César Calvar

El mercado Halal representa una excelente oportunidad para las empresas españolas del sector agroalimentario, así como para las de otros sectores a los que también alcanza el concepto Halal, como son el de los productos cosméticos o el de los servicios turísticos. En el mundo hay 1.700 millones de musulmanes y las proyecciones demográficas prevén que para 2030 serán ya más de 2.200 millones, todos ellos potenciales consumidores de productos Halal e impulsores de una demanda creciente de bienes y servicios producidos conforme a la ley islámica. España, por sus vínculos con el mundo árabe y musulmán, y por ser el séptimo exportador mundial de alimentos y el tercer receptor mundial de turistas extranjeros, podría aprovechar ese tirón en beneficio propio.

Cualquier empresa puede vender bienes o servicios en el mercado Halal, siempre que esté debidamente certificada por una entidad de certificación Halal acreditada.

El proceso que han de seguir las empresas para lograr la certificación pivota sobre una regulación cada vez más estricta y exigente, que emana fundamentalmente de las normas y estándares de producción –muchas veces con rango de ley- que establecen las entidades de acreditación Halal de los países de mayoría musulmana.

Estas entidades suelen depender de organismos públicos, estando adscritas en la mayoría de los casos a ministerios como el de Sanidad o Asuntos Religiosos. De las que están en funcionamiento, las más importantes son: JAKIM (Malasia), EIAC (Emiratos Árabes Unidos), MUI (Indonesia) y MUIS (Singapur). Otros países como Egipto, Argelia,  Pakistán o Arabia Saudí están en proceso de crear las suyas.

El trabajo de las entidades de acreditación Halal tiene dos vertientes: por un lado, la de regular mediante normas específicas el funcionamiento del mercado Halal dentro de sus propias fronteras y, por otro, la de acreditar a entidades de certificación Halal extranjeras, para que así éstas puedan expedir en sus países de origen los certificados que necesitan las empresas para poder exportar mercancías o prestar servicios Halal en los Estados de mayoría musulmana en los que se encuentran estas entidades de acreditación Halal.

Por ejemplo, si un productor español quiere vender en Malasia carne de bovino –producto Halal estrella de España, con un incremento en las ventas del 90% entre 2012 y 2014-, necesita que su mercancía llegue al país certificada por una entidad que cuente con la acreditación que concede JAKIM. Esa certificación garantiza que los artículos han sido producidos y etiquetados conforme a la normativa Halal vigente en el territorio malasio.

Cómo lograr la certificación

Para lograr este certificado, las empresas interesadas deben dirigirse a una entidad de certificación Halal acreditada, que somete a la compañía a dos auditorías para garantizar que cumple con los estándares Halal desarrollados por las entidades de acreditación Halal. La primera de esas auditorías es documental, consiste en una revisión sobre el papel de las cuestiones relativas al proceso productivo.

La segunda es una visita de los auditores de la entidad de certificación Halal acreditada a las instalaciones de la compañía. Ya sea un matadero, una fábrica de productos lácteos, dulces o cremas para la piel, los auditores comprueban, entre otras cosas, que el sacrificio ritual se efectúa correctamente (en el caso de los mataderos) y que en el proceso de producción no se utilizan determinados insumos o materias primas y no existen líneas de producción mixtas, para evitar contaminaciones cruzadas. Si la empresa cumple, es decir, si el proceso de producción de la misma respeta los estándares Halal de las entidades de acreditación Halal, la entidad de certificación Halal acreditada le expide el certificado y ya puede empezar a producir, etiquetar y exportar a estos países de mayoría musulmana que cuentan con entidad de acreditación Halal. De lo contrario, no podrá hacerlo y perderá la oportunidad de beneficiarse de este mercado en crecimiento.

El proceso es muy riguroso en sus condiciones, que no siempre son las mismas para cada país. Por ejemplo, la entidad indonesia de acreditación (MUI) exige la presencia en los mataderos de un supervisor externo que verifique que el sacrificio ritual se ha hecho correctamente. Malasia, por su parte, prohíbe la presencia de explotaciones de cerdo en cinco kilómetros alrededor de los mataderos para prevenir así una posible contaminación cruzada. Arabia Saudí e Irán envían inspectores propios a revisar los centros de producción una vez las empresas han obtenido la certificación Halal.

La ventaja española

Las empresas españolas aspirantes a entrar en el mercado Halal tienen una ventaja: la existencia de pocas entidades de certificación Halal en relación con otros países. Francia, por ejemplo, cuenta con más de 30 entidades, pero ninguna de ellas aglutina todas las acreditaciones Halal existentes, lo que obliga a las compañías a tener que obtener varias certificaciones, con el sobrecoste que ello conlleva, para poder exportar a todos y cada uno de los países islámicos.

En España operan varias entidades de certificación Halal, como Halal Food & Quality o el Instituto Halal. Por el momento, sólo ésta última, con sede en Córdoba, dispone de todas las acreditaciones Halal existentes, lo que la convierte en la única entidad de certificación Halal española capaz de emitir una certificación válida para exportar a todo el mundo islámico, con los ahorros de tiempo y dinero que ello conlleva para las empresas.

Las oportunidades que ofrece el mercado Halal son infinitas, a juzgar por las previsiones: según Thomson Reuters, se espera que el gasto en productos y servicios Halal crezca hasta los 3 billones de dólares en 2021.Estos datos dan idea de la gran oportunidad de negocio –y, por consiguiente, de creación de empleo- que para España supone el mercado Halal. Corresponde a las empresas decidir si les conviene lanzarse a esta aventura.

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