opera en connivencia con redes de contrabando y ha utilizado amenazas y violencia contra refugiados y migrantes.

Pero no hacía falta leer los informes, las personas que conseguían cruzar el Mediterráneo ya contaban horribles historias de torturas, violaciones y todo tipo de abusos de derechos humanos en territorio libio.

La OIM calcula que en Libia hay atrapados entre 7000.000 y un millón de personas que quieren cruzar a Europa. Naciones Unidas alega que junto al Gobierno que apoya, el GNA, está tomando acciones para luchar contra todo tipo de violaciones de derechos, pero, reconoce, sus esfuerzos no son suficientes y necesita de la ayuda de los socios regionales y mundiales.

Tradicionalmente, los estados miembros de la Unión Africana han sido muy reacios a discutir abiertamente el tema de la migración. La respuesta dada por la UE a los flujos migratorios ha ignorado a la Unión Africana. Esta siempre ha pedido que Europa aumente las rutas legales de migración y aborde las causas fundamentales en lugar de sellar sus fronteras. Por eso, el tema de la migración siempre resultaba incómodo en las reuniones UA-UE, por la reticencia de la primera a colaborar con las políticas de la segunda.

De cara a  una nueva reunión de ambos organismos, que Francia pidió celebrar a finales de noviembre pasado, la Unión Europea se planteaba qué hacer con ese número de personas que llaman a sus puertas, y las que están de camino, cuya presión puede terminar por hacer saltar por los aires todas las medidas restrictivas y protectoras de las que se ha rodeado.

Este era el dilema ante el que se encuentran las capitales europeas semanas ante la quinta cumbre Unión Africana – Unión Europea que se celebró en Abiyán el 29 y 30 de noviembre. Tenían que dar respuesta a la ‘amenaza’ que supone para sus políticas los flujos migratorios y querían la colaboración absoluta de la Unión Africana. ¿Cómo conseguirlo? ¿Cómo romper su tradicional reticencia a colaborar en esta materia?

Curiosamente, 15 días antes de comenzar el presidente francés su cuarta visita a África, como antesala de dicha cumbre, la cadena de televisión estadounidense CNN mostró el vídeo en el que se veía como se subastaba a una persona para trabajar en el campo en Libia. Inmediatamente los dignatarios de África Occidental, la región de donde provienen la mayoría de las personas retenidas en Libia, reaccionaron con firmeza. El primero fue el presidente de Níger, Mahamadou Isooufu que solicitó que la Corte Penal Internacional investigase el asunto. De forma similar actuó el de Burkina Faso, Roch Kaboré, que también llamaba a las autoridades libias a tomar medidas. Los de Senegal, Macky Sall, o Malí, Ibrahim Boubacar Keita, se unieron rápidamente a esas peticiones. Todos han solicitado a la Unión Europea, la Unión Africana y Naciones Unidas que intervengan de una vez.

La sociedad civil africana se sumó rápidamente a esta indignación y futbolistas africanos que juegan en las ligas europeas, músicos o artistas de renombre internacional, entre muchos otros, se hicieron eco de ellas. También las redes sociales con etiquetas como #stopslavery o #StopEsclavageEnLybye fueron muy activas. Finalmente, manifestaciones de protestas recorrieron las principales ciudades europeas denunciando la barbarie que acontece a las puertas de Europa.

Pero, ¡sorpresa!, esto no era nada nuevo. Desde hace años, como hemos señalado anteriormente, las personas en ruta hacia Europa y los informes de ONG y otros organismos ya hablaban de estas subastas de esclavos, de las torturas o de los secuestros para pedir rescate a las familias. Sin embargo, esas informaciones no habían tenido el menor eco en la sociedad y casi pasaron desapercibidas a los medios de comunicación, tanto en Europa como en África. ¿Qué ha sucedido esta vez para que tantos alcen su voz? ¿Es verdad eso de que solo lo que sale en la CNN es noticia? ¿O hay mucho más detrás de tanta rabia e indignación?

El 28 de noviembre, Emmanuel Macron viajaba a África y hacía escala en Uagadugú, Accra y, finalmente, en Abiyán donde junto a otros colegas europeos asistía a la cumbre UA-UE. En estos días previos a la reunión destaca, entre otras cosas, el impacto que ha tenido el discurso del presidente ghanés ante el francés en la conferencia de prensa que siguió al encuentro de ambos. El vídeo de este momento se ha disparado en las redes sociales. En él se puede ver, supuestamente, a Nana Akufo-Addo hacer comentarios que han sido calificados de comprometidos e impactantes a su invitado. Muchos han hablado de la valentía mostrada por el dirigente africano que ha dicho la verdad ante el representante de occidente y las potencias colonizadoras. Pero si miramos de cerca y escuchamos con detención, podemos apreciar que no existe nada controvertido en la declaración; que Akufo-Addo solo dijo lo que a Occidente le gusta oír: que África es pobre debido a la dependencia de la ayuda extranjera pero que sin la muy apreciada ayuda de Europa no es nada y no es capaz de hacer nada.

Subasta de esclavos que de pronto indigna a todo un continente, petición de ayuda de los mandatarios africanos, reconocimiento del papel que Europa juega en África…. el terreno estaba abonado. Y así, por primera vez, en la cumbre de Abiyán el problema de la migración se ponía directamente sobre la mesa y los países africanos se sometían sumisos a las pretensiones europeas siendo ellos mismos los que imploraban, por favor, que les echasen una mano para salva a sus compatriotas atrapados en Libia.

Así las cosas, al final de la cumbre, la UA y la UE acordaron, en materia de movilidad y migración: apoyar la movilidad de los estudiantes, los trabajadores y los profesores universitarios en todo el continente (nótese este detalle: dentro de África). Reforzar los programas de intercambio entre África y Europa, como Erasmus. Tomar medias para combatir el tráfico ilícito de migrantes y afrontar conjuntamente las causas profundas de la migración irregular.

También se comprometieron a trabajar juntos para poner fin al trato inhumano que sufren los migrantes y los refugiados en Libia. Igualmente, adoptaron una declaración conjunta instando a la cooperación internacional para luchar contra los responsables de estos delitos, dentro y fuera de Libia, y ponerlos a disposición de la justicia.

En paralelo a la cumbre, la UE acordó crear una fuerza operativa especial conjunta en materia de migración con la UA y las Naciones Unidas, que tendrá como objetivos: salvar y proteger la vida de los migrantes y refugiados, en particular en Libia. Acelerar los retornos voluntarios asistidos a los países de origen. Y acelerar el reasentamiento de las personas necesitadas de protección internacional.

Los primeros frutos de este acuerdo ya están floreciendo: la Unión Africana evacuará en las próximas semanas a 20.000 africanos que se encuentran en centros de detención del Gobierno libio a sus países de origen. Será la propia UA la que por primera vez haga este trabajo. Nigeria se ha adelantado a la misión de la UA y ha empezado a repatriar a sus propios nacionales, ya son más de 3.000 los que han vuelto al país.

El último giro de tuerca en este asunto viene de la boca de Erick Prince, fundador de la empresa militar privada Blackwater. El contratista militar, acusado en varias ocasiones de violaciones de derechos humanos, días antes de la cumbre de Abiyán propuso a la UE una policía privada para detener el flujo de migrantes. En declaraciones al Corriere della Sera, ofrece crear “una policía fronteriza libia a lo largo de la frontera sur”. Propuesta mucho más económica y eficaz, siempre en opinión suya, que las actuales políticas de la UE. Si esto se pone en práctica no sería nada nuevo, hace ya tiempo que la Unión Europea ha privatizado el control de las fronteras.

¿Y qué pasa con los que vuelven? ¿Quién les ayuda a empezar una nueva vida después de haber empeñado todos sus ahorros y los de sus familias en conseguir el sueño europeo? ¿Habrá programas de reintegración y asentamiento para ellos? ¿De verdad esta vez la Unión Europea se va a implicar en luchar contra las causas más profundas de esta migración?… Son muchas las preguntas que quedan en el aire. Pero que importa todo eso, al final, la Unión Europea ha conseguido la que buscaba: vuelve a colocarse como salvadora de África mientras que los propios africanos hacen el trabajo sucio, una vez más.

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