Paco Soto

Pie de foto; El primer ministro de Francia, Édouard Philippe.

Francia ha sido la principal potencia colonial en el Magreb y sigue teniendo una posición hegemónica desde el punto de vista económico, político y cultural en Marruecos. Pero los tiempos cambian, y el país de ‘la grandeur’ tiene que competir con otras potencias. En el caso de Marruecos, España es el principal competidor de Francia en materia de inversiones y relaciones comerciales. Países europeos como Alemania e Italia y los ricos Estados de la Península Arábiga son también serios rivales de Francia. En 2017, España se consolidó como primer socio comercial de Marruecos. El año pasado, el 34,1% de las exportaciones a Marruecos fueron españolas, mientras que las francesas representaron el 18,6%; las alemanas, el 10,7%; y las italianas, el 8,1%. Los dirigentes franceses son conscientes de esta situación, y han desplegado grandes esfuerzos en los últimos meses por recuperar el terreno perdido en Marruecos tras un largo periodo de agudas tensiones diplomáticas. Francia quiere ser el primer agente económico en Marruecos pero también la potencia más relevante en el terreno político. Es básicamente por este motivo que el primer ministro galo, Édouard Philippe, realizó esta semana una visita oficial a Marruecos.

Philippe encabezó una delegación de alto nivel compuesta por varios ministros, como los de Interior, Justicia, Cultura y Educación, además de secretarios de Estado, altos cargos de la Administración, grandes empresarios de sectores como el ferroviario, el portuario y el agroalimentario y diversas personalidades. Durante esta visita, las delegaciones de los dos países firmaron una veintena de acuerdos y abordaron la cuestión del viaje institucional que realizará a Marruecos, a principios de 2018, el presidente de la República francesa, Emmanuel Macron. Las obras de la línea para el Tren de Alta Velocidad (TGV) entre Tánger y Casablanca llevadas a cabo por empresas francesas, la inmigración, la innovación económica, el papel de la juventud en la creación de riquezas y el co desarrollo en África son algunos de los temas relevantes que fueron estudiados por ambas delegaciones.

Pie de foto: El Rey Mohamed VI recibe al presidente Emmanuel Macron en Marruecos, en junio de 2016.

Primera visita

Édouard Philippe efectuó su primera visita oficial a Marruecos con un objetivo claramente económico y político. Cabe destacar el Foro Económico celebrado en Shkirat, cerca de Rabat, bajo el lema ‘Francia-Marruecos, construir puentes para el crecimiento y el empleo’, que reunió a representantes de unas 150 empresas francesas y marroquíes. Esta visita oficial, según diversos analistas, sirvió para superar definitivamente las tensiones diplomáticas de los últimos años y lograr que Francia vuelva a ser un país hegemónico en Marruecos. Para alcanzar este reto, París quiere sellar un acuerdo político con Rabat de naturaleza estratégica. El primer paso lo dio Édouard Philippe esta semana. El presidente Macron rematará la faena en el viaje que llevará a cabo en 2018. Emmanuel Macron visitó Marruecos los días 14 y 15 de junio de 2016 para intentar mejorar las deterioradas relaciones bilaterales. Marruecos fue el primer país magrebí y africano que el jefe del Estado galo visitó desde su elección en mayo del año pasado. Macron viajará a Argelia el próximo 6 de diciembre, y visitó Túnez en noviembre de 2015. París considera que Marruecos, Argelia y Túnez son los tres países clave en el Magreb para sus intereses económicos, políticos y geoestratégicos.

Pie de foto: Obras de la línea del Tren de Alta Velocidad Tánger-Casablanca.

Etapa de Hollande

Las relaciones diplomáticas franco-marroquíes se deterioraron notablemente en 2014 durante el mandato del presidente François Hollande. Durante muchos años, París y Rabat fueron sólidos aliados políticos, económicos y militares. Los mandatos presidenciales de los conservadores Jacques Chirac y Nicolas Sarkozy fortalecieron las excelentes relaciones diplomáticas. La etapa del socialista François Hollande al frente del Elíseo fue nefasta para las relaciones franco-marroquíes. La causa del conflicto fue esencialmente política. Como ya informó Atalayar en otras ocasiones, el Rey Mohamed VI no vio con buenos ojos que un juez francés decidiera perseguir al jefe de la Dirección General de la Vigilancia del Territorio (DGST, servicio secreto interior) de Marruecos, Abdelatif Hammouchi, por su presunta “complicidad” en varios casos de tortura. En señal de protesta, en febrero de 2014, el Gobierno de Abdelilah Benkirane rompió la colaboración judicial con Francia. La huelga de hambre que protagonizaron  una veintena de franceses presos en cárceles marroquíes para pedir el traslado a su país de origen, o el humillante cacheo al que fue sometido el entonces ministro marroquí de Asuntos Exteriores, Salaheddine Mezouar, en el aeropuerto parisino de Roissy-Charles de Gaulle, agravaron la crisis.

Preferencia por Argelia

Además, las declaraciones atribuidas a un diplomático francés, que calificó  a Marruecos de  “amante” a la que Francia tiene que aguantar aunque no le guste, no sentaron bien a los dirigentes marroquíes. Otro incidente fue el que protagonizó un excapitán del Ejército del Aire marroquí en el Hospital Val-de-Grâce de París. El antiguo militar entró en la habitación donde se encontraba ingresado el general Abdelaziz Bennani, hombre clave del estamento militar de Marruecos durante años, y lo insultó, sin que la seguridad del hospital lo pudiera impedir. François Hollande nunca demostró un gran interés por Marruecos, y no trató de ocultar su preferencia por Argelia, gran productor de hidrocarburos y un país con el que Francia mantiene unas relaciones inestables, a pesar de los numerosos vínculos que unen a las dos naciones.

Etiquetas: 
Francia
marruecos
economía
comercio