Ana Ferrandis Soler

Pie de foto: A la derecha Pedro Martinez-Avial, director general de Casa Árabe; la izquierda Jesús A. Nuñez Villaverde dialogando con el periodista Ramón Lobo.

Casa Árabe y la editorial Catarata presentaron esta semana en Madrid, el libro Daesh, el porvenir de la amenaza yihadista” un ensayo crítico en el que se niega el desmantelamiento actual de la organización terrorista Daesh. Pese a las recientes pérdidas de territorio bajo su mando Jesús Nuñez Villaverde analiza las claves que nos han llevado a la situación actual en contraposición a las herramientas que harán posible el fin de la organización.

 “Es necesario volver a darle a cada palabra el sentido que tiene”

El autor, actual codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH) remarca así esta idea de un nuevo Daesh cada vez más hábil y añade: supone un error dar por extinguida a una organización terrorista que sigue activa y que, pese a pretender volver a su insurgencia inicial es ahora más peligrosa debido a la experiencia que ha adquirido estos años. Este avance se debe tanto a las técnicas de control y financiación que Daesh viene empleando como del autogobierno y la gestión del territorio que poseen en Irak y Siria desde 2014. Esta reciente reformulación de las capacidades de la organización tiene su reflejo más evidente según Nuñez en su evidente capacidad de atacar cada vez objetivos más protegidos.

Así bien, el papel de hegemonía que ha alcanzado Daesh frente a otras organizaciones terroristas en los últimos años está ayudando a la sobredimensión del problema del terrorismo a escala global, que, si bien a juicio del autor se trata de una amenaza real, nunca supondrá una amenaza existencial como el cambio climático o la proliferación armas de destrucción masiva, al menos no, en el número de riesgo u/o víctimas potenciales al contrario de la percepción que ha pretendido mantenerse por los Gobiernos y los medios de comunicación occidentales.

Esta magnificación del problema en el ideario común, indica Núñez, tiene dos efectos visibles a corto y largo plazo en las sociedades occidentales, un efecto en beneficio de algunos Gobiernos democráticos que emplean este miedo ciudadano como recurso para hacer más fácil el recorte de derechos de sus ciudadanos y una consecuencia evidente, el auge de movimientos fascistas en Europa.

“A costa de demonizar el islam hemos negado la oportunidad de que se oigan voces islamistas”

Esta nueva fortaleza de Daesh es pues consecuencia directa de la ineficiencia mostrada por parte de los países de Occidente que además de crear, según Núñez el caldo de cultivo perfecto para su creación, no han sabido diversificar los medios de ataque a Daesh.

Uno de los errores más graves de la estrategia occidental ha sido, según relató Núñez la especial atención a las operaciones militares como único medio, especialmente las encaminadas a destruir a los “foreign fighters” que han combatido en las filas del Daesh para evitar un posible retorno a sus países de origen, junto a los ataques a refinerías y pozos de petróleo para paliar su principal medio de financiación ante un problema que sólo encontrará solución si esta es multilateral y multidimensional y se basa en el rechazo a la opción militar, si no es empleada de la mano de otras vías sociales y políticas.

En conclusión, al igual que Daesh se disputa constantemente con otras organizaciones como Al Qaeda o los talibanes en Afganistán una pugna sobre la hegemonía terrorista y su alcance es una cuestión global, “Daesh, el porvenir de la amenaza yihadista” nos muestra que Occidente no podrá ser el único que deberá ser oído para alcanzar la etapa final del yihadismo, sino que será el alzamiento de voces islamistas moderadas las que ayuden a poner fin al extremismo, pues serán las únicas voces que escucharán quienes realmente sean susceptibles de radicalizarse.

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