Paco Soto 

Pie de foto: Un militar francés en la ciudad de Niza tras el último atentado terrorista.

Francia es la segunda potencia económica de la Unión Europea (UE). Su potencial militar es superior al de Alemania y equiparable al del Reino Unido, que se prepara para abandonar el club comunitario. Es también un país políticamente influyente. Pero dejó de ser una gran potencia hace décadas. El general Charles de Gaulle fue el primer y último presidente de la V República que dirigió los destinos de una potencia europea y mundial. Ni siquiera el presidente François Mitterrand consiguió seguir los pasos megalómanos del general De Gaulle. Francia es en la actualidad una potencia media que sigue manteniendo una presencia notable en el continente africano, pero carece de fuerza económica, política y militar suficiente para dominar el mundo y hacer de contrapeso a Estados Unidos y grandes países emergentes como China y Rusia.

Potencias medias de rango menor al de Francia como España e Italia han asumido cuál es su poder real en un mundo globalizado y muy competitivo; Alemania, la locomotora económica de la UE, por motivos históricos, no desea desempeñar un excesivo protagonismo internacional, y Reino Unido, a pesar de sus grotescas gesticulaciones nacionalistas, sabe que ya no es imperio y actúa de plataforma de Estados Unidos en el Viejo Continente. Los demás estados de la UE, quizá con la excepción de Países Bajos y Suecia, son políticamente irrelevantes. Los dirigentes políticos y una parte de la intelectualidad de Francia siguen pensando que su país es una potencia hegemónica. Las mentes lúcidas, como el expresidente liberal Valéry Giscard d'Estaing, reconocen, sin embargo, que Francia vive desde hace tiempo un agudo proceso de decadencia.

Pie de foto: El presidente François Hollande en un homenaje póstumo a policías caídos en un ataque terrorista en Francia.

Muerte de tres suboficiales

En este contexto, París intenta con dificultades mantener su presencia militar en Libia y consolidar su poder político y económico en el Magreb, una región del norte de África estratégica para la UE, sobre todo para sus tres potencias latinas: Francia, España e Italia. La muerte de tres militares galos el domingo de la semana pasada en Libia, puso de manifiesto que el país de “la grandeur” mantiene una guerra no declarada en el destrozado estado magrebí. El presidente francés, François Hollande, calificó la muerte de los tres suboficiales de los servicios de inteligencia que participaban en una misión militar de mero “accidente”. Prácticamente nadie se lo cree en Francia; ni siquiera los votantes del Partido Socialista (PS) de Hollande, que están cada día más desilusionado con la política que llevan a cabo el presidente y el Gobierno de Manuel Valls. Hasta ahora, París no había confirmado oficialmente la presencia de tropas francesas en territorio libio.

Según diversas informaciones periodísticas, los tres suboficiales fallecidos sobrevolaban en un helicóptero una zona de Libia controlada por el general rebelde Khalifa Haftar, quien mantiene una lucha a muerte contra el terrorismo yihadista en el este del país, cuenta con el apoyo de Egipto, y simpatiza con el Gobierno de Tobrouk, opuesto al de Trípoli, que es el que reconocen Occidente y países aliados. El Gobierno de Unión Nacional (GNA) de Trípoli está dirigido por Fayez al-Sarraj, se ha fijado el objetivo de controlar y asentar su autoridad en todo el territorio y acabar con el terrorismo y las iniciativas de un poder paralelo en el este del país. El pasado mes de mayo, Estados Unidos y sus aliados del mundo occidental y emergente acordaron en Viena levantar el embargo de la ONU sobre la venta de armas a Libia y manifestaron su apoyo político y militar al GNA del país norteafricano.

Un país abandonado a su suerte

Francia, que junto con Reino Unido y otros países bombardeó Libia para derribar al dictador Muamar Gadafi, en 2011, y después abandonó a la población a su suerte, quiere estar presente en este país casi sin estado y sujeto a tensiones territoriales y tribales y a la violencia del yihadismo y de bandas de delincuentes organizadas. Los servicios de inteligencia de Francia han detectado que muchos yihadistas franceses prefieren viajar a Libia, en lugar de a Irak o Siria, para integrarse en las filas de Daesh u otros grupos terroristas. Por eso mismo, según París, las fuerzas militares galas actúan fundamentalmente en Bengasi y Misrata, de común acuerdo con Estados Unidos, porque Daesh agrupa a sus milicias de asesinos y delincuentes en ambas zonas.

Pie de foto: El primer ministro del Gobierno libio de Trípoli, Fayez al-Sarraj.

Francia, que es el país europeo más castigado por el terrorismo yihadista, ha desplegado unos 5.000 militares en África y Próximo Oriente, un hecho que no es bien visto por parte de la sociedad gala en tiempos de crisis económica y desempleo masivo. En 2011, siendo presidente el conservador y deslenguado Nicolas Sarkozy, Francia lideró la coalición internacional de 16 países que, con el visto bueno de la ONU, bombardeó Libia hasta que Gadafi fue detenido y asesinado por unos milicianos probablemente asesorados por agentes secretos galos. Desde entonces, el país magrebí no ha levantado cabeza y hace frente a un verdadero conflicto civil y militar.

Más reservistas

Hollande hizo un llamamiento a potenciar la presencia militar en Libia y otros países en conflicto, y defendió el incremento de fuerzas de reservistas voluntarios con un objetivo concreto: construir una “guardia nacional”. El país europeo cuenta en la actualidad con unos 120.000 reservistas. Hollande y Valls no lo tienen fácil, porque están acosados en todas direcciones: extrema derecha, derecha conservadora y liberal, un sector del PS e izquierda radical. Francia atraviesa graves dificultades económicas, sociales y políticas, el terrorismo genera miedo y angustia, las ideas ultraderechistas gozan de buena salud y los actuales gobernantes son vistos por muchos ciudadanos como una pandilla de mediocres e incapaces. Es difícil en una situación tan complicada promover el ardor guerrero como hacen los gobernantes socialistas. Además, tienen a unos duros competidores en la derecha y la extrema derecha. Millones de franceses tienen la sensación de que su país es un barco que se hunde, pero sus tripulantes no se han dado cuenta y siguen navegando alegremente. Por si fuera poco, el Gobierno libio acusó esta semana a Francia de violar el territorio nacional después de que París anunciara la muerte de tres suboficiales. En varios lugares del país tuvieron lugar manifestaciones contra la presencia militar gala.

Pie de foto: Atentado contra una academia policial en la ciudad costera de Zliten, en Libia.

Intervención bajo control libio

El GNA piensa que nada “justifica una intervención” militar francesa en Libia sin haber informado previamente a las autoridades. El Gobierno de Trípoli agradeció “la asistencia ofrecida por los países amigos en la guerra contra Daesh, pero siempre y cuando se lleve a cabo en el marco de una demanda dirigida al GNA y en coordinación con el GNA”. Fayez al-Sarraj agradeció a finales del pasado mes de junio la ayuda militar extranjera, pero puso como condición que los militares de otros países se coordinaran con las autoridades oficiales. Según la AFP, las protestas contra Francia tuvieron lugar en ciudades como Trípoli y Misrata. El jefe del Ejecutivo de Trípoli declaró a la AFP que Libia necesita de unas Fuerzas Armadas unificadas para hacer frente a Daesh, porque “estamos convencidos de que no puede haber solución para acabar con esta organización [terrorista] sin una dirección militar unificada que agrupe a los libios de todas las regiones del país”.

Fayez al-Sarraj no defendió una intervención militar extranjera sin orden ni control. En el este de Libia actúan milicias armadas leales al general Khalifa Haftar y hostiles al GNA. El pasado 12 de mayo, las fuerzas del GNA lanzaron una vasta ofensiva contra Daesh para recuperar la ciudad costera de Sirte, situada a 450 kilómetros al este de la capital del país. La ofensiva fue exitosa y las fuerzas leales al Gobierno reconocido por la comunidad internacional ocuparon varias localidades. Pero la guerra contra el terrorismo no ha acabado y Daesh sigue teniendo fuerza y controlando territorio. “La victoria es una cuestión de tiempo”, asegura el GNA.

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